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El régimen antidemocrático de Nicolás Maduro destruyó la economía y el sistema de salud

Posted on: abril 30th, 2020 by Laura Espinoza No Comments

 

Si uno les preguntara a personas alrededor del mundo: “¿Estaría dispuesto a seguir pautas estrictas de distanciamiento social durante un año si no estuviéramos viviendo una pandemia?” La respuesta obvia sería no. En todo el mundo, la vida tal como la conocemos se ha paralizado para salvar la vida de millones. Venezuela no es una excepción, la diferencia es que ha estado experimentando esta situación durante años. En el caso de Venezuela, sin embargo, la causa no es un patógeno, sino un dictador.

 

 

El régimen de Nicolás Maduro ha sometido progresivamente a Venezuela a un gobierno cada vez más irracional y antidemocrático, obligando a sus ciudadanos a una forma extrema de distanciamiento social en sus medios de vida al negarles los derechos de reunión y protesta, y privándolos del acceso a la educación, viajes, y redes comerciales que personas de otras naciones a menudo dan por sentado.

 

 

Al aislar por la fuerza a los venezolanos, las políticas de Maduro, que han llevado a una economía colapsada y a un sistema de atención médica agotado, están diseñadas para suprimir las libertades de los venezolanos para permitir que su régimen se mantenga en el poder. Esto ha llevado a una emigración masiva de aproximadamente el 17% de la población del país. Al menos 5 millones de personas han abandonado el país, un éxodo en segundo lugar solo después de la crisis de refugiados sirios. Se estima que alrededor de 1 millón de niños se han quedado atrás, separando familias en todos los continentes.

 

 

En 2014, los ciudadanos salieron a las calles para protestar por una tragedia en ciernes. Muchos venezolanos fueron arrestados por razones políticas, incluido Leopoldo López, el líder de mi partido, Voluntad Popular. Me acusaron en el mismo caso que él, lo que me obligó a pasar a la clandestinidad durante 108 días y luego al exilio, manteniéndome alejado de mi familia, mi grupo y mi gente.

 

 

El liderazgo de nuestro partido fue perseguido. Algunos fueron encarcelados, otros exiliados, forzados a esconderse u obligados a buscar asilo en embajadas extranjeras. Hemos tenido que reinventarnos en los últimos seis años. Nuestras reuniones, incluso con líderes locales, ahora son virtuales. Esta experiencia también se ha convertido en la nueva normalidad para otros partidos políticos y la Asamblea Nacional. Según un informe de la asamblea, más de 30 diputados han sido exiliados y cinco están actualmente detenidos.

 

 

La persecución del régimen no se ha limitado al liderazgo de la oposición, sino que también se ha extendido a toda la sociedad. Periodistas, jueces, estudiantes e incluso personal de primera línea han sido perseguidos simplemente por expresar su justa opinión. De hecho, en Venezuela hay actualmente más de 300 presos políticos que son sometidos a un trato cruel e inhumano y se les prohíbe ver el sol o hablar con sus familias.

 

 

Mis colegas y yo nos hemos visto obligados a trabajar de forma remota durante años. De hecho, los actores políticos en nuestro movimiento han tenido que unirse para liderar una pelea sin mirarse a los ojos.

 

 

En un país con las peores conexiones a Internet en la región y donde los cortes de energía son comunes, podemos comunicarnos de manera intermitente solo a través de Zoom, Skype y otras herramientas en línea para comunicaciones grupales. Hemos tenido que tomar decisiones complejas virtualmente, incluida la decisión de juramentar a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela en 2019.

 

 

El aislamiento forzado de los venezolanos por un régimen antidemocrático también ha producido efectos visibles en la esfera económica. Las políticas que incluyen expropiaciones ilegales que violan las leyes de propiedad privada han paralizado la economía. La producción de petróleo se desplomó de 3.2 millones de barriles por día en 2008 a menos de 700 mil por día en 2020. La escasez de bienes y servicios está aumentando. Entre 2013 y 2019, el producto interno bruto de Venezuela se redujo a la mitad, una reducción peor que la que sufrieron Estados Unidos y España durante la Gran Depresión y la Guerra Civil española, respectivamente.

 

 

Para muchos, quedarse en casa ha sido la única opción disponible por un tiempo, dada la escasez de empleos en el país. Las empresas privadas casi han desaparecido. Este nivel de destrucción económica hasta ahora no se ha visto en los países actualmente afectados por la pandemia de coronavirus.

