Política para escépticos

Posted on: junio 10th, 2024 by Super Confirmado No Comments

Quizás, a esta disertación no la caracteriza la originalidad. Tampoco, la singularidad que acompaña una disertación que denote alguna diferencia que la distinga de otro abordaje temático desarrollado con base en la misma preocupación. Por tanto, este exordio descansa en algunas razones cognitivas que podrían validar la intención de esta disertación. Desde luego, no cabe duda de que la misma está mediada por la honestidad intelectual, la pedagogía de la vida y la paciencia que implica educar.

 

La política por dentro

 

Hablar sobre política, a manera de justificar su esencia en la brevedad de algunas líneas, transita por el replanteo del concepto de “política”. Pues si bien, su explicación ha ocupado la vida entera de eximios filósofos, sociólogos, epistemólogos y teóricos de la política, igualmente ha llenado gruesos libros y páginas de variados compromisos editoriales, lo cual da cuenta del tenor de su importancia.

 

El estudio de la política discurre desde tiempos de la Grecia Clásica. Eruditos de la talla intelectual de Platón, Aristóteles, Sócrates, entre otros, vivieron para la política. Asimismo, personajes como Thomas Hobbes, John Locke, Jean Jacques Rousseau, Nicolás Maquiavelo, Monstesquieau, Voltaire, Júrgen Habermas, Max Weber, GianFranco Pasquino, Maurice Duverger, Giovanni Sartori, Hannah Arendt, Carl Shmitt, Norberto Bobbio, Fernando Savater, procuraron lo mismo. A pesar de las distintas realidades vividas.

 

Del desconocimiento de la política

 

El desconocimiento de la significación de la política, dada las implicaciones y relaciones que comprometen su dimensión cognoscitiva ante las realidades más desnudas posibles, es abismal. Es justo el problema que esta disertación quiere resolver. Más, cuando hay operadores y activistas de ideologías políticas que trajinan sobre el terreno de la política sin saber exactamente que es el sembrado en tanto que medio sobre el cual posan sus pisadas.

 

Las realidades que viven estos “politiqueros de ocasión”, contrarían la poética de Antonio Machado. Ellos, lejos de actuar como el caminante “(…) que hace camino al andar (…)”, en verdad es que no hace ningún camino al andar. Sus pisadas no demarcan el camino cuando avanza. Paradójicamente, los personajes de marras son caminantes que no caminan. Por tanto, no dejan las huellas que habrían marcado las sendas que bien podrían hablar de su paso por la vida. Machado tuvo razón al escribir “(…) caminante no hay camino, sino estelas en la mar”.

 

Implicaciones del escepticismo

 

Aquello que dice que “se piensa como se vive”, más no al revés, califica la política. Más, porque la política determina la vida en toda su extensión. Fue lo que indujo a Aristóteles a inferir que el “hombre es un animal político” ya que todo lo decide la política. Principalmente, toda vez que la política atraviesa emociones. Incluso, cruza razones. Pero aún así, cuán difícil resulta convencer a un escéptico “de oficio”, que la política es la vida misma.

 

Un escéptico, apático o indiferente. Incrédulo por la desconfianza que lo embarga. Tal vez su condición raya con la de “inculto”. Sobre todo, cuando la ignorancia lo acoge en su regazo. O que la testarudez funge como un instrumento del cual se aprovecha la ignorancia para prenderse de la soberbia y así justificar la incapacidad que azora al escéptico para que somatice la obstinación que consume la cordura que naturalmente puede poseer. Aunque en mínima proporción.

 

Pero tan displicente individuo o flemático escéptico, se resiste a aceptar cualquier consideración que intente demostrar la coherencia que detenta la política toda vez que puede reconocerse como el ámbito de vida definido por el grado de necesidad y nivel de interés cuando por naturaleza humana se procuran conciliar razones con circunstancias. O, determinaciones con obligaciones y actitudes con aptitudes.

 

De manera que no se trata si la política cae bien en las primeras de cambios, o no. O sea, si su aplicación gusta, o no. Cae bien, o no. Si se corresponde con expectativas propias, o no. Si calza con las intenciones que trazan propuestas personales, o no. O, con las apuestas que apuntan a dirimir un objetivo deseado o esperado, o no.

 

La Política es la realidad

 

La ruta que enfrenta la comprensión, aceptación y reconocimiento de lo que la vida pueda sorprender al ser humano, obviamente es un evento dominado por la política. Por tanto, la política es la realidad misma sobre la cual descansa la sumatoria de los hechos que configuran la vida. Hasta el amor, tiene entera cabida en la acepción de política. Porque la vida es la continuidad infinita de cuantos hechos posibilitan las realidades. Debido a que actúa como factor conciliador de argumentos y expectativas.

 

Por donde se analice o se examine la vida, se encuentran condiciones que buscan dar con el arreglo necesario que involucra relaciones de interés o de necesidad. Por supuesto, ello es lo que sucede en el fragor de toda acción que redunde o no en favor de cualquier individuo que apueste por su situación. O que apueste a conquistar el ámbito de la vida que bien prefiera o elija.

 

Esto es un poco lo que esta disertación ha pretendido cuando, su prolegómeno planteó copar algunas líneas dirigidas a reconfortar un discurso que comprometa una disertación sobre cómo explicar política para escépticos.

 

Antonio José Monagas

 

Cuando la confusión interviene la política

Posted on: junio 3rd, 2024 by Super Confirmado No Comments

Generalmente, la confusión es propia del lenguaje. Al hablar, es posible asomar alguna equivocación proveniente de la fusión de ideas impulsada por el grado de emoción, tribulación o consternación. Casi siempre, causada por la premura que puede tenerse en virtud de las circunstancias imperantes.

