Ciudad en tinieblas
marzo 2, 2013 12:27 pm

Después de las 6 y 30 de la tarde, cuando comienza a oscurecer, en la ciudad de Caracas se produce el momento más intenso de una suerte de éxodo colectivo. En el metro, en las busetas, y en el tráfico de las autopistas y avenidas hay una carrera contra el tiempo.

 

Hay prisa, todos quieren llegar a sus hogares lo más pronto posible. No hay una sirena que se escuche a distancia para advertir a la población que debe permanecer dentro de sus viviendas, como ocurre en tiempos de dictaduras militares o en situaciones de estado de sitio.

 

Al contrario, es una acción individual que al mismo tiempo genera una conducta colectiva que no está escrita en ninguna parte ni ha sido establecida en algún decreto gubernamental, pero que la mayoría de la población está dispuesta a acatar. El que vive en el barrio, los que deben ir a las poblaciones satélites de la gran ciudad o los que habitan las urbanizaciones de clase media. Todos por igual se apresuran por alcanzar el refugio resguardado por puertas de seguridad, rejas o cadenas en las que se han convertido sus respectivas moradas.

 

Cuando la ciudad está en tinieblas, se escucha el sonido seco de un disparo, de una ráfaga de metralleta. Unos segundos después alguno que grita: ¡alguien acaba de morir! Pensamos e intentamos recobrar el sueño. El episodio no es exclusivo de un municipio. Se produce en los bloques de Caricuao o en la silenciosa urbanización de Los Chorros. Mañana los partes del forense, filtrados discretamente a los acuciosos reporteros de la fuente policial, nos indicarán quiénes perdieron la vida esa noche.

 

Nicolás Maduro, en funciones presidenciales, intenta atribuir el drama al mal ejemplo de los videojuegos y al demonio capitalista. Olvida los 6.500 motorizados y colectivos que operan en Caracas que han sido armados por el mismo Gobierno, depositando en ellos el control de las barriadas para “defensa de la revolución”.

 

Manejando un lenguaje bélico, militarista y de exterminio, desde el Gobierno han construido un monstruo que difícilmente podrán controlar cuando esos grupos se sientan amenazados.

 

Les han dado armas, redes de comunicación, vehículos, motos y hasta sistemas de seguridad para resguardar los búnkers construidos en lugares inaccesibles para las autoridades.

 

Colocan alcabalas, mantienen a raya a la policía y cuando lo requieren bajan a las ciudades a proveerse de dinero mediante el asalto, el secuestro o la venta de drogas.

 

Con desparpajo Maduro los llama a que sean buenos, a que no maten, a que no asalten. Las cifras nos indican 70 asesinatos por cada 100 mil habitantes, una de las más altas del mundo. Nada nuevo que ya no nos hubiese dicho el presidente desaparecido.

Francisco Olivares

Twitter: @folivares10