 

 

El aislamiento y el colapso económico de Venezuela también se ha manifestado en el sistema educativo. Al comienzo del año escolar 2019-2020, la tasa de deserción escolar fue del 87%. Los padres no envían a sus hijos a la escuela porque no pueden alimentarlos, muchos con frecuencia se desmayan en clase, o porque las escuelas han cerrado. La crisis ha resultado en un éxodo masivo de maestros. Un maestro informó haber sobrevivido con agua y azúcar durante dos días antes de colapsar.

 

 

El país ha estado recluido en un régimen de incomunicación. El sector de las aerolíneas en Venezuela se contrajo en un 75% de 2013 a 2019, aislando aún más a los venezolanos del mundo. A nivel nacional, a pesar de tener las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, el gobierno de Maduro ha cerrado casi por completo todas las refinerías existentes en Venezuela. Sin embargo, el régimen continúa enviando petróleo subsidiado a Cuba.

 

 

El sistema de salud del país se estaba deteriorando rápidamente, incluso antes de la pandemia. Y Venezuela tiene la tasa de homicidios más alta del continente, con 60 muertes por cada 100,000 habitantes. En nuestro país, el miedo establece un toque de queda permanente.

 

 

En resumen, el aislamiento en Venezuela solo ha aumentado durante esta pandemia. Actualmente enfrentamos dos plagas: la dictadura de Maduro y el coronavirus. Ambos deben ser combatidos con urgencia y simultáneamente. Superarlos solo será posible con una cooperación sólida y asistencia financiera internacional, y esto solo será factible si el país establece un Gobierno Nacional de Emergencia que implemente un plan que conduzca a una transición democrática creíble y verificable.

 

 

La comunidad internacional debe reafirmar su compromiso de apoyar al pueblo de Venezuela en esta lucha para poner fin al aislamiento devastador y antidemocrático que ha llevado a la pobreza y la tragedia.

 

En Venezuela, la normalidad no volverá cuando se contenga la pandemia; solo vendrá con libertad.

 

 

Carlos Vecchio

@carlosvecchio

La última vez que vi a Leopoldo

Posted on: febrero 16th, 2016 by Laura Espinoza No Comments

Leopoldo López está preso para que Venezuela y el mundo conozcan el régimen que sufrimos

 

Siguen vivos en mi mente y alma aquellos días convulsionados de febrero de 2014. Muchos sentimientos y emociones que aun sacuden mi mente.

 

 

Uno de esos episodios fue mi encuentro con Leopoldo en su corta clandestinidad. Tuve la responsabilidad (diría el privilegio) de ser la única persona en visitarlo para conversar sobre la cita que nos tenía guardado el destino y que aún desconocíamos. Durante esos días la persecución de los cuerpos de seguridad del Estado contra Leopoldo, miembros del partido y mi persona se había acentuado. Recuerdo haberle dicho a mi esposa, Vicky, embarazada para el momento, que nos resguardáramos en un sitio distinto a nuestro hogar. Desde esa fecha no hemos podido regresar a casa.

 

 

Ese día, 15 de febrero, recuerdo haber llegado a una casa de manera oculta. De allí pasé a la parte trasera de otro carro. Llegamos al estacionamiento de un centro comercial para cambiarme a otro vehículo y así cuidar todos los detalles de seguridad. No era una película. Nos perseguían de verdad y dispuestos a todo contra nosotros. Luego de ese largo recorrido, finalmente puede llegar al sitio donde se encontraba Leopoldo.

 

 

Nos dimos un abrazo de hermanos. Leopoldo estaba sereno. Tranquilo consigo mismo ya que no había cometido ningún delito de los que pretendían imputarle. Pero al propio tiempo, Leopoldo estaba claro del papel que le tocaba jugar frente al país. Sabía claramente que estábamos, quizás, en el episodio más difícil de nuestras vidas políticas hasta el momento.

 

 

Conversamos largo rato y luego llegó el momento más difícil cuando le dije: “Leo, nos toca repasar los escenarios que ya habíamos evaluados”. Debo confesar que no hay nada más difícil que tomar una decisión, ya no sobre escenarios posibles sino sobre un evento cierto que te afecta directamente, y en ese caso la libertad personal.