No obstante, a juicio del escritor Henry Miller, “la confusión es una palabra que hemos inventado para un orden que no se entiende”

Aunque en política, la situación que incita la confusión responde a motivaciones o intereses algo ocultos. Por cierto, intereses alejados de cualquier perplejidad o desasosiego involuntario. En política, casi siempre, la confusión contempla alguna intencionalidad. Además, obediente de alguna predeterminación. Incluso, pensada con la alevosía dirigida a crear el enredo necesario que busca toda ambigüedad posible de inducir opacidad que muchas veces conviene al ejercicio del poder político.

En el fragor de la política

En política, muchas veces la confusión actúa estratégicamente como el recurso coyuntural, cuyo “provecho” enturbia la dirección hacia la cual se mueve la realidad esbozada o construida al amparo de las realidades existentes. Sin embargo, el ejercicio del poder disuade el hecho de reconocer que las circunstancias están siendo desviadas sin que ello pueda notarse a primera vista.

O peor aún, es ahí cuando la confusión se asocia con el miedo. Aunque dicen que la confusión supera al miedo. En todo caso, esa extraña asociación busca entumecer cualquier esfuerzo que haya pretendido alcanzar alguna acción virtuosa dirigida a imponerse sobre el problema. aludido. Configurado el mismo por la junta de la confusión con el miedo.

Tan mayúsculas son las consecuencias que dicho problema contrae, que obliga a la verdad a encogerse para que así pueda esconderse de cualquier crítica que devele la debilidad que por el momento arrastra. Sin embargo, ahí es cuando el aludido problema se arma del ímpetu preciso para demostrar el violento desespero que acompaña su forma. Para eso, se carga de la fuerza necesaria que imposibilita que las realidades puedan sacudirse los fardos de los cuales se desprende la verdad en su lucha por imponer sus condiciones.

El miedo jugando al cómplice

Pero al sumarse el miedo, la confusión gana el espacio que políticamente detenta como recurso estratégico. De ahí que la política, se sirve del poder que infunde la palabra para propagar el miedo que las confusiones inducen. Pero a pesar de la verdad que ronda la situación, la palabra se politiza pues su sintaxis la envuelve un círculo vicioso (mensaje circular).

Es precisamente lo que sucede, cuando cae abatida por la confusión al mezclarse con ideas oscuras cuya fusión impide reconocer o distinguir el fondo de las mismas. Entonces, el mensaje así elaborado, carece de especificidad al no permitir algún detalle mínimo que revele algo cerrándose en un vacío inculcado por la confusión dominante.

Son mensajes configurados a manera de círculos abiertos que quedan al libre albedrío del lector. Justamente, he ahí el problema que aviva la confusión con base en el desorden y en las imprecisiones contenidas.

Para concluir

Por eso en política, quien más confunde, dada algunas urdidas capacidades, es quien más ventajas se arroga con la intención de dominar y ganar el espacio que demanda el enfermizo afán de retener el poder o de anclase a él. Lo cual ocurre en conjugación con cuánta exclusión repugnante pretende disfrazar el camino del triunfalismo que presume atribuirse el gobernante o activista político envenenado de poder.

Ese problema anega el terreno en el cual el ejercicio de la política desliza propuestas de gestión gubernamental hacia el pasado o hacia un futuro incierto. Razón por la cual se traspasa el límite que separa el mundo concreto, de un mundo ilusorio, cínico, quimérico y engañoso. Radicado en el pensamiento caduco y egoísta de quienes, por mero reacomodo, ostentan el poder ocasional de la política. Y ocurre precisamente, cuando la confusión interviene la política.

 

Antonio José Monagas

 

¿Por qué miedo para debatir?

Posted on: mayo 20th, 2024 by Super Confirmado No Comments

El miedo es un sentimiento del que nadie escapa. Se dice que es más fuerte que el amor. Para el memorable filósofo neerlandés Baruch Spinoza, “no hay temor que esté desprovisto de alguna esperanza, y no hay esperanza que esté desprovista de algún temor”. Aunque también se dice que es un sufrimiento que produce la espera de un mal.

Seguramente, en la vida política esto es igualmente real y rigurosamente cierto. Tan cierto debe ser, que en muchos de quienes viven el oficio de la política hay miedo a la verdad, a la escasez y a la muerte. Asimismo, se dice cuando se alude a miembros de una sociedad que no terminan de vencer cada día una dificultad. Por el contrario, las acumula tanto que por ello se distorsiona la visión del horizonte confundiendo fortalezas con debilidades o amenazas con oportunidades.

Ante tan controvertido panorama, muchos manifiestan que quien vive sin vencer el miedo, sin haberse librado de él, hace que todo a su paso luzca revuelto y complicado, difícil y azaroso. Prácticamente, sin encontrar solución a los entuertos de la vida.

¿Donde reside la razón del problema?

Precisamente, es el problema que arropa a toda persona que disocia las realidades de las verdades en su fuero más exigente. Dicho de otra forma, es quien busca no descubrirse por cuanto oculta razones cuyas verdades son capaces de fustigarlo en su propia humanidad. Y como dice el dicho, “quien la debe, la teme”. Y si la teme, intenta esconderse. O a lo sumo, disfrazarse para aparentar que no ha “matado ni una mosca”.

Actuar bajo ese esquema de vida, significa atraparse en sus propias redes. En consecuencia, tiene miedo a enfrentarse a otros. A pesar de haberlo “cantado”. De tal modo que, para encubrirse de falacias, no da la cara públicamente. O sea, no habla más allá de lo que su apariencia permite disimular. O como decía Voltaire, filósofo e historiador francés, “el miedo acompaña al crimen y es su castigo”.

Por eso, estos personajes envueltos en traje de politiqueros, aunque admitan alguna complicación, no es difícil reconocer que, como dirigentes y funcionarios empoderados por enrarecidas circunstancias político-electorales, tienen un agudo temor de deliberar pues saben que en algún momento se les caerá el antifaz y no hay reloj cuya campanada de la media noche pueda salvarlo del repudio colectivo y de la condena ganada.

