El deseo de migrar en Venezuela no ha retrocedido. A pesar de las narrativas de recuperación, el sociólogo Max Suárez D’Addario, gerente de proyectos en Consultores 21, reveló que el 33% de la población planea salir del país. El estudio, basado en una robusta muestra de 2.000 hogares, desmitifica que la permanencia sea una elección por mejora interna; más bien, es una consecuencia de las barreras externas.
«Se quedaban en Venezuela porque teníamos políticas migratorias desfavorables en los países de acogida», explicó Suárez D’Addario en entrevista con Román Lozinski. Es decir, los venezolanos no se quedan porque quieren, sino porque el mundo les ha cerrado las puertas.
El perfil del nuevo migrante: Jóvenes y familias rotas
La investigación arroja cifras alarmantes sobre la descapitalización humana de la nación:
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Fuga generacional: 4 de cada 10 jóvenes entre 18 y 24 años planean irse. El futuro del país se está marchando.
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Urgencia de salida: El 33% de los que tienen intención migratoria planea ejecutarla este mismo año.
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El motor afectivo: Ya no es solo una búsqueda de empleo, sino de reencuentro. El 40% de los hogares tiene al menos un familiar en el exterior.
El ascenso de España y el declive de EE. UU.
Aunque Colombia sigue siendo el receptor principal por proximidad, el estudio detecta un cambio en las preferencias de destino. Estados Unidos ha perdido protagonismo debido a sus restricciones, mientras que España se consolida como el destino europeo con mayor crecimiento, impulsado por la reunificación familiar y la seguridad jurídica.
La crisis de las remesas: Menos dinero y menos frecuencia
Un dato alarmante para la economía doméstica es la desaceleración del flujo de dinero desde el exterior. Las remesas, que durante años fueron el salvavidas de la clase media y sectores populares, muestran signos de agotamiento:
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Promedio mensual: Los envíos han caído a apenas 81 dólares por familia.
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Frecuencia: Solo el 36% de los hogares recibe ayuda de forma constante.
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Causa: El alto costo de vida en los países de acogida y la estabilización de los migrantes en sus nuevos hogares están mermando su capacidad de ahorro para enviar a Venezuela.
La «trampa» de la inmovilidad
Lo que Suárez D’Addario describe es una población «atrapada». La percepción del país sigue siendo profundamente negativa, pero la falta de recursos y el endurecimiento de fronteras actúan como un muro invisible. La reunificación familiar es hoy el lazo más fuerte; cuando una familia logra establecerse fuera, la fuerza de atracción que ejerce sobre los que quedan es casi irresistible.
Si la política económica no genera un cambio drástico en el poder adquisitivo y la seguridad institucional, Venezuela corre el riesgo de enfrentar una nueva oleada migratoria masiva tan pronto como se flexibilicen las restricciones en la región.