 

 

El primer escenario tenia que ver con dejar el país. En ese momento Leopoldo fue muy claro y tajante conmigo: “Carlos, ese no. Olvídalo. Dale al siguiente”. El segundo escenario era mantenerse en la clandestinidad. Discutimos un rato y llegamos a la conclusión que era un riesgo para su vida, ya que podía ser asesinado puesto que el gobierno pondría todo su esfuerzo para encontrarlo. Y si no asesinarlo, al menos capturarlo y “sembrarle” objetos para pretender atribuírselos y así desprestigiar su lucha.

 

 

Finalmente, llegamos al último escenario: su presentación a la justicia injusta. En ese momento, Leopoldo con mucha firmeza me dijo: “Carlos, somos millones en esta lucha por una mejor Venezuela. No puedo dejarlos. Si esto es lo que me tocó, tengo la obligación moral de asumirlo por el despertar de nuestro pueblo. Que Venezuela y el mundo terminen de conocer el régimen que venimos sufriendo”.

 

 

Ese mismo día le comuniqué los detalles que habíamos planificado para su presentación el 18 de febrero. Allí conversamos sobre grabar el video que posteriormente saldría por redes sociales, y a través del cual convocamos a la manifestación de ese día, una fecha que para ese momento no sabíamos que cambiaría nuestras vidas para siempre.

 

 

Me despedí de Leopoldo nuevamente con fuerte abrazo de hermano. Estaba tranquilo con la decisión que habíamos tomado, pero sin duda ya comenzaba a reflejar su rostro el camino que venía. Me pidió que hablara con su familia, que les explicara lo que íbamos hacer. Siempre los tenía en su mente. Quería darles tranquilidad y buscaba en ellos el apoyo que siempre le han brindado ya que eso lo llenaba de paz. Esa fue la última vez que vi a Leopoldo.

 

 

Al salir el video por redes sociales convocando para el 18 de febrero a una gran manifestación, el gobierno desató toda una persecución contra todos nosotros, que con las horas se hacia mas ruda y fuerte. Recuerdo que el 17 de febrero tuvimos que resistir en la sede del partido tres ataques violentos de grupos armados de cuerpos de seguridad del Estado, quienes trataron de capturarme con un despliegue militar y policial sin precedentes.

 

 

El 17 de febrero me vi obligado a esconderme para evitar que me capturaran. Permanecí poco más de tres meses en la clandestinidad en Venezuela mientras ejecutábamos las acciones. Recibí todo tipo de amenazas no solo contra mi persona sino contra mi familia. Luego de una larga discusión con mi partido, decidimos que me tocaba jugar un rol internacional para denunciar lo que estaba pasando en Venezuela. Que no hacíamos nada los dos presos. Que mi rol era más útil en el exterior. Que cada uno tenía un rol. Leopoldo uno, y yo otro. Nada fácil la decisión de dejar a mi país. Sólo puedo decir que si Leopoldo está preso físicamente, en mi caso, estar en el exilio es estar preso del alma.

 

 

La próxima vez que vea a Leopoldo estaremos libres nuevamente. No solo nosotros, sino todo nuestro pueblo. Nacimos para vivir y morir libres en nuestra tierra.

 

 

Carlos Vecchio es abogado, coordinador político nacional de Voluntad Popular. Twitter @carlosvecchio

El País

 

 

 

Latinoamérica, tres procesos. ¿Cuántos líderes?

Posted on: octubre 1st, 2015 by Laura Espinoza No Comments

La región aún no entiende que el conflicto venezolano puede ser mayor de seguir el cauce actual

Actualmente se está dando en Latinoamérica (LA) tres procesos que marcarán el destino de la región en las próximas décadas. Pareciera que no nos hemos dado cuenta de la trascendencia de ello, a juzgar por el liderazgo Latinoamericano, salvo muy pocas excepciones.

 

 

En primer lugar, tenemos el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos. Un acercamiento necesario pero no suficiente. LA hasta ahora se han dedicado a aplaudirlo como un espectador más sin percatarse que deben convertirse en actor de primera línea. No debe quedar entre Estados Unidos y Cuba. LA tiene una voz y, a nuestro modo de ver, una deuda moral con el pueblo cubano. Hasta ahora todos piden levantar el embargo. Pero nadie se atreve a pedirle a Raúl que levante la dictadura. El problema no es el embargo, es la dictadura cubana que ha acabado con generaciones. Cada quien puede decirlo con el estilo y la diplomacia debida. Pero hay que decirlo. El gran reto es la democratización del pueblo de Cuba. Estados Unidos no debe quedar solo en esta cruzada.

