Ismael Pérez Vigil: El retorno (I)

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Ismael Pérez Vigil: El retorno (I)

Cuando se habla de “reconstrucción”, se suele aludir también al aporte que pueden hacer a ese proceso los venezolanos que hoy viven en el exterior y que, eventualmente, podrían regresar al país. Pero como la llamada “reconstrucción” es un tema serio, que no se decreta ni se sueña, es necesario hacerse algunas preguntas; por ejemplo: ¿Tenemos bases para pensar que eso es posible o se trata de una ilusión, de una mera suposición? La respuesta a esa pregunta es la reflexión que quiero proponer; pero antes, para describir el contexto de esta situación, veamos un corto relato para caracterizar a algunos inmigrantes y emigrantes.

Así comienza Irene Vallejo, la conocida autora española, un corto artículo publicado en la página de César Miguel Rondón:

“Una familia debe huir de su país natal para escapar a las matanzas desencadenadas por un gobernante tiránico. Marchan con las manos vacías, oscilando entre el miedo y la esperanza. Les aguarda un viaje azaroso, tierras y lenguas desconocidas y la incierta tarea de recomponer sus vidas en el extranjero. La mujer acaba de dar a luz, el niño es apenas un bebé y el hombre se siente viejo ante la aventura”.

Seguramente describe la situación de millones de parejas que hoy se desplazan por el mundo; pero la propia autora nos aclara que: “… la escena pertenece al relato bíblico”; se trata del Evangelio de San Mateo describiendo a María y José, huyendo a Egipto para salvar a su hijo, Jesús. El corto relato y las preguntas clave que se formula la autora para incitar la reflexión tienen que ver con el posible trato recibido en Egipto y la suerte de esa familia en ese país, de lo cual sabemos muy poco. Pero, si la situación se produjera en esta época, seguramente la suerte de esa pareja con ese niño no sería muy halagüeña. Abandonemos la reflexión de Vallejo y pasemos ahora a analizar las cifras de nuestra propia situación (ver su artículo en https://bit.ly/46lddeH).

Inmigración

Hasta principios del siglo XXI, Venezuela fue un país que recibió y acogió inmigrantes quienes, expulsados por las penurias de su país o por razones políticas, vieron en Venezuela y sus recursos una oportunidad para rehacer sus vidas. Y podemos decir, sin asomo de dudas, que así fue: tierra de oportunidad generosamente abierta y sin discriminación; bastaba el propio esfuerzo.

Para no remontarnos muy atrás, durante la dictadura de Pérez Jiménez, Venezuela aplicó una política de “puertas abiertas”; después, la democracia y el «Boom Petrolero» de los años setenta atrajeron una inmigración masiva de países vecinos que huían de conflictos y crisis económicas. A partir del llamado «Viernes Negro» de 1983, se frenó el flujo masivo y la población extranjera residente siguió creciendo internamente. Y es importante hacer notar también que, en los años 70 del pasado siglo, recibimos a miles de exiliados de las dictaduras de Chile, Argentina y Uruguay (circunstancia que señalo a los fines de evaluar y comparar con lo que ocurre con nuestros emigrantes a esos países).

Pero, a partir de mediados de la década de 2010, Venezuela dejó de ser receptor de inmigrantes y se convirtió en un país con una de las mayores emigraciones del mundo, calculándose que a partir de 2020 el “saldo migratorio” −inmigración menos emigración− refleja mayores salidas que entradas. Para cerrar este punto, vale la pena destacar la procedencia de los tres grupos más significativos en cuanto a la inmigración: España, Italia y Colombia.

Españoles, italianos y colombianos

Los españoles fueron el grupo extranjero más numeroso durante el siglo XX, llegando en tres momentos específicos: después de 1939, exiliados de la Guerra Civil; la gran masa por razones económicas de los años cincuenta; y, por las mismas razones, los canarios y gallegos durante los años sesenta y setenta. El número más alto de inmigrantes de España se registra en el censo de 1961, con poco más de 231.000. Contribuyeron en gran parte a la modernización del sector agrícola, especialmente en los estados centrales; aportaron también mano de obra especializada al sector industrial y al comercio, y no podemos dejar de mencionar importantes aportes al sector universitario del país, con notables profesores y académicos de gran talento.

En cuanto a los italianos, entre 1946 y 1961 se calcula que llegaron a Venezuela más de 236 mil, cifra superior a la inmigración a Brasil en ese mismo periodo. El pico más alto, de más de 188 mil, se registra en el censo de 1971. Aprovechando el desarrollo de infraestructura iniciado por Pérez Jiménez, los italianos se concentraron fuertemente en el sector de la construcción y la ingeniería. Pero no se puede negar su aporte a la gastronomía venezolana: la pasta y la pizza son hoy elementos básicos de nuestra dieta.

La inmigración colombiana siempre ha sido muy difícil de calcular, dado su movilización a través de las fronteras y el problema de documentación; pero la razón fundamental de esta inmigración es, sin duda, de carácter económico, buscando mejores condiciones laborales y de vida, aunque también como refugiados huyendo de la violencia. En el censo de 1950 se registraban solo alrededor de 45.000 colombianos; pero ya para el de 1981 la cifra pasaba de 500.000, y para el censo de 2011 superaba los 750.000. Todas estas cifras son “oficiales” y no consideran a los denominados “indocumentados”, que de manera muy precisa nunca se han podido estimar y que se calculan en más de un millón y medio, de manera conservadora. Los colombianos de segunda y tercera generación, que tienen doble nacionalidad y son, por tanto, venezolanos, se estiman en varios millones.

