Ismael Pérez Vigil: Con o sin retorno

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Ismael Pérez Vigil: Con o sin retorno

Durante las dos últimas semanas, he dedicado mis escritos a analizar el tema de la inmigración y, sobre todo, la emigración de los venezolanos. He explorado las causas que llevaron −según cálculos de algunos especialistas− a más de nueve millones de compatriotas a abandonar el país, evaluando las posibilidades de su retorno para incorporarse a la “reconstrucción” de Venezuela, un tema recurrente en el debate actual.

Desde luego, también comenté cómo persisten algunas de las causas que provocaron ese éxodo −o diáspora, como llaman algunos−. Dediqué buena parte de mis argumentos a explicar por qué resulta difícil calcular qué porcentaje de esos venezolanos estaría dispuesto a regresar. No voy a repetir esos puntos, pero sí me parece importante remarcar dos premisas.

Una −ya mencionada en artículos anteriores− es que las razones que propiciaron la emigración son muy variadas y no es difícil afirmar que aún no han desaparecido; solo su eliminación sería el motivo de peso para que se produzca, en muchos casos, el anhelado retorno. La otra cuestión fundamental es que, sea dentro o fuera del país, con o sin retorno −de allí el título de este artículo−, es posible contribuir al proceso de “reconstrucción”. Ese es el punto que quiero enfatizar en esta oportunidad.

Los que regresan y los que No

Desde luego, el regreso sería el aporte más significativo y anhelado para contribuir de manera directa con el país; aportando eventualmente el capital que hayan podido acumular; pero, sobre todo, los conocimientos que ya poseían al partir o los que adquirieron en su peregrinar por otros países. Sin embargo, conscientes de las dificultades señaladas para dicho retorno, es posible contribuir de manera significativa a la reconstrucción nacional también desde el exterior. Eso es lo que ahora quiero examinar.

Quienes, por diversas razones que ya he analizado, deban permanecer en el exterior, pueden realizar diversas contribuciones de valor al proceso de “transición” y “reconstrucción”. A ello pueden sumarse los militantes de partidos políticos que emigraron o se exiliaron −pues es necesario distinguir entre quienes salen por razones políticas y quienes lo hacen por otras consideraciones−. Los militantes, dada su experiencia, pueden aportar su conocimiento y motivación para organizar las tareas de incorporación de miles de venezolanos que, sabemos, están dispuestos a participar en la actividad pública.

Tareas de los que No regresan

Las tareas que se pueden emprender con pocos recursos, apenas algo de tiempo y buena voluntad son, por ejemplo:

Contribuir a mantener y desarrollar la imagen del país: Muchos ya lo hacen, pero ahora debe ser una acción consciente; no solo incorporándose a las actividades de la sociedad civil en sus destinos, sino trabajando duramente y siendo “personas de bien”. No podemos seguir suponiendo que el mundo nos debe querer solo por ser simpáticos, “bonchones” o por preparar arepas. Los emigrantes deben contribuir efectivamente al desarrollo de sus países de acogida, ayudando a romper la imagen −creada con intereses torcidos− de que los venezolanos son delincuentes o aprovechados. Sabemos que esa imagen es falsa, pero hay que construir la narrativa contraria de forma deliberada.
Continuar el apoyo económico: Seguir aportando recursos a familiares y amigos en el país para ayudarlos a enfrentar la crisis humanitaria, la cual no ha desaparecido. No tenemos por qué avergonzarnos al solicitar o recibir ayuda para solventar una situación con la que lidiamos hace años, especialmente porque quienes sostienen este estado de cosas nunca tuvieron reparos en aceptar auxilio internacional.
Apoyar la construcción de las bases democráticas: Esto incluye dar a conocer y denunciar la vulneración de los derechos humanos en Venezuela: la falta de libertad de expresión y de libre asociación política y el derecho al libre desplazamiento, etc. Quienes están fuera pueden ser la voz de los que estamos en el país y que, como vemos, son amordazados o perseguidos por hablar.
Preparación para eventos electorales: Todo proceso de “transición” concluye indefectiblemente, sin excepción, en un proceso electoral, que procuraremos que sea lo más democrático posible. Pero, debemos estar listos para cuando se produzca ese proceso, donde la participación masiva de quienes están en edad de votar en el exterior puede ser decisiva. Sobre este tema, quiero hacer un énfasis especial.
Tres y medio que votan

Sabemos que hay, al menos, tres millones y medio de venezolanos en el exterior inscritos para votar en Venezuela, a lo que hay que añadirle una cifra, probablemente, cercana al medio millón que ya tiene la edad reglamentaria pero nunca se inscribieron por falta de facilidades. En el exterior apenas están registrados para votar menos de 69 mil venezolanos; ha habido poco interés en el último cuarto de siglo por subsanar esta situación. En esta materia, hay tareas urgentes.

