Gustavo Roosen: ¿Cómo abordar este nuevo orden?

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Gustavo Roosen: ¿Cómo abordar este nuevo orden?

WhatsappLa declaración del “fin del orden mundial basado en reglas”, hecha por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha potenciado la discusión sobre un tema que redefine el cuadro de la geopolítica mundial. Causó sorpresa, desde luego, pero su aclaratoria posterior matiza la afirmación inicial y confirma su compromiso y el de la Unión Europea con el derecho internacional. El tema, sin embargo, no ha hecho sino ganar espacio en la atención de los medios. El gran viraje que se viene produciendo explica la creciente agudización de los conflictos, la conformación de nuevos alineamientos e incluso la posibilidad de encuadrarlos como una nueva forma de enfrentamiento de culturas.

Todo hace pensar que vamos hacia un nuevo orden internacional, marcado no por el poder de las reglas, sino por las reglas del poder. Estamos ante una forma de hacer política seguramente más dura, más impredecible, menos controlable. Frente al discurso conciliador, cuya eficacia ha sido puesta en duda cada vez con más frecuencia, parece haberse impuesto un modelo caracterizado por la unilateralidad y por formas agresivas de acción y de conducción. La multiplicación de los actores y de las formas de asociación sigue el ritmo de los intereses. Las batallas por la hegemonía ya no se libran solo con ejércitos y poderío económico, sino también con nuevos actores como las tecnologías, el control de las comunicaciones y del ciberespacio. El acceso a estas formas de poder ha determinado las nuevas alianzas, los nuevos riesgos, la identificación de estrategias de defensa y control.

Como señalan los estudiosos, la comprensión del alcance del cambio se ha hecho cada vez más relevante para entender la geopolítica contemporánea, incluyendo los conflictos regionales, las asociaciones, la influencia de las potencias emergentes, la competencia por los recursos, particularmente los energéticos y tecnológicos. Frente al imperio del capitalismo puro y duro que parece estar abriéndose paso, cobra especial valor la competencia como elemento diferenciador, la productividad del trabajo y del capital, el alineamiento en torno a los objetivos económicos más que la cercanía ideológica o incluso geográfica.

Frente al nuevo modelo donde pareciera imperar la ley de los más fuertes caben algunas preguntas. Tiene sentido interrogarse, por ejemplo, sobre su sostenibilidad dentro del respeto del imperativo derecho a la individualidad y la autodeterminación de cada nación. Preguntarse sobre el riesgo de formas de tutelaje invasivas, sobre la vigencia de la democracia como expresión de las sociedades libres. Para los propulsores del nuevo esquema parecieran tener poca importancia los posibles daños colaterales de sus acciones. Cabe, sin embargo, cuestionarse sobre la manera de evitarlos y de evitar la confrontación salvaje.

Mirémoslo con asertividad: sí, estamos asistiendo a un nuevo orden donde las reglas las están imponiendo los más poderosos. Es preciso estar atentos a su evolución y no perder de vista la relevancia del ejercicio de las libertades que garantizan la democracia al interior de cada país y el entendimiento pacífico a escala de la globalidad.

El escritor español Arturo Pérez Reverte analiza el caso europeo frente al nuevo esquema mundial. Su análisis incluye tanto la crítica a la dependencia respecto del Estado como la valoración de una cultura que anima a asumir responsabilidades, abandonar la autocomplacencia, exigir a los gobernantes “menos demagogia y más razón, más esfuerzo y trabajo, más dignidad y más coherencia”. Occidente se precia, con razón, de una tradición humanista que defiende la dignidad del individuo, el estado de derecho y las libertades. Se trata de valores que no coliden con las características que definen el nuevo orden mundial y que sientan las bases para una convivencia en desarrollo y para la defensa de la paz.

Gustavo Roosen

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