Para validar mi firma, primero (sin lograrlo), estuve casi 8 horas en La Boyera, sitio único, seleccionado por los que tenían la “vergüenza verde” para los mirandinos
Este gobierno ya no tiene la más mínima vergüenza y sus “ejecutivas” del CNE, como decía mi madre, (Q.E.P.D.) “tenían la vergüenza verde, los burros creyeron que era pasto y se la comieron”. ¿Qué hacer? Por su parte, el psiquiatra, que jamás creyó llegar a poseer tanto poder, dinero y prebendas, vive de sueños, mentiras y fantasías. Lo que nos rodea es francamente terrorífico. El entorno es cada vez más hostil y vergonzoso. La gente del oficialismo sufre de “ceguera selectiva”, enfermedad, que implica vivir de espaldas a la realidad. Puede implicar una grave patología psiquiátrica. ¿Tendrá un diagnóstico grave? No me corresponde hacerlo. Quiero contar que para cumplir y lograr un derecho constitucional, se atropella al ciudadano.
Para validar mi firma, primero (sin lograrlo), estuve casi 8 horas en La Boyera, sitio único, seleccionado por los que tenían la “vergüenza verde” para los mirandinos. Sabían que en Miranda no solo no queremos al Presidente, sino que soñamos revocarlo. Cuando me faltaban dos personas para validar la firma, llegaron las 4 de la tarde. El funcionario del CNE dijo que no se podía seguir. Supuestamente, le quitaron la electricidad a las máquinas (eran solo 2, una para la tercera edad, y otra para los jóvenes). No pudimos hablar. Hubo un chantaje: “Si protestamos, nos anulan el proceso”. Salimos, diciendo a coro: “Queremos validar”.
Luego, ya en la calle, con miles de personas que coreaban: “Tienen miedo”, tomamos la decisión de ir al día siguiente a uno de los pueblos de Miranda a validar las firmas. Nos fuimos. Varias personas tuvimos la suerte de no conseguir cola en la carretera, un poco de lluvia. El verdor del camino, la belleza de nuestro país, siempre nos hace más amable este desastre que vivimos. Al llegar a San José de Río Chico, pudimos validar las firmas. Una cola decente, y que rápidamente se movió, nos colocó en un pequeño cuarto. El amigo de los ciudadanos nos pidió, por favor, que no habláramos mucho. Se pueden imaginar mi mirada. De inmediato aclaró: “No quiero quitarles la libertad de expresión. Las chicas que manejan las máquinas se quejan de que las voces de las personas las desconcentran. Hablen bajito, por favor”.
Y, a pesar de los pesares, logramos el objetivo: validamos la firma. Una vez más, no pueden con nosotros, serán revocados este año. ¡Seguramente saldrán por la puerta trasera de la historia!
Gloria Cuenca
@EditorialGloria











