La gerencia en Venezuela ha pasado largos años viviendo con la perspectiva del día a día, sin seguridades, agobiada por el exceso de controles y regulaciones, desequilibrada por los cambios en las normas y su aplicación. Esta gerencia ha conseguido sobrevivir constreñida por la inmediatez, con la grave limitación de la imposibilidad de planificar, visualizar nuevos horizontes, crecer, generar fortalezas y aprovechar oportunidades. Se ha establecido, de algún modo, la filosofía de tratar de adivinar y acomodarse, de asegurar como prioridad la supervivencia.
Cuando el país se encuentre finalmente ante la posibilidad de una economía con rasgos de apertura, se impondrá la planificación estratégica con sentido de largo plazo. Hacerlo significa fundamentalmente pasar de una gerencia reactiva a una gerencia prospectiva. Será preciso pensar en la actualización gerencial y tecnológica, en la valoración de la inversión y sus posibilidades de recuperación, en la sostenibilidad, el desarrollo de marcas, la recuperación y construcción de espacios de actividad productiva. Igualmente, habrá que poner el acento, de manera especial, en la selección y formación del personal, la valoración del talento, el estímulo a la meritocracia.
Para la gerencia venezolana debe ser preocupación de primer orden la inserción en un entorno económico volátil, el manejo de la inflación, el acceso limitado al crédito bancario, la superación del precario estado de los servicios públicos y, con más énfasis, la implementación de herramientas tecnológicas para optimizar procesos, la incentivación de la inversión nacional y foránea y el fortalecimiento de las capacidades para expandir su actividad al mercado exterior y para enfrentar con éxito la competencia de productos importados.
Lo prudente es no olvidar que uno de los resultados de las condiciones negativas de una economía restrictiva en Venezuela ha sido la reducción del interés y de la disposición a invertir en el país. No solo hay que enfrentar el debilitamiento de las empresas nacionales, sino la partida de importantes actores externos que han buscado otros mercados o se han orientado hacia otras actividades. Bancos, empresas de seguros, firmas de consumo masivo han abandonado el país, manteniendo en él solo estructuras de segundo nivel. Muchas de ellas han desconsolidado contablemente su actividad en el país. Venezuela dejó de contar para sus resultados.
En un mundo en evolución que se enfrenta a una nueva realidad económica y geopolítica, no caben ni la inercia ni el aislamiento, amenazas que el liderazgo corporativo y la gerencia solo pueden abordar con estrategias de largo plazo, competitivas, afirmadas en la planificación, en la actualización, en la atención a los cambios tecnológicos que multipliquen su capacidad innovadora. Cuando una transición hacia una política de apertura y de respeto a la libertad económica sea la regla, la gerencia en Venezuela tendrá que evolucionar de un modelo de supervivencia y resistencia a uno de competitividad y estabilidad. Deberá ver su reincorporación al juego económico como una oportunidad, confirmarse en los propósitos de diversificación y de innovación, optar por reinventarse y adaptarse creativamente a las nuevas condiciones del mercado.
Llegado el momento, el reto será exigente, pero alcanzable, siempre que se mantenga atención a los cambios internos y a los de un contexto internacional cada vez más retador y competitivo. El juego del mercado, no hay duda, alienta la apertura y estimula la calidad, la competencia, la innovación, la visión estratégica, el aprovechamiento de las oportunidades. En la base están, sin duda, la confianza en las reglas, la credibilidad, la estabilidad política y la Democracia.
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