El discurso del presidente chino Xi Jinping en la ceremonia inaugural de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (WAIC), celebrada el mes pasado en Shanghai, ha sido recibido como un documento bien planteado, con visión de Estado, con interrogantes, con acento en lo global y en lo humano. También como una señal de apertura de parte de China a tomar acciones más prácticas y asumir una perspectiva más visionaria.
El presidente chino cree que la comunidad de países debe tener un enfoque de la IA centrado en la gente y en el desarrollo de la IA para el bien, para lo positivo. “Debemos asegurar que la IA sea un importante motor para la prosperidad compartida y la seguridad común”, ha dicho. Los énfasis de sus palabras ponen de relieve compromisos como los de facilitar la innovación tecnológica y el desarrollo industrial, reforzar la conciencia del riesgo y asegurar que la IA sea controlable, hacer buen uso de las tecnologías de la IA para acrecentar la compresión y los intercambios, alentar la inclusión y promover el aprendizaje entre las civilizaciones. La insistencia en construir un sistema justo y razonable para la vigilancia de la IA se corresponde con la propuesta de establecer un marco de gobernanza global basado en consensos. Proponer que las reglas de la IA se decidan en la ONU desafía, de algún modo, el control unilateral de las grandes potencias tecnológicas actuales.
No ha faltado, sin embargo, quien interprete la iniciativa china como una ofensiva estratégica de Pekín para disputar la influencia norteamericana en materia tecnológica. Expertos en políticas destacan el rechazo de Xi Jinping a «extralimitar el concepto de seguridad nacional» y lo interpretan, entre otras limitaciones, como una crítica a los controles de exportación de chips y tecnología avanzada impuestos por Estados Unidos y sus aliados. El impulso de China a modelos de código abierto debería mostrar a ese país, según estos analistas, como un aliado frente al hermetismo y las barreras comerciales de los bloques occidentales.
El anuncio de la creación de la Organización Mundial para la Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO) ha sido visto como una propuesta para unir a la comunidad internacional en la promoción de un sistema de desarrollo y de gobernanza de la IA y como una medida para responder al llamado del Sur Global y contrarrestar la internacional Pax Silica liderada por Estados Unidos para, entre otros objetivos, garantizar la seguridad de las cadenas de suministro mundiales de IA y minerales críticos. El ofrecimiento de 5.000 becas a candidatos de países en desarrollo para programas de capacitación y seminarios sobre la IA busca, por su parte, impulsar un plan de capacitación masiva y consolidar la construcción de centros internacionales de cooperación para la aplicación de la IA.
La lectura de las palabras de Xi abre espacio para un sinnúmero de preguntas. ¿A quién corresponde el control? Hasta ahora, la IA parece haber seguido la línea de los capitales, de la posibilidad de expansión y de dominio. Su control no puede o no debería estar en el mismo ámbito. Para comenzar: ¿es controlable? ¿cómo? ¿quiénes pueden hacerlo? ¿quién controla a los controladores? Por de pronto, tratamos de saber cómo es vista la IA por el poder político, el económico, la ciencia, la filosofía, el humanismo.
Estamos frente a una herramienta para hacernos crecer, para potenciar nuestras capacidades, para abrirnos espacios al conocimiento. Hay riesgos, sin duda, y por ello es necesario normarlo más que limitarlo. Y usarlo para fines útiles a la ciencia y al desarrollo global y no para incidir en la manera de pensar de sus usuarios finales
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Gustavo Roosen
nesoor10@gmail.com