 

 

El problema no es el embargo, es la dictadura cubana que ha acabado con generaciones

 
El segundo es el proceso de paz en Colombia. Un conflicto que lleva 60 años y que ha cobrado la vida de más de 200 mil personas y cerca de 7 millones de afectados. Con una dimensión del narcotráfico que ha llevado a la región a sentir el impacto de la droga y cuyo efecto se expande cual tsunami al resto del mundo. Ni hablar de su penetración en instituciones del Estado.

 
Ha habido avances importantes en este proceso. El Presidente Santos ha pedido el apoyo internacional. Para que ese acuerdo sea duradero va a requerir el consenso de los colombianos, el entendimiento de su verdadero alcance, la aprobación por su pueblo y sobre todo mecanismos nacionales e internacionales que garanticen su ejecución. Por otra parte, el reciente conflicto fronterizo con Venezuela desnuda con nitidez que es difícil alcanzar la paz duradera en Colombia sin democracia en Venezuela. Y este es un elemento esencial para blindar ese proceso de paz. ¿Qué pasaría si un grupo de esos guerrilleros no acepta los términos y sigue protegido en Venezuela y desde allí continua con la lucha armada y el tráfico de droga? ¿Hasta cuándo duraría la paz? Ya sabemos de lo que es capaz Maduro para mantenerse en el poder.

 

 

El reciente conflicto fronterizo con Venezuela desnuda con nitidez que es difícil alcanzar la paz duradera en Colombia sin democracia en Venezuela
El tercer proceso es la lucha por el rescate de la convivencia democrática en Venezuela. Es lo que hemos denominando el proceso de paz venezolano. Hay que verlo en esa dimensión. A este último pareciera que la región no lo ve con tal alcance. Pero luego de 17 años de “revolución”, tenemos un país con la inflación más alta del mundo, una escasez sin precedentes, el peor desempeño económico de la región, uno de los más violentos del mundo, la pobreza creciendo, cerca de un millón 600 mil venezolanos desplazados en busca de oportunidades en otros países, y un régimen que interviene en la política de otros países, incluyendo España. De mantenerse el conflicto, las consecuencias serán impredecibles y generaría una inestabilidad política en la región.

 

 

Estamos a escasos 70 días de llevar a cabo un proceso electoral (elecciones parlamentarias) que pudiera marcar el inicio para el reencuentro de los venezolanos para construir la salida a la crisis. Ahora bien, todos los mensajes que da el régimen de Maduro apuntan a sabotear el proceso y profundizar el conflicto ya que todas las encuestas dan ampliamente ganadora a la oposición.

 

 

Desde que fuese convocado el evento electoral, el régimen de Maduro ha impedido a 10 opositores participar como candidatos

 
Desde que fuese convocado el evento electoral, el régimen de Maduro ha impedido a 10 opositores participar como candidatos, ha sentenciado a Leopoldo López a 14 años y mantiene detenido a los alcaldes Antonio Ledezma y a Daniel Ceballos, entre otros presos políticos. Además, ha utilizado al poder judicial para intervenir a dos partidos políticos de la oposición, para desmontar la alianza unitaria de la oposición y para generar confusión en el tarjetón electoral. Asimismo, ha dictado Estados de Excepción (restricción de derechos políticos y militarización) en estados fronterizos que pudiera afectar cerca de 38 diputados a elegir, todo lo cual perturba el escenario electoral. No ha aceptado la observación internacional calificada de la OEA y la UE.

 

 

Hoy podemos decir que hay una alerta roja en el tablero. LA aún no entiende que el conflicto venezolano puede ser mayor de seguir el cauce actual; que ese proceso de paz también requiere apoyo internacional firme y decidido; y que la firma de ese proceso pudiera comenzar el 6 de diciembre, fecha de las elecciones.