Ya se sabe entonces, por qué los mentados “enchufados” esquivan toda discusión posible. Podría deducirse, porque ponen en peligro sus rebuscados argumentos arriesgándose a quedar al descubierto públicamente. O el caso que muchos politiqueros y gobierneros arrugan ante la invitación a debatir sobre temas trascendentales para la vida de la nación, no se explica bajo la consideración arriba aludida.  Entonces, en tiempos de obvia y propia confrontación electoral, cabe preguntar ¿por qué miedo para debatir?

 

Antonio José Monagas

 

¿El ocaso de las ideologías?

Posted on: mayo 6th, 2024 by Super Confirmado No Comments

 

Sería un grave error histórico y político, más aún de sentido común, asumir que todas las ideologías habrán desaparecido del mapa político mundial. O del plano cultural, religioso, social y económico. O que las mismas se formularon con base en la nada. Aunque no hay duda que activistas y estudiosos de la política y de la intelectualidad, hombres y mujeres de pensamiento del mal llamado Tercer Mundo, se encuentran en una difícil e incómoda situación que los lleva a preguntarse en torno a dónde fueron a dar las ideologías que en los últimos siglos han dominado el devenir del planeta.

Aunque vale precisar que suelen existir diferencias al interior de las más extendidas. Obviamente, a consecuencia de que algunas tienden a refrendar eventos pasados o superados. Otras, que han buscado vincularse a situaciones presentes. Y las que han intentado reivindicar cambios sociales en beneficio de los más desfavorecidos. Incluso, las que plantean rupturas con determinaciones políticas pretéritas.

En fin, como toda ideología, las mismas presumen ajustar propuestas convenientes a las realidades observadas en función de sus particulares intereses y necesidades.

¿Cuál es el problema?

La historia política refiere que ideologías seguidas por países de la periferia económico-industrial, ostentan interpretaciones que rayan con remedos o calcos al detalle de ideologías instituidas en Europa.

El siglo decimonónico constituyó un escenario que políticamente sirvió para la aplicación de modelos o aparatos ideológicos que consiguieron enredar los problemas que, la singularidad de un terreno político propio de naciones subdesarrolladas, provocó. Fue así como emergieron tendencias anarquistas, revolucionarias, restaurativas, de las principales ideologías plagiadas.

Sin embargo, los eventos que mayormente determinaron los conflictos que caracterizaron el caos que definió el perfil de países situados en el hemisferio occidental del planeta, devinieron en acontecimientos marcados por conmocionadas situaciones que resultaron ser el foco de los problemas que caracterizaron el siglo XX.

Aún peor. Es casi la misma situación la que viene ocurriendo en lo que ha transcurrido del siglo XXI. Por esas mismas razones, es posible inferir que ni el socialismo, tampoco el capitalismo, han podido lidiar con las hondas diferencias que mantienen al hombre occidental maniatado y amordazado en virtud de su incapacidad para avanzar y despegarse de los reveses que signan las seguidas crisis que tienen azorados a esos países.

Otras causas

Si no hay problemas entre el Este y el Oeste, son entre el Norte y el Sur. Ellos, situados siempre alrededor de intenciones que suelen ser ridiculizadas al considerarse, supuestamente, ineficaces ante embates motivados por el ocaso de las ideologías. Generalmente, embates estos incitados por el egoísmo, la envidia, el odio, el revanchismo, la arbitrariedad y el resentimiento de gobernantes ocasionales e incompetentes.

Los partidos políticos en todas sus versiones, cambiaron sus temas, doctrinas, y enfoques de las realidades. Peor aún, variaron infundadamente sus referencias, contenidos y hasta el vocabulario de lucha política. Ahora camuflan, permutan y adulteran criterios organizacionales y de activismo político, al extremo que los hacen parecer razones que poco se identifican con lo que sus raíces exponen. De manera que pasan a verse como discursos de “convincente argumentación”.

Enredos por doquier

Todo proceso eleccionario convocado por partidos políticos, de cualquier tendencia ideológica, resulta convertirse en torneo de barata demagogia y partidocracia. Todo ello arrojando como resultado, un devastador mecanismo de relojería política que por sus excentricidades raya en un burdo ejercicio de manipulación. Y que además, demanda recursos de toda índole.

Esta situación incita a que bajo el amparo de mecanismos proselitistas y populistas, las realidades se tornen en ámbitos de la arbitrariedad, autoritarismo y de la desnaturalización de la política. Y, por tanto, de ideologías sobre las que descansa la praxis política asumida.

Hay quienes sostienen que tales transformaciones no se corresponden con los sucesivos cambios obligados por exigencias culturales, éticas y morales. Sino que el ocaso que afecta a ideologías de izquierda, derecha o centro, obedece a una crisis de sociedad incitada por la necesidad de reacomodar la significación del Estado a los requerimientos de la economía y del mercado. Más, toda vez que compromete recursos tecnológicos y comunicacionales, fundamentalmente.

Del problema acá expuesto, no hay duda en torno al daño que origina en medio de un mundo político que actúa desquiciado por culpa del desespero que padece. Más aún, toda vez que la proximidad de vivir el ocaso del poder ejercido, afecta sus intereses. Pero si sobre esas tendencias se requiere actuar para favorecer cambios en lo positivo, pues que dichos esfuerzos sean bienvenidos. Realidad que, a pesar de todo, luce difícil de alcanzar. Porque indiscutiblemente las realidades son dinámicas en todo su sentido. Por eso el ciclo vital de la vida, no tiene reverso. Es la razón que mueve a pensar si es posible estar viviendo ¿el ocaso de las ideologías?

