La Justicia electoral de Brasil resolvió este jueves las trabas que impedían el registro de la candidatura de Flávio Bolsonaro como aspirante a la Presidencia en las elecciones del próximo octubre.
El hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro denunció horas antes que no consiguió formalizar su candidatura porque aparecía afiliado a otro partido político en el sistema informático de la autoridad electoral.
Los abogados de Bolsonaro elevaron el caso al Tribunal Superior Electoral (TSE), que intervino rápidamente para restablecer su afiliación al Partido Liberal (PL), lo que le permitirá registrar su candidatura, para lo que tiene plazo hasta el próximo sábado.
Flávio Bolsonaro calificó el suceso de su afiliación a otro partido como un «fraude» y sembró sospechas sobre la actuación de las autoridades electorales.

«El sistema va a hacer de todo para detenerme, pero no lo va a conseguir», declaró el senador en sus redes sociales.
La solicitud «fraudulenta»
Al conocerse el caso, el TSE aseguró en un comunicado que la afiliación de Flávio al partido Misión, una pequeña formación de derechas, fue solicitada por «alguien que tenía las credenciales del partido para formalizar afiliaciones».
Misión, cuyo abanderado presidencial es el agitador Renan Santos, dijo que el pasado 2 de agosto informó al gabinete de Bolsonaro, cuando detectó el intento «fraudulento» de solicitar su afiliación al partido.
La campaña para las elecciones presidenciales, legislativas y regionales de octubre arranca oficialmente el domingo en Brasil.
En la carrera presidencial, el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, parte con ventaja en los sondeos con respecto a Flávio Bolsonaro, principal candidato de la oposición y ungido por su padre como su heredero político.
El plan de Bolsonaro para Brasil
Asimismo, Bolsonaro divulgó este jueves su programa electoral, que tiene entre sus principales propuestas el acercamiento a Estados Unidos, la mano dura contra el crimen organizado y una reforma de Poder Judicial.
El documento de 76 páginas, titulado ‘Para que Brasil venza el atraso’, articula, en nueve grandes directrices, propuestas para «rescatar el país» mediante una reestructuración de los servicios públicos, un ajuste del gasto y el endurecimiento del Código Penal.
En materia de política internacional y diplomacia, el plan defiende recomponer las relaciones con socios estratégicos e históricos como Estados Unidos, Israel y Argentina, al tiempo que promueve un comercio exterior con actores globales como China o la Unión Europea, sin importar quien gobierne.
En ese sentido, el plan propone una estrategia de «soberanía con profesionalismo, no con ideología», en el que plantea «dar prioridad a los socios interesados en el beneficio mutuo del comercio, sin elegir amigos por afinidad ideológica».
El primogénito del expresidente Jair Bolsonaro fija la meta de retomar de inmediato el proceso de adhesión de Brasil a la OCDE y promete «una apertura comercial» que le dé al sector productivo brasileño «acceso a bienes de capital, tecnología e insumos importados en un entorno de competencia».
En lo que respecta a la reforma judicial, el plan afirma que el Tribunal Supremo «ha acumulado, a lo largo de los años, un volumen de funciones que no tiene parangón en los tribunales constitucionales de otros países».
Política de seguridad
En el área de seguridad, una de las principales banderas del candidato de extrema derecha, el plan plantea calificar como «organizaciones narcoterroristas» a bandas criminales como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho.
Entre las medidas, destacan la reducción de la mayoría de edad penal de 18 a 16 años y sanciones a partir de los 14 años por delitos graves, la implementación de la castración química para violadores de menores y la edificación de cinco penales federales de máxima seguridad bajo el modelo aplicado en El Salvador.

En el capítulo económico, prometió recortar gastos, reducir impuestos y retomar «con criterio» el Programa Nacional de Privatizaciones, para evaluar «caso por caso» la privatización de empresas estatales en las que la presencia del Estado haya «dejado de tener sentido».
En el área ambiental, prometió acabar con la deforestación ilegal hasta 2029, una promesa similar a la del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que se puso de meta para acabar con la tala de la Amazonía hasta 2030.
No obstante, en el mismo capítulo, Bolsonaro hizo otras promesas polémicas, como autorizar a los indígenas a explotar económicamente sus tierras, o acelerar los procesos de concesión de licencias ambientales a proyectos de infraestructura.
Las últimas encuestas muestran al derechista cinco puntos debajo de Lula, quien encabeza con un 44 % la intención de voto de cara a la segunda vuelta de las elecciones. EFE












