El comisario de Comercio y Seguridad Económica de la Comisión Europea, Maroš Šefčovič (izquierda) y el ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, Rubén Ramírez, se saludan tras la firma del acuerdo / Foto: EFE
La Unión Europea y Mercosur firman finalmente el acuerdo de libre comercio, para cuya definición iniciaron negociaciones en 1999. El largo período de conversaciones pone de manifiesto las dudas y desacuerdos que han debido superar, pero también muestra la transformación del plano geopolítico mundial. No solo vivimos un tiempo en el que para el intercambio comercial importan menos las distancias, sino muy especialmente una realidad mundial en la que los alineamientos de poder y los liderazgos son otros, y en que son determinantes los efectos del avance tecnológico, el suministro seguro de materias primas esenciales, la competencia entre bloques, la confiabilidad y estabilidad de las reglas.
El acuerdo Mercosur-UE resulta del esfuerzo por ampliar y fortalecer los lazos entre Europa y América Latina para diversificar el comercio y las cadenas de suministro. El pacto histórico que sellarán la partes afectará a más de 740 millones de ciudadanos. La simplificación del intercambio de servicios impulsará las exportaciones de la UE en 49.000 millones de euros y las del Mercosur en 9.000 millones.
El acuerdo busca crear una de las zonas económicas más grandes del mundo, con ventajas como eliminación de aranceles, impulso al comercio, inversión y competitividad, acceso preferencial a mercados, fomento de la inversión, promoción de la cooperación en temas ambientales y laborales. Este instrumento dará lugar a la mayor zona de libre comercio del mundo, con cerca del 25% del PIB global. Suprimirá más del 90% de los aranceles a las exportaciones europeas beneficiando a sectores como el de vehículos, la ingeniería mecánica y el farmacéutico El ahorro para las empresas importadoras superaría 4.000 millones de euros anuales.
El retraso de un cuarto de siglo en las negociaciones puede ser atribuido a muchas causas. Uno de los elementos más publicitados ha sido, sin duda, la presión de los agricultores europeos, liderados por Francia. Para desactivar el conflicto, fueron incorporadas finalmente cláusulas específicas de protección agrícola y añadidas salvaguardias que buscan garantizar el cumplimiento de normas similares en la producción de alimentos.
En el terreno del comercio de manufactura y productos industriales la interacción creciente con los países de Mercosur plantea a Europa la posibilidad insertarse eficientemente en un mercado con alto potencial de crecimiento del PIB que envuelve a 270 millones de habitantes y de desplazar a China, quien hoy en día resulta ser líder de las importaciones regionales en sectores como maquinaria, equipos electrónicos, vehículos y productos químicos. En cifras más gruesas, la participación de la UE en el comercio exterior de Mercosur se ha desplomado pasando del 31% a 15% desde el año 2000 a esta fecha, mientras que la de China ha pasado del 2% al 24 % en el mismo período.
La firma del acuerdo llega en un momento de reordenación de las alianzas globales, un panorama marcado por las guerras comerciales entre grandes potencias y la fragmentación de las cadenas de suministro, factores que han evidenciado la necesidad de diversificar socios estratégicos. Para quienes se preguntan cuál fue el elemento impulsor de la firma del acuerdo, Agathe Demarais, investigadora de un centro de estudios del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, afirma que «no firmar el acuerdo de libre comercio entre la UE y el Mercosur corría el riesgo de acercar las economías latinoamericanas a la órbita de Pekín”.
La suscripción del acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur pone fin a un largo ejercicio de voluntad política y expresa la determinación de utilizar para provecho mutuo una oportunidad estratégica de mucho calibre. El acuerdo refuerza la preocupación de ambas partes por garantizar su autonomía estratégica mediante el refuerzo de cadenas de suministro y la diversificación de fuentes críticas. Es, finalmente, la reafirmación de la cooperación, la negación al aislamiento, la opción por los pilares de la seguridad y la previsibilidad.
Gustavo Roosen