 

Antonio José Monagas

 

Banalización de la política

Posted on: abril 29th, 2024 by Super Confirmado No Comments

El léxico popular ha podido inferir que “no es bueno hablar por hablar”. Y en política, mucho peor pues toda perorata pronunciada sin fundamento alguno o razón que afiance el argumento expuesto, conduce a caer en las profundidades del yerro. O en la oscuridad que faculta el error. Lo cual estimula a toda arenga política, situada fuera del rigor diplomático, a hacerla banal, insípida, insignificante, intrascendente o trivial. Es decir, que lo manifestado suena insustancial. Y es a lo que propende la política cuando es entendida con descarada insuficiencia.

La historia política es testimonio de cuantos conflictos han precedido y presidido eventos de capital importancia. Pero también de determinaciones cuyas consecuencias han desviado la intención de decisiones que podrían haber cambiado positivamente el curso de hechos que tristemente incitaron nuevos problemas. O abultaron otros no resueltos.

 

¿Qué ocurre en política?

 

En política, las especulaciones, suposiciones, presunciones e improvisaciones, tienden a enrarecer situaciones de toda naturaleza. Sobre todo, en ambientes salpicados por confusiones motivadas por exageraciones que rebasan desproporcionadamente las capacidades de colocación o acomodo de las realidades. Aunque no todas las especulaciones, emergen atiborradas de retorcidas intenciones.

Sin embargo, y a pesar de ello, muchas de las mismas saltan a la palestra. O son admitidas como ideas en la antesala de los procesos de elaboración y toma de decisiones. Justamente, he ahí el engorro que coadyuva a ocasionar la banalización de la política.

En política, particularmente en el fragor de procesos de gobierno, ocurren tentaciones. Y, por tanto, son objeto de atención. Casi siempre influidas por la seducción de discursos de ampulosa retórica. O incitados por la presión causada por emociones que logran estremecer debilidades. No obstante, sigue acá desnudándose el engorro como fuente de problemas que luego se potencian en la praxis.

 

¿Dónde está el meollo?

 

No hay duda que, ante la avalancha de clamores y protestas propias en el terreno político, las circunstancias dejan ver el filo de sus garras toda vez que dicha oleada de quejas tiene la fuerza para desgarrar la piel de la política. A pesar de resguardarse en los protegidos aposentos del poder político.

Es preciso pues analizar las realidades con el auxilio de la teoría política para así evitar desviaciones que sólo contribuyen a agravar las circunstancias. Estas, ya de por sí agresivas dada sus ruidos, formas y magnitudes.

Aun así, explicaba el chileno, Dr. Carlos Matus Romo, que la política “(…) es un campo minado de tentaciones para caer fulminado por la imprevista explosión de cualquier mina de palabras sin argumento”. Más aún, cuando las realidades fungen como escenarios donde caben opiniones variopintas. Pero que, por cruzadas y disparadas al voleo, se convierten en peligrosos avisperos capaces de arrasar con idearios dispuestos a ser promovidos con base en la bulla que despide la ignorancia propia de furibundos animados a “hablar por hablar”.

Y en medio de lo que estos revuelos lingüísticos causan a nivel de poblaciones sensibles y aficionadas a cuentos de corrillos, se configura y asienta el ámbito donde mayormente se contemplan los peñazos arrojados desde el vehículo que mueve y abona la razón que incita la vulgarización de la política

 

Antonio José Monagas

Gobernar: de la intencionalidad a la funcionalidad

Posted on: abril 15th, 2024 by Super Confirmado No Comments

 

Reducir conflictos podría ser la prueba de fuego para cualquier gobierno y que, en caso de no superarla, demostraría una crasa incompetencia para gobernar.

 

Sin duda que la incapacidad para superar las dificultades que corresponden a un proceso de gobierno que se precie del poder que reposa entre sus responsabilidades, es un problema que afecta cuadros gubernamentales indistintamente de la ideología que caracteriza la gestión política emprendida, a través de la tarea que compromete el acto de gobernar.

 

Por eso debe reconocerse que gobernar, por su misma intencionalidad, cruza circunstancias, coyunturas, eventualidades u ocasiones. A sabiendas que estas fluyen a consecuencia de la dinámica política, económica y social que somete las realidades a las cuales se suscribe la acción de todo gobierno.

 

En el núcleo del problema

He ahí el problema que se le presenta al hecho de gobernar, toda vez que su movilidad desconoce las razones y efectos que devienen de los distintos procesos que encarnan el acto de gobernar. Cuando esto sucede, los problemas se precipitan obstruyendo los canales que favorecen la consolidación del estamento en el que radica el poder que actúa como movilizador y motivador de realidades que encajan con el proyecto de gobierno en curso.

 

De no contar con un proyecto de gobierno capaz de ser respetado en toda su extensión, tampoco el gobierno tendrá alguna posibilidad inmediata de estructurar su funcionalidad tal como electoralmente fue ofrecida. Es decir, se incurre en un problema de tal magnitud, que roza con la inducción de una seria crisis de modelación del aparato de gobierno pensado, proyectado o planificado.

 

No es que el gobierno funcione sólo por supeditarse a la legislación que plantea el ordenamiento jurídico que apunta al establecimiento del suficiente accionamiento de la estructura objeto del gobierno.

 

Gobernar no es fácil

Gobernar es más que eso. La dinámica gubernamental no se conformaría nunca con saber que su funcionalidad dependerá de ordenamientos económicos, políticos y sociales que tiendan a dinamizar sin mayores garantías los eventos que comprometen el acto complejo de gobernar de cara a la incertidumbre, tal como las realidades, obviamente, lo permiten.

 

Muchos esfuerzos por gobernar con el acierto que las realidades demandan, pasan por la construcción de la singularidad que resume la disposición de un entorno político que favorezca cada decisión enarbolada por el gobierno institucionalmente configurado. O que formaliza cualquier posibilidad de conciliación que pueda tenerse como mampara en lo que refiere a la estabilidad política.

