El gobierno venezolano nos demuestra que hay imperios buenos e imperios malos
Desde hace algún tiempo tenía la impresión de que la comida típica venezolana ya no era el pabellón y estaba dudando si el lugar de tan suculento plato lo había tomado la pizza o la comida china. La visita del Presidente chino a nuestro país me hizo dar cuenta de que la lumpia, el arroz frito con pollo y camarones, y el pollo agridulce, es el nuevo plato nacional.
Me encanta la comida china, siempre me ha gustado; pero sentir que ahora los chinos son mis dueños (dueños de mi país, principalmente), no es algo que me agrade mucho. Es difícil imaginar la cantidad de dinero que Venezuela le debe a China y si hay algo que no quiero saber es cómo los chinos nos van a cobrar esa deuda.
Tanta habladera de gamelote sobre no ser nunca súbditos de ningún imperio, solamente para cambiar un imperio por otro, porque sí, mis estimados lectores chavistas, China es un imperio donde se aplica un voraz capitalismo. El gobierno venezolano nos demuestra que hay imperios buenos e imperios malos, un capitalismo despreciable y otro aceptable.
Ahora que vamos a pasar a ser una dependencia de China en Suramérica, en las escuelas deberían enseñarnos mandarín, además de Kung Fu y a comer con palitos. También deberían planearse viajes escolares a La Gran Muralla China y a la Ciudad Prohibida, y, por supuesto, tendríamos que tener nuestro propio Chinatown.
Algo que hay que agradecerles a los chinos, es el desalojo de la Torre de David y del Sambil de la Candelaria. ¿Ven? El nuevo gobierno ordena y los subalternos obedecen. Yo ya me puse a aprender el himno de mi nuevo país: «¡Levantaos, los que rehúsan la esclavitud! Con nuestra carne y sangre, alcemos una nueva Gran Muralla».
@andy_schmucke











