Nelson Chitty La Roche: Breves sobre el convive y 2026 

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Nelson Chitty La Roche: Breves sobre el convive y 2026 

“El pasado nunca muere, ni siquiera es pasado”, William Faulkner.

Embarcados ya en el nuevo y, como si fuera el viejo año, el venezolano común, el de a pie, encara con alguna amargura ese que pensó llamaría futuro hace unos meses, nutrido por la esperanza pero que, pareciera, solo es más del presente que lo afligía.

Un amigo, Néstor Riera, me comentaba que la gente había estirado al máximo sus posibilidades y con ayuda de Cashea había sobrevivido el exigente decembrino, pero que ahora había que dar la cara a esos gastos, en pagos diferidos que, inevitablemente, ponían a prueba el presupuesto diario familiar. Acotaba que los meses de inicio de año son tal vez los más duros.

En realidad, el alza diaria de la divisa americana y la reacción del comercio que subió mórbido sus precios en dólares, además, coloca la capacidad adquisitiva del consumidor en la evidencia de su absoluta precariedad. Si antes recurría a distintas actividades para sumar y proveer, en el sector público, policía, tribunales, fiscalía, por cierto, y lo vemos y padecemos a menudo en distintas formas de corrupción, ahora tal vez piense hacerlo y atreverse mucho más.

Paralelamente, el largo forcejeo entre el gobierno de Maduro y Trump amenaza con tensar aún más el escenario macroeconómico. El bloqueo no es inocuo compatriotas, siguiéndose entonces deteriorando la economía ya maltrecha por 27 años de manejo de ignorantes e irresponsables. Enorme costo de oportunidad que pagamos los venezolanos, trayendo a Chávez para desquiciarlo todo y, para colmo, tenemos ahora esta tragedia en ciernes.

El regreso de los educadores a clases, incluida la universidad, requiere de coraje. Los docentes y profesores carecen de todo y a la merced de una espiral inflacionaria en los sectores de alimentos, transporte, vestido y material de trabajo. En estos días un amigo de Cartanal me pedía una resma de papel, porque se la habían exigido en la escuela para su niño de 11 años y apenas tenía, me decía, para darle de comer.

En el campo de la salud, basta con asumir una verdad inocultable. La prestación es deficiente y la ausencia de lo más elemental del instrumental disponible para médicos y enfermeras hace patética la atención. El paciente aun de emergencia debe aportar lo necesario para su tratamiento, aunque, es bueno admitirlo, el personal hace su mejor esfuerzo. Los Centros de Atención Integral (CDI), en algunos casos, desempeñan un papel digno, pero, en general, el enfermo o acontecido se la pasa muy mal y ni hablar de las operaciones o terapias para las patologías catastróficas.

¿Y los pensionados y jubilados? Conversaba con una jubilada del Seniat que recibe 130 bolívares mensuales y el bono de la guerra económica. Tiene la fortuna de contar con familiares que desde el exterior la auxilian y le pagan un seguro de hospitalización, si no contara con eso, estaría más que vulnerable. Aquel que trabajó y pagó para contar con una seguridad en sus años de más demanda de medicamentos y consulta médica está expuesto a cualquier contingencia.

Vergonzosa resulta la constatación de que el tributo especial justificado para atender a los pensionados impuesto a las empresas y a los trabajadores, que el propio Maduro presentó como indispensable para compensarlos, como otra burla más, similar a aquella de la Ocepre que nos despojó de nuestras prestaciones salariales, se extravió en el camino y los pensionados siguen ahora peor que antes.

Puedo seguir con el “memorial de agravios” que inepta y concupiscente nos ofrece y legitima la revolución de todos los fracasos, pero, la conclusión es la misma en 2026 que en 2025; lo han hecho peor que todos los demás en nuestra historia y mientras permanezcan no habrá redención.

 

 nchittylaroche@gmail.com
@nchittylaroche 

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