 

No cabe hecho alguno que tienda a forzar la creación de instancias con el único propósito de terciar la parsimonia entre actores cuya orientación sea de exclusiva finalidad política. De ser así, el acto de gobernar pudiera reducirse a escalar un sólo eslabón de la cadena de presunciones que igual estructuran el devenir de la política.

 

Aunque sin la garantía de visualizar el otro lado de la ladera por donde transita el proceso de gobernar. Precisamente, es ahí por donde fluyen las ambiciones que terminan forjando oportunidades y excusas para asentar la corrupción administrativa y financiera que tanto daño hacen a toda intención y compromiso de gobernar de cara a las contingencias que sacuden toda realidad.

 

Implicaciones subsanables

Y no hay otra manera distinta a allanar este camino de necesario tránsito, de no evitarse la tentación a la que induce la corrupción estatal. Sobre todo, cuando el alto gobierno desatiende las implicaciones que impone cuando se exalta el valor relacionado con la identidad. Sobre todo, cuando se irradia como proyecto de compenetración colectiva, concienciación ciudadana y ética civilista.

 

De actuarse en aras de asegurar el éxito político, social y cultural del proceso de gobierno, entonces podrá comprenderse que será posible gobernar, trascendiendo etapas orgánicas que por complicadas no se atienden.

 

De manera que podría asegurarse que el gobierno debe avanzar hacia la optimización de sus correspondientes procesos. Así adquiere sentido y razón el tránsito de un gobierno cuando reconoce que gobernar ocurre en el fragor de una continuidad de momentos. Es por lo que esta disertación analiza tan debatido tema. Especialmente, cuando gobernar: de la intencionalidad a la funcionalidad.

 

Antonio José Monagas

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de Confirmado.com.ve

“Política”, el concepto que desafía la vida

Posted on: abril 8th, 2024 by Super Confirmado No Comments

Antonio José Monagas

De “política”, mucho se ha escrito. Asimismo, mucho se ha dicho. Aunque hay momentos en que poco se percibe la diferencia entre la oralidad y la escritura. Más, cuando se tiene a la política como razón de análisis. Aun, existiendo alguna concordancia lógica entre las referidas acciones.

Todo ello tiende a fijar en el individuo las implicaciones que irradian concepciones del mundo. Por ejemplo, el concepto de “política” en su ejercicio ordinario. Quizás por eso, el actor ítalo-francés, Ives Montand dijo que “aunque no te ocupes de la política, ella se ocupará de ti”

El dramaturgo y poeta inglés, William Shakespeare, algo a este respecto logró advertir cuando refirió que “la política está por encima de la conciencia”.

En consecuencia, resulta casi imposible dudar de la “política” en su condición de pivote de la vida. O sea, desde el mismo instante en que se avizora como la condición que lleva a considerar su esencia como aquella parte del hombre que lo hace escoger entre una opción u otra. Sin embargo, ahí radica la confusión que su comprensión induce. Por eso, hay personas que despotrican de su significación toda vez que se sienten manipulados por sus efectos. O porque equivocan su manejo al considerarla como única razón de poder.

Esta situación, ha provocado su desnaturalización. Ahí se habla de “antipolítica”. No sólo respecto de su ejercicio e implicaciones. Igualmente, ante la realidad en medio de la cual se contextualiza su comprensión. Esas ambigüedades, han conducido a confundir conceptos que relacionan la política con distintos haberes fundamentales para la vida del ser humano.

Por ejemplo, confusiones entre “Estado y República”. “Gobernabilidad y gobernanza”. “Poderes públicos”. Entre, “política de Estado” y “política de gobierno”. Confusiones estas entre otras, que animan conflictos de gobierno. También, problemas de autonomía, de descentralización de poderes y dificultades de desarrollo.

No obstante, más allá de esas circunstancias se erige un primer problema que constriñe la vía para entender el concepto de “política”. Causado el mismo por la gruesa similitud que ha venido creciendo entre “política” y “politiquería”. Y la forma de disipar los enredos que habitualmente se han arraigado en el lenguaje popular, es precisando los contextos de comparación en cuanto a los siguientes ámbitos. 1. De referencia. 2. Del momento situacional. 3. De la ideología como sustrato operacional. 4. De la cultura de base social. 5. De la cultura de base socioeconómica.

Un concepto de “política” debutante

Luego de superar estos escollos descriptivos, es posible intentar un concepto de “política”. Este supone una relación en la que la praxis desempeña una papel fundamental ya que sólo a través de la acción, el individuo deja ver su identidad, su relato particular. Es decir, sus intereses o necesidades que lo mueven en sus propias realidades. Más, al apostar a la libertad que existe en un ámbito de democracia, ciudadanía y pluralidad.

Tan oportuno concepto, está dirigido a reivindicar el espacio público. Su comprensión, exalta el sentido de dignidad de la política. Sobre todo, al entenderse como una actividad que constituye un fin en sí misma toda vez que tiene como contenido la acción conjunta entre ciudadanos lo que destaca la necesidad de “estar juntos”, de “compartir” y de “convivir”.

A decir de la alemana Hannah Arendt, teórica política nacionalizada estadounidense, para consumarse o realizarse, la “política” deben integrarse libertad, acción e igualdad en un mismo tiempo.

En síntesis, la “política” representa toda actividad asociada a la toma de decisiones o relaciones de poder que se establecen entre individuos. Ante esta explicación, que involucra lo que compromete al hombre en la búsqueda de las verdades que fundamentan la vida, adquiere razón admitir que es la “política” el concepto que desafía la vida.

