Luisa Pernalete: Hagamos las paces, enseñar a convivir no es tan difícil

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Luisa Pernalete: Hagamos las paces, enseñar a convivir no es tan difícil

Decíamos que este punto de los pensamientos para la convivencia, es una de las herramientas que se trabajan con las participantes del curso para que la familia eduque para la paz. Esos 5 pensamientos que señala el padre Manuel Segura, los compartiremos con ustedes.

En primer lugar, el pensamiento causal. Ese al cual se refería la señora de la anécdota compartida. Es el que nos permite saber que todos los comportamientos tienen una causa, una explicación. La pregunta clave es ¿por qué?… La chica llegó tarde de una reunión, o el hijo adolescente lo rasparon en varias materias… en vez de regañar, primero preguntemos qué pasó. O para los padres, alguno anda de mal humor, ¿por qué? Sabiendo las respuestas podemos tomar una decisión adecuada.

Luego tenemos el pensamiento consecuencial. Nos permite saber que todas nuestras acciones, buenas o equivocadas, tienen consecuencias. La pregunta clave es ¿qué va a pasar si yo…? Por ejemplo, si me trasnocho, voy a amanecer cansada o si es el hijo, el que se trasnocha, le va a costar levantarse para el colegio.  O en el caso de una adolescente, preguntarle, ¿Qué puede pasar tienes relaciones sexuales con el novio? Pues que puede salir embarazada. Pensemos también en las consecuencias de las buenas acciones, si yo sonrío a los que me rodean, siembro amabilidad y eso se retorna.

En tercer lugar, el pensamiento alternativo: ese que nos permite saber que todos los problemas tienen más de una solución. Da flexibilidad a nuestras acciones, contrario a la rigidez que solo ve una. No tenemos porqué irnos a la primera o tirar la toalla. La pregunta clave es ¿qué más puedo hacer? Los violentos suelen tener pensamiento rígido y se apuntan a soluciones muchas veces inadecuadas.

También tenemos el pensamiento en perspectiva. Es el que nos ayuda tener empatía, a ponernos en el lugar del otro. Previene comportamientos violentos y la comprensión. Pregunta clave ¿y si fuera yo el que estuviera en esa situación? Ayuda a los niños a no hacer bromas pesadas, ayuda a uno extender la mano a esa madre angustiada por sus hijos, ayuda a no herir al otro.

Finalmente tenemos el pensamiento de “medio fin”. Es el que favorece a ponernos metas y medios para lograrlas. Básico para que los adolescentes no se pierdan en el camino. Está comprobado que tener proyecto de vida da fuerzas para mantenerse en los estudios, para no tomar decisiones equivocadas. Hay que preguntar a los hijos qué quieren ser en la vida, qué sueñan para cuando salgan de bachillerato, de paso se les anima a seguir los estudios, aunque haya dificultades.

¿Cuántos líos nos ahorraríamos si aplicamos estos pensamientos? ¿Cuánto podemos ayudar a la familia, y a los alumnos si somos educadores, para que sepan tomar decisiones? ¿No creen ustedes que tenemos que aplicarlos para enseñar a convivir? A pensar se aprende, pensar antes de actuar es posible y necesario. Repetimos, no decimos que sea fácil, pero tampoco es imposible, y si tenemos un grupo de reflexión, un grupo de apoyo mutuo, si en el colegio trabajamos en equipo, será más fácil educar para la paz.

Reitero que esta herramienta de los pensamientos para la convivencia es de las mas apreciadas por esas participantes del curso para padres y madres, para que sean mejores padres y mejores personas. Les invito a aplicarlos. La convivencia pacífica nos favorece a todos.

(x) Segura, M. (2005) Enseñar a convivir no es tan difícil. Para quienes no saben qué hacer con sus hijos o con sus alumnos. Desclée De Brouwer, Bilbao

 

Luisa Pernalete

 

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