El psicólogo social Ángel Oropesa alertó sobre el severo deterioro de las relaciones humanas y la cohesión social en Venezuela, revelando que la desconfianza hacia el prójimo ya afecta a casi nueve de cada diez ciudadanos. Según recientes estudios de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), este indicador saltó de forma alarmante del 81% al 89% en los últimos años.
Oropesa advirtió en una entrevista con Román Lozinski para el Circuito Éxitos que este fenómeno debilita gravemente la estructura del país, dejando la estabilidad interna en una posición de extrema vulnerabilidad:
“Sin confianza mutua, el orden social queda a merced de una mano militar, de una mano extranjera o de un actor externo que imponga el control”.
Frustración colectiva y «catarsis vicaria»
El especialista explicó que el entorno hostil del país impide de forma constante que las personas alcancen metas básicas, como el acceso a servicios esenciales o un trabajo digno. Científicamente, esta frustración sistemática produce niveles elevados de agresividad.
Debido a que los ciudadanos no pueden reclamar o increpar directamente a quienes detentan el poder, desvían esa hostilidad hacia objetivos más vulnerables mediante un proceso que Oropesa denomina “catarsis vicaria”:
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Ataque entre pares: La agresividad se manifiesta contra vecinos, compañeros o amigos.
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Violencia intrafamiliar: El entorno del hogar se convierte en el receptor de la rabia contenida.
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Foco en la diáspora: El resentimiento también se descarga contra quienes lograron emigrar del país.
La crisis silenciosa: Salud mental y sobrecarga laboral
El colapso de la calidad de vida en Venezuela no solo fractura las relaciones, sino que ha desatado una crisis silenciosa de salud mental y precariedad económica reflejada en los siguientes datos:
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Ansiedad y depresión: El 20% de la población general padece de estos trastornos en niveles moderados a altos.
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Juventud en riesgo: El panorama empeora considerablemente entre los jóvenes de 18 a 24 años, donde el índice de afectación psicológica sube al 25%.
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Explotación horaria: Para intentar cubrir las necesidades básicas ante la insuficiencia de ingresos, el 20% de los venezolanos se ve obligado a trabajar jornadas extremas de hasta 60 horas semanales.