Antonio José Monagas

Tiempos de horror bolivariano

Posted on: marzo 18th, 2024 by Super Confirmado No Comments

 

Podría decirse que los tiempos que convulsionaron a Venezuela, comenzaron el 2 de diciembre de 2007 cuando, gallarda, genuina y valientemente, el pueblo venezolano votó contra la impuesta Reforma Constitucional. Toda vez que la población venezolana entendió la necesidad de reivindicar la soberanía tal como la actual Constitución la declara en su artículo 5. Es decir, defender el derecho político a participar del compromiso político-electoral de “reconstrucción” que describe el preámbulo de la Constitución Nacional a través de la legítima y decretada expresión de sus necesidades e intereses.

 

 

Así que luego de la rotunda determinación de aquel diciembre caliente en lo político, que consistió en deformar el mapa social, territorial, económico y administrativo del país, el año 2008, el presidente de la República de aquel tiempo, hizo su debut a la par de las bravatas e insolencias que se recuerdan al verse abiertamente derrotado ante el panorama nacional e internacional. Y que posteriormente, el 23 de noviembre del mismo año, vive su segunda gran tribulación al ver reducido su execrable intento de inmolar al país en presunto beneficio de un absurdo propósito enmarcado por la fracasada ideología marxista-leninista.

 

 

Algo de historia

 

 

Con el descaro de sólo apostar a degradar la majestad de tan honorable posición pública, el entonces presidente durante todo 2008 se entregó groseramente a la tarea de tomar decisiones que obviaban la entonces y decidida determinación popular. Para ello, arremetió con ínfulas militaristas valiéndose no sólo de la facultad habilitante para legislar unilateralmente. Sino también, a través de decisiones que violaron la Constitución de la República. Inclusive, su palabra empeñada en oportunidades que debió declarar a los medios internacionales.

 

 

La entonces Presidencia de la República transgredió la voluntad política nacional al imponer un sistema de gobierno basado en un deslustrado “socialismo” que ni siquiera fue definido. Salvo por la insolente actuación del régimen que, para aquel tiempo, ejercía descaradamente un disfrazado capitalismo.

 

 

Pero hacia afuera, pregonaba un falsario sacrificio en aras de obtener un engañoso bienestar colectivo. Sólo para justificar una manifiesta solidaridad internacional que en poco o nada sirvió. Y que contrariamente dejó la economía nacional pegada al suelo.

 

 

Hasta acá, el relato de una historia política venezolana que evidenció el carácter rastrero de la deliberada gestión del régimen político de entonces.

 

 

Una crisis sin precedente

 

 

La conducta asumida por los personeros del oprobioso régimen rayaba con la mediocridad y la grosería que el abusivo poder les concedía. Lo hacían, como si fuera la forma más expedita para motivar una superación que solamente funcionó a la inversa.

 

 

Es decir, igualados todos por debajo para trazar una desmesurada distancia entre dos clases sociales injuriosamente marcadas: la clase gobernante y la clase gobernada. Para ello, tristemente se utilizó el discurso “bolivariano” con la desvergonzada intención de resguardar tanta inmundicia. Además, en nombre de una presunta revolución que ni siquiera es aludida por la Constitución de la República. Y así, sigue usándose justificándose en la soberbia aprovechándose del poder político y de la fuerza.

 

 

En consecuencia, los supuestos criterios revolucionarios pretendieron aplicarse sin medida alguna de los perversos resultados causados. De esa forma, forzaron al país a someterse a tan injuriosos propósitos. Y que hasta hoy, han transcurrido más de dos décadas valiéndose de las mismas excusas.

 

 

Entre desproporcionadas embestidas a la población de pensamiento democrático, amenazas, contradicciones, improvisaciones al voleo, urdida violencia política y una cínica y vulgar represión, todo ello incitado por el jefe del Ejecutivo Nacional en complicidad con arbitrarios mandos policiales, militares y de furibundos bravucones, puede decirse que el resto del siglo XXI o todo, se convirtió en tiempos de horror bolivariano.

 

 

 

Antonio José Monagas

 

¡Se pasaron de la raya!

Posted on: marzo 12th, 2024 by Super Confirmado No Comments

 

 

En el habla coloquial, la expresión “pasarse de la raya”, es indicativa de excesos cometidos por quienes, conociendo la regla, transgreden la norma establecida por ley, convención, acuerdo o compromiso. Según la RAE, es una expresión idiomática de incidencia negativa. Empleada para dar cuenta de haberse consumado un atropello en franco desacato a lo pautado normativamente.

 

 

Casi siempre, ocurre cuando se actúa en contrario al ordenamiento social, cultural o legal. Significa romper códigos sociales o legales. “Pasarse de la raya” es una irreverencia provocada por la actitud de alguien incitado por la soberbia, el abuso de confianza o la presunción de superioridad de quien llega a creerse con más derechos que los demás.

 

 

Implicaciones políticas

 

 

En el ejercicio de la política, “pasarse de la raya” tiene una otra repercusión. Generalmente, indica abuso de poder. Particularmente, de poder empleado para imponer un orden que, muchas veces, es representativo de resentimiento o intención política de dominación en medio de una coyuntura u ocasión. Se habla de transgresión de los límites permitidos o que deben respetarse. La connotación que la frase “pasarse de la raya” adquiere en política, deriva del hecho de obviar, de manera premeditada, una situación cuyos límites están restringidos. Y transponerlos o traspasarlos, es representativo de quebrantar o franquear con deliberada impunidad, la restricción en curso o estipulada.

 

 

Y no sólo es un evento que compromete una acción física. Implica también al lenguaje u oratoria contenida en una declaración, pronunciamiento o discurso. En ese caso, constituye el vehículo apropiado para “pasarse de la raya”. En el fragor de la situación en cuestión, se dice que el político “se rayó”. Y estar “rayado en política”, es indicativo de estar agotado, quedar rezagado o verse apartado ya que su palabra o compromiso ha de calificarse cual “humo de brasa encendida”.