Una de ellas es presionar, tanto en Venezuela como en el exterior, por la apertura efectiva del Registro Electoral (RE) para que los ciudadanos puedan actualizar sus datos o inscribirse. No es una tarea sencilla; existen resistencias en el CNE y el Gobierno para agilizar este proceso por el temor, fundado, a que el voto de los migrantes no los favorezca.

Cómo actualizar el RE

Actualizar el registro con los métodos actuales −en embajadas y consulados, muchos de ellos cerrados− es una tarea de años. No será fácil que se acepten métodos telemáticos, que representan la única manera de resolver eficaz y rápidamente el problema. Ya se demostró en la Primaria de 2023 que eso es posible. En menos de seis semanas y con escasos recursos, se logró que medio millón de personas iniciaran el proceso. Hay que presionar para que se acepten procedimientos similares. Mientras tanto, esos cuatro millones de venezolanos con derecho a voto deben exigir la apertura del Registro y asistir masivamente para, al menos, multiplicar por diez el padrón en el exterior, lo que constituiría un caudal de votos decisivo.

Para lograr lo anterior, existen dos elementos previos de naturaleza política y teórica que deben superarse, y que están en la raíz de nuestra situación actual.

Conciencia de la política

Es preciso tomar conciencia, no solo del momento político que vive el país, sino también de la importancia de la política, como tal, aunque muchos duden de la democracia y del voto. Una gran mayoría de personas se mantiene en la “apatía política”, el desinterés, la pasividad e indiferencia ante los temas políticos, y por supuesto electorales; pero un buen número de personas ha pasado a lo que hoy conocemos como la “antipolítica”, que ya no es falta de interés por la política, sino una postura política activa basada en la indignación y la descalificación del sistema vigente.

La “antipolítica”

En los últimos años se ha consolidado ese sentimiento de hostilidad contra la política, fenómeno basado en situaciones reales: los grandes casos de corrupción y su impunidad; la incapacidad del sistema para resolver problemas básicos como salud, inseguridad e inflación; el papel de las redes sociales en la polarización; y el surgimiento de liderazgos populistas que se presentan como outsiders. Lo curioso es que estos líderes utilizan la “antipolítica” como bandera para ganar votos y ocupar las mismas posiciones que descalifican, prometiendo romper con todo lo establecido, que rara vez lo hacen.

Todo esto ha derivado en una “crisis de representación”, donde el ciudadano común siente que los “políticos” ya no defienden sus intereses, sino los propios, convirtiéndose en parte del problema y no de la solución.

Nos apartamos

La “antipolítica” crece cuando las instituciones fallan y no logran resolver los problemas básicos que he mencionado; pero olvidamos que parte del problema surge porque durante años nos hemos refugiado en la esfera privada −familiar, profesional, académica−, olvidando que en un sistema democrático todos somos actores políticos. Los políticos están donde los hemos colocado y dejado sin control, olvidando de paso que cuando un político se corrompe, usualmente hay un actor “no político’’, si tal cosa existiera, que se beneficia. Debemos asumir nuestro rol de ciudadanos activos, o en los partidos políticos o en las organizaciones de la sociedad civil.

Conclusión

Pero dije que hay dos elementos de naturaleza política y teórica por superar, uno es la antipolítica. Concluyamos mencionando el otro, que es un dato clave y está en la base de esta situación, que lo debemos conocer, concientizar y combatir, un fenómeno, que también ha crecido en los últimos años y que suele ser el caldo de cultivo para esta situación: la polarización extrema. La polarización no se trata de un número ni de un porcentaje, se ha convertido en una mentalidad, en una forma de posicionarse en la vida, un caparazón, un escudo frente a los otros, una manera de desconocer al prójimo y, como he dicho, algo que debemos concientizar y combatir, para hacer viable cualquier esfuerzo de “reconstrucción”.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com

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