 

 

Es fundamental que los latinoamericanos demos el ejemplo al resto del mundo de que nosotros, y entre nosotros, somos capaces de resolver pacífica y satisfactoriamente los desafíos que se nos presentan

 
Todo indica que LA no va a vivir el crecimiento económico que tuvo en la última década, por lo que podría haber ajustes que generen conflictividad política y social. De allí la importancia de resolver positivamente los procesos señalados. El liderazgo latinoamericano frente a esos 3 procesos pareciera no haberlos asumido en su dimensión histórica. Luce débil, acomodaticio y lleno de intereses; ajenos a los principios. Muchos de ellos debilitados por sus propios conflictos internos, en particular de corrupción.

 

 

Es fundamental que los latinoamericanos demos el ejemplo al resto del mundo de que nosotros, y entre nosotros, somos capaces de resolver pacífica y satisfactoriamente los desafíos que se nos presentan.

 

 

* Carlos Vecchio es abogado, coordinador político nacional de Voluntad Popular. Twitter @carlosvecchio

Más vale un barril de DD.HH

Posted on: diciembre 6th, 2014 by Laura Espinoza No Comments

Han pasado 10 meses desde que tuvo lugar el inicio de las protestas en Venezuela debido a la profunda crisis política, social y económica que vivía el país. Venezuela había culminado el 2013 teniendo la inflación más alta del mundo, el año más violento de su historia, una escasez de productos jamás vista y una restricción de libertades al extremo.
El régimen de Nicolás Maduro reaccionó con una brutal represión y una persecución sin precedentes: 43 fallecidos impunemente, más de 3.000 detenciones arbitrarias y alrededor de 150 casos de tortura denunciados. El líder nacional Leopoldo López se encuentra preso y la diputada María Corina fue removida ilegalmente de su cargo y tiene prohibición de salida del país. Del mismo modo hay diversos activistas perseguidos y exiliados. El mensaje de terror fue: “Si protestas, mira lo que te puede pasar”.

 
Diez meses después, el escenario es mucho peor: 80% de la población evalúa negativamente la situación del país. La popularidad de Maduro se vino al piso al caer por más de 20 puntos y ubicarse solo en el 24 %. Este año nuevamente terminaremos con la inflación más alta del mundo, con mayor escasez (no hay papel toilette, jabón, acetaminofén etc.), mucha más violencia y menos libertades. En otras palabras, la crisis es mucho más profunda. A lo anterior se suma un elemento que es determinante: la falta de liderazgo político de Maduro para conducir la crisis y la fractura interna del partido oficial.

 
Maduro ha optado por seguir el guion cubano. Pretende silenciar las voces del cambio en Venezuela con esas herramientas. Son lo único que no escasea. Todo esto ha conllevado a violaciones graves a los derechos humanos como lo ratifica el informe CAT emitido por el Comité contra la Tortura de la ONU.

 
Durante estos meses hemos visto cómo jóvenes estudiantes aún permanecen detenidos en cárceles comunes de alta peligrosidad y son torturados con prácticas que pensábamos habían desaparecido. Tal es el caso de los jóvenes Alexander Tirado y Raúl Baduel, quienes han sido golpeados severamente hasta fracturarlos, uno de ellos presenta los genitales quemados. Tenemos también el caso de venezolanos que por tan solo tuitear están hoy tras las rejas. Sin olvidar el caso del activista Gilberto Sojo, quien fue detenido sin orden judicial con su esposa, Carolina González, y su hija de 3 años, o la imputación contra María Corina Machado por conspiración sin la debida presentación judicial de pruebas.

 
Uno de los casos más emblemáticos es el de Leopoldo López, a quien mantienen aislado. No se le permiten visitas. Solo pueden entrar sus abogados bajo vigilancia y se limita la asistencia de sus familiares. No conforme con ello se le ha lanzado excremento y orina en su celda. Todos los organismos de derechos humanos, la ONU, presidentes y ex presidentes del mundo han hecho un llamado para que sea liberado, ya que se trata de un preso de conciencia.
Todas esas violaciones graves ocurren frente a los ojos de la comunidad internacional y de nuestros hermanos latinoamericanos. Si bien el problema de Venezuela será resuelto por los venezolanos, es imprescindible que la comunidad internacional sirva de apoyo y presione para detener los atropellos del poder. Si no es así, nos preguntamos: ¿Para que sirven organizaciones como Unasur y Mercosur? Los demócratas del mundo no pueden mantenerse ciegos frente a estas violaciones. Más vale un barril de derechos humanos que un barril de petróleo. Va este llamado para nuestros hermanos latinoamericanos: es hora de hablar, no de callar.

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