 

 

La postura adoptada por el régimen político venezolano, tiránico por dónde se vea, ha buscado “pasarse de la raya” pues consiguió por esa vía lograr intenciones de todo tenor. No sólo rápido. Peor aún. Sin atender, observar y entender las posibles consecuencias que, en lo político, cultural, social y económico, implican dictar órdenes, imponerlas o decretarlas (con rango y fuerza de ley).

 

 

“Pasarse de la raya”: mal hábito del autoritarismo

 

 

El carácter usurpador del régimen venezolano, sumado al de opresor, lleva a que las decisiones tomadas logren “pasarse de la raya”. De esa forma, se arroga sin vergüenza alguna toda embustera pretensión de manejar la gestión anunciada con tambores, cornetas y platillos, apostando a hacer un “buen gobierno”. Que, desde luego, resulta todo lo contrario.

 

 

De esa forma, comete violaciones de toda índole, abusos en todo momento, infracciones de ley pasando por encima de los preceptos constitucionales y acuerdos aceptados. Por tanto, actúa siempre irrespetuosamente. Busca juzgar toda situación con arbitrariedad e impunidad. Amenaza cualquier situación que, a los ojos del proceder autoritario, presume ventajosa. Por tan gruesa razón, dicta sentencias sin fundamentos jurídicos apelando a lo ocasional. Apresa y tortura a quien anuncia y demuestra la verdad y acusa la mentira utilizada como recurso de gobierno. Desconoce la jerarquía de los poderes nacionales y la autonomía de instituciones públicas pateando la institucionalidad universitaria y de empresas estratégicas. Administra la hacienda pública a su entera disposición. Se empeña en gobernar según criterios de exclusión, indolencia, indecencia, resentimiento y odio.

 

 

Pero, sobre todo, burlándose de la historia bolivariana. Historia ésta representada por el esfuerzo de vida y la palabra diligente y profunda de un civilismo expuesto en el proceder académico y de vida, de hombres y mujeres de infinita valía moral, cognitiva y ciudadana.

 

 

Razón cierta

 

 

Si algo podría servir para explicar por qué razón el régimen político venezolano acostumbra “pasarse de la raya” a través de las actuaciones, procedimientos o medidas obradas por sus órganos de poder, oficinas de administración de gobierno, instituciones que se reparten el poder público o transfieren cuotas de autoridad a instancias inferiores y sumisas, es el miedo que tiene de verse defenestrado. O fuera del poder que logró secuestrar,  por el afán de posesión o de absurda pertenencia.

 

 

Ese tipo de miedo, ocasiona un poder de influencia que resulta amedrentador. Especialmente, al vivir la angustia de saber que su gestión de gobierno ha resultado en fracaso total. Que ha llevado al país a la ruina y a la destrucción y descomposición nacional. Dicho temor tiene paralizado al régimen político toda vez que, por fin, la calle dejó de adularlo. Así como de cantarle y recitarle loas que alababan victorias impropias.

 

 

Por eso, el régimen actual le tomó miedo al cambio que se avizora. A lo nuevo que muestra el horizonte. Incluso, a lo desconocido. El miedo amplifica los riesgos que rondan alrededor de cada decisión tomada. Por eso, adoptó el criterio político, judicial, militar, policial y administrativo de abusar del poder. Así, los funcionarios de cualquier categoría optan por actuar groseramente para justificar que cada determinación apunta a “pasarse de la raya”.

 

 

De esa forma, cualquier decisión gubernamental deja al desnudo la crítica situación que padece el país. Por consiguiente, es de advertirse que estos aduladores, alborotados gobierneros y abusivos politiqueros de oficio, han actuado con la peor intención. Por eso, los acecha la justicia internacional por cuanto sin lugar a dudas, estos gobernantes bolivarianos ¡se pasaron de la raya!

 

 

Antonio José Monagas

 

Nunca estuvo “viva”

Posted on: marzo 4th, 2024 by Super Confirmado No Comments

Estar vivo implica, demostrar condiciones que den cuenta de manifestaciones de acción y reacción. De movilidad, pensamiento y capacidad de crítica. Aunque el problema estriba en reconocer que se tiene vida. Más, cuando se posee conciencia de que la vida sólo pertenece no tanto a quien la tiene, como a quien la comprende. En todo caso, a decir del teólogo y filósofo danés, Sören Kierkegaard, “la vida no es un problema que debe resolverse, sino una realidad que debe experimentarse”.

 

 

La universidad, en tanto que “comunidad de intereses espirituales”, es definitivamente un organismo diligente y activo. O sea, una organización con movilidad propia cuya vida depende de las circunstancias que favorezcan sus decisiones. Incluso, está supeditada a las tormentas que azotan sus realidades toda vez que nublan su visión funcional. Su capacidad de percepción retrospectiva o prospectiva.

 

 

Podría decirse que el barco que ha significado el corpus universitario, por así figurarlo, no ha sabido ajustar las velas para aprovechar el barrido del viento y alcanzar su destino a tiempo. Que la universidad autónoma venezolana hubiese tocado fondo en el fragor de las crisis padecidas por causa de un autoritarismo hegemónico, no se tradujo en la mejor oportunidad para subsistir. A pesar de saberse que podría entrar en una primera etapa de reconstrucción que se habría ajustado o plegado a las exigencias de imperantes y nuevas realidades, renovando sus debates de cara al llamado de las nuevas realidades.

 

 

Engorros pegajosos

 

 

Aunque podría pensarse que las realidades en el contexto venezolano, quizás no fueron debidamente interpretadas. Ni siquiera, con el auxilio de ciertos códigos de traducción que la universidad autónoma tenía en uso a finales del siglo XX. Más aún, a inicios del siglo XXI. Sin duda, tal situación complicó y enmarañó sus dinámicas. En otras palabras, la universidad autónoma venezolana no logró encaminarse plenamente a instancia de las austeridades que marcaban la ruta a transitar.

