2014 Se ha agravado el ya agudo caos de nuestras ciudades

2014 Se ha agravado el ya agudo caos de nuestras ciudades

En 2014 se acentuó la secuencia de calamidades que desde 1999 vive Venezuela: el año cerró con indicadores negativos en todos los órdenes, desde el macroeconómico hasta el social, batiendo de nuevo récords en lo atinente a inseguridad; ya se anuncia que en 2015 no se cumplirán las Metas del Milenio. La pomposamente bautizada Gran Misión Vivienda Venezuela ha demostrado ser, como aquí se dijo en 2011, en el mismo momento en que fue lanzada, un fraude anunciado: durante el año que acaba de terminar las propias cifras oficiales revelan que con dificultad se ha construido poco más de 1/4 de las 400 mil viviendas prometidas. Sumado a los fiascos anteriores, resulta que desde el inicio del programa, contando la inverificable producción del llamado poder popular, se han entregado menos de 700 mil unidades (una media de 165 mil unidades por año): para alcanzar los 3 millones prometidos para 2019 se debería producir un promedio de 460 mil por año en el próximo quinquenio, que, en lo previsible, será de precios petroleros demediados, recesión económica, escasez y alta inflación.

 

No era difícil pronosticar el fracaso en 2011: el promedio de viviendas construidas en los primeros 12 años de la sedicente revolución alcanzaba apenas los 2/3 de lo logrado por la república civil en los últimos 30; la estatización de las industrias productoras de insumos clave para la construcción, en particular acero y cemento, desembocó en la dramática reducción de su rendimiento; una absurda persecución al sector privado de la construcción llevó a su desmantelamiento y la fuga de cerebros. Pero por encima de todo flotaba el hecho de que tan ambiciosa oferta no estaba respaldada por plan alguno, lo que terminó por convertir a esa Misión, que en paralelo dejaba de lado el principal problema de las ciudades venezolanas: la imparable expansión de la ciudad informal, en una auténtica radiografía del llamado Socialismo del siglo XXI.

 

Esa suma de dislates e improvisación no ha hecho otra cosa que agravar el ya agudo caos de nuestras ciudades; para redondear, presenciamos la lluvia de disparatadas «soluciones viales» del Ministerio del Transporte Terrestre y la súbita liquidación del Ministerio del Ambiente: un año que nuestras ciudades recordarán como uno de los más funestos.

 

@marconegron / marco.negron@gmail.com

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