Patrones seguidos

Españoles e italianos siguieron un “patrón” similar: llegaron con bajos niveles de capital y alta disposición al trabajo, logrando un ascenso social rápido en los años sesenta y setenta. En cuanto a los colombianos, su impacto en Venezuela es tan profundo que hoy es casi imposible separar ambas identidades en muchas regiones.

Esta inmigración tiene características muy diferentes a la de españoles e italianos; forman una buena parte de la mano de obra para el sector agrícola (sobre todo en estados fronterizos), para la construcción y el sector servicios en Caracas y otros centros urbanos, en donde también participan activamente en la creación de pequeñas redes de comercio minorista y economías de barrios: bodegas, peluquerías, talleres, etc. Su aporte en música, gastronomía, lenguaje y cultura popular es innegable.

Caracterizado el movimiento inmigratorio de Venezuela, pasemos ahora la emigración, pues a partir de mediados de la década de 2010, Venezuela dejó de ser receptor de inmigrantes y se convirtió en un país con una de las mayores emigraciones del mundo.

Emigración

La emigración venezolana es uno de los fenómenos de movilidad humana más grandes del mundo, el cual podemos dividir en varias oleadas. Con base en cifras estimadas por la denominada Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V) de Acnur (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), así como las cifras de organismos de censo nacionales de otros países, estas oleadas las podríamos resumir de la siguiente manera:

2004 – 2012: Se dice que este periodo corresponde a la “salida” de clase media-alta, empresarios y personal calificado, incluyendo profesionales de la industria petrolera después de los sucesos de 2002 y 2003. Los destinos principales fueron Estados Unidos, España, Panamá y Colombia. Para 2010 la cifra se estimaba en unos 500.000 venezolanos que dejaron el país. Fue una emigración que implicó una gran pérdida de talentos e incluso de capital.
2013 – 2017: En este periodo la emigración se aceleró y diversificó debido a la hiperinflación, las protestas, el deterioro económico y la escasez de alimentos y medicinas, que llevaron sobre todo a muchos jóvenes profesionales a buscar oportunidades en Colombia, el Cono Sur y España, debido al idioma y la flexibilidad de sus leyes migratorias para ese momento. Por ejemplo, se estima que hacia Colombia habían partido más de 600.000 personas, sin contar con los venezolanos-colombianos (quienes tienen doble nacionalidad), que son difíciles de calcular pues ingresan al país con su nacionalidad colombiana.
2018 – 2022: A partir de 2018, la migración se vuelve una crisis humanitaria. Es la época del éxodo masivo y lo que algunos denominan la “crisis de refugiados”; muchos venezolanos se dirigieron al exterior, incluso “caminando” y abarrotando las fronteras de países vecinos y sus servicios fronterizos. Por ejemplo, en este período Perú fue otro destino importante, sobre todo Lima, en donde para finales de 2022 se estimaba una población de más de un millón de venezolanos, solo en esa ciudad.
2023 – al presente: El éxodo se ha reducido en los últimos años debido a las medidas antimigratorias adoptadas por algunos países, pero no se ha detenido. A partir de 2023 el flujo de emigrantes continuó, aunque disminuido, debido a varias razones:
Restricciones implantadas por algunos países y endurecimiento de políticas migratorias (por ejemplo, en Estados Unidos).
Problemas económicos en países de destino y aparición de xenofobia (como por ejemplo en Chile, Colombia, Ecuador y Perú).
Lo que algunos especialistas llaman el agotamiento del «Bono Demográfico», debido a la salida de jóvenes y profesionales, quedando en Venezuela más adultos mayores para quienes se dificulta la logística migratoria.
Para algunos analistas, la mejora relativa del consumo interno −a pesar de la crisis humanitaria que persiste− producto de la dolarización de facto de la economía, en parte por las “remesas” provenientes del exterior, lo cual ha reducido la urgencia de las migraciones.
Todos estos factores han contribuido a que en 2024 y 2025 hayan cambiado e incrementado los “destinos” de la emigración hacia España, no solo por las facilidades de idioma y la doble nacionalidad de muchos, sino principalmente por sus políticas de regularización, facilidades legales y seguridad jurídica, por ejemplo, la llamada Ley de Nietos. También hacia Brasil, por sus políticas y programas de “acogida” (Operação Acolhida), que ofrece mejores condiciones que otros países, pues es el único país con un programa estatal, masivo, para integrar al emigrante.

No obstante, la plataforma R4V ya mencionada nos da las siguientes cifras acumuladas por año:

2018: 3,0 millones
2019: 4,5 millones
2021: 6,0 millones
2023: 7,7 millones
2025: +8,0 millones (cifra proyectada)
Sin embargo, estudiosos y especialistas de la materia calculan que los venezolanos en el exterior, contando a los que tienen doble nacionalidad, pasan de los 9,1 millones. Es decir, más de 25% de la población venezolana vive fuera del país y se distribuye, por país, según estimaciones de los organismos mencionados, más o menos de la siguiente manera:

Colombia                2.800.000

Perú                       1.500.000

Estados Unidos       1.100.000

Brasil                        730.000

España                      520.000

Chile                         450.000

Ecuador                     440.000

Conclusión

Definido este marco general de la inmigración y, sobre todo, la emigración de los venezolanos, en la próxima entrega me adentraré a responder la pregunta inicial: ¿Tenemos bases para pensar que podemos contar con ese contingente de venezolanos para que participen en la “reconstrucción» del país o se trata de una ilusión, de una mera suposición?

Ismael Pérez Vigil

https://ismaelperezvigil.wordpress.com

 

 

 

 

 

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