 

 

Vale pues asentir que la vida para la universidad nunca ha sido fácil. He ahí la razón que explica el por qué la universidad autónoma venezolana no pudo escapar de los efectos del cúmulo de problemas que golpearon importantes procesos universitarios.

 

 

Sobre todo, luego de comprobar que no son las mañas lo que hace que la universidad pueda sortear cuanta crisis la embadurne. Son las decisiones asumidas con base en las capacidades de organización que sus planteles de coordinación, planificación y evaluación tengan a bien gestionar desde la perspectiva de sus gobiernos.

 

 

El caso Universidad de Los Andes

 

 

La inercia vivenciada a consecuencia del impedimento trazado por la instancia superior de aplicación de “justicia” en Venezuela (tribunal supremo de justicia) en cuanto a cerrarle el derecho a renovar los cuadros de autoridades a las universidades autónomas mediante procesos eleccionarios a los que la ley de universidades pauta como expresión de la autonomía administrativa “para elegir y nombrar sus autoridades (…)” (Del artículo 9, Parágrafo 3), fue el factor de marras que motivó el ejercicio de un evidente oportunismo político. El mismo que incitó modales de demagogia que excedieron límites de solidaridad por lo cual la universidad cayó en terrenos donde prevalecían signos de egoísmo, hegemonía y desconsideración a todo cuanto representaba valores de ética, ciudadanía y moralidad.

 

 

La praxis política, razón de enredo

 

 

El discurso político, sirvió para acentuar disonancias que chocaban con la praxis de respeto que impone la vida académica. Intereses que en nada parecían corresponderse con la valoración de méritos y esfuerzos a que incita el desempeño universitario. Sobre todo, en escaños asistidos por el poder político.

 

 

Tan pervertidas tendencias, comenzaron a desplazar maneras de actuar apegado a conductas serenas que permitieran evidenciar el equilibrio entre razones y emociones. Equilibrio propio del ser humano en el curso de una vida de circunspecta postura.

 

 

El devenir académico comenzó a verse menguado no sólo por la extensión de un tiempo que se sobrecargó de problemas y conflictos de toda índole: presupuestarios, estructurales, funcionales y coyunturales. Tanto fue así que inclusive, el ejercicio democrático sobre el cual se asienta el andamiaje institucional-académico, comenzó a verse desguarnecido de los elementos que política y cívicamente sustentan las concernientes realidades.

 

 

Además, la dictadura que implantó la crisis del Covid-19, trastocó no sólo el funcionamiento universitario. Peor aún, el comportamiento de universitarios cuyo temor ante el contagio, obligó a adoptarse medidas que comenzaron a descomponer, viciar y corromper el espíritu de convivencia que infunde sustentabilidad al modelo social, cultural y emocional a partir del cual la universidad sabe emprender su manejo operativo consuetudinariamente.

 

 

Algunas consecuencias

 

 

Así fueron desbordándose actitudes que bien representaban al universitario en su forma de ser. O en su modo de actuar ante las circunstancias que oprimen cualquier influjo positivo de vida compartida o individual.

 

 

El liderazgo que emplazaba cada enrarecida situación universitaria, siempre victorioso en la batalla contra la incertidumbre, fue decayendo. Al extremo de verse ahogado en medio del turbulento cauce creado por la dinámica de un apestado poder político, fuertemente dominado por las perversidades de acomodadizas circunstancias, intereses y necesidades personales.

 

 

Fue la situación que permitió la inclusión de mañas, manías y desafueros que dañaron el lucimiento que ha acompañado el discurrir de la Universidad venezolana. Indistintamente de las dificultades que ha sabido someter a punta de discreción, civilidad y decencia.

 

 

Justo en tan convulsionado escenario tuvieron cabida frases que hizo que su sintaxis chocara con la realidad universitaria. A pesar de las contingencias que la azoraban. Fue el tiempo cuando en los predios de la Universidad de los Andes, se embutió la frase “la universidad está más viva que nunca”. Frase que desfiguraba su locución y acepción dada la contradicción que ejemplificaba la intención agregada.

 

 

Pero es que ni siquiera la Universidad de Los Andes, respiraba a ritmo constante. Ahora cambiaron tan repulsiva frase por otra cargada con algún sentido de realidad. Ahora es exclamada: “somos una institución en cuidados intensivos” la cual también caricaturiza la realidad con tan ridícula comparación.

 

 

Excesos intencionales

 

 

El problema de la Universidad de Los Andes, no tiene ninguna afinidad con la calificación que refiere el hecho de decirle que está “más viva que nunca”. Tampoco que está “en “cuidados intensivos”. El problema al que ha conducido el decaimiento de su dinámica, no debe mirarse con “anteojos de cuero”. Es un problema de valoración moral y real. No de una calificación realizada al mal voleo.

 

 

Haberlo hecho con base en un equivocado gusto o malsana contemplación, es un modo de relucir la intención de esbozar o trazar una realidad reducida y convertida en migajas. Además, proyectada con el auxilio patituerto del contrariado propósito de disimular lo que la realidad atascó por causa de una precaria praxis gerencial y de gobierno universitario.

 

 

Y lo peor sucede cuando por tan desfigurada razón, se da paso a arbitrariedades e  improvisaciones al mejor estilo de algún constreñido modelo de autoritarismo hegemónico.

 

 

De esa manera se remedó un esquema de gobierno despótico sacado de alguna gaveta donde se están depositados: olvidos, necedades, insultos, groserías y errores de colección. Por tanto, queda por señalar que la Universidad de Los Andes, en tiempos de tan largo período de reclusión electoral, tal como pretendió hacerse creer, padeció de un letargo que mantuvo prisioneras sus potencialidades. Pero nunca como para exclamar que estaba “más viva que nunca”. Pues en verdad, a decir por las trancas que soportó, nunca estuvo “viva”.

 

Antonio José Monagas