¿Sabía usted, señor presidente, que el segundo comandante de la brigada de drones más exitosa en Ucrania es un colombiano?
Los atentados con drones han ido en aumento: 2 ataques en 2023, 108 en 2024, 277 en 2025 y en 2026, hasta el 15 de septiembre, más de 420 atentados. Los ataques han ocurrido mayoritariamente en zonas de cultivos de coca, deforestación y minería ilegal. Quizás por eso esta amenaza aún no forma parte de la discusión pública sobre la gravedad de la amenaza que vive Colombia por este desarrollo tecnológico en la guerra híbrida que vivimos.
Obviamente, son los tres grandes grupos criminales los que utilizan drones para atacar a la fuerza pública y para proteger sus rentas ilegales. El Clan del Golfo, la principal organización criminal que tiene el país, el ELN y las Farc ya utilizan esta tecnología con gran efectividad. No nos digamos mentiras, la superioridad tecnológica que hoy tienen estos grupos criminales sobre el Estado colombiano es indudable. Y la amenaza crece todos los días sin que aún veamos una respuesta clara y contundente por parte de nuestras Fuerzas Armadas. Es más, hace poco menos de un mes, un ataque con drones contra un radar de la Aerocivil en la zona de Candelaria, en el Valle del Cauca, mostró la capacidad de estos grupos terroristas para ejecutar atentados contra cualquier infraestructura crítica civil, y sobre todo la deficiencia del Estado colombiano para evitarlo. Ayer fue el aeropuerto de Cali, o por lo menos uno de los instrumentos fundamentales en su operación. Mañana puede ser la refinería de Ecopetrol o el mismo Palacio de Nariño.
Sí, de ese tamaño es la amenaza. No debemos minimizarla. Y la acción que se requiere para contrarrestarla es urgente y no da espera. No se trata solo de la compra de drones, pues esto es apenas un instrumento en este nuevo escenario militar. Se necesita construir todo un ecosistema educativo, tecnológico, industrial y de doctrina militar que transforme fundamentalmente cómo se recluta, se entrena y se opera en las Fuerzas Armadas y en la sociedad.
La cooperación internacional es fundamental y la adquisición de tecnología debe ser parte de esta nueva política, pero no nos equivoquemos: tenemos que construir nuestra propia industria militar y tecnológica para poder atender un escenario de guerra que cambia casi todos los días. No es sino mirar lo que está pasando en Ucrania para darse cuenta de que depender de otros países en la defensa propia genera unas debilidades que crean grandes amenazas, cuando un país no tiene todos los mecanismos para neutralizar a un enemigo que aprende más rápido, no tiene restricciones legales y utiliza todo tipo de acciones para causar daño.
En este momento de urgencia, que solo va a empeorar, es difícil de entender que, con la crisis fiscal brutal que tenemos, el Gobierno siga empeñado en comprar unos aviones que por ahora no se necesitan y cuyos recursos son fundamentales para la creación de este nuevo ecosistema militar. ¿Nos vamos a gastar 4.000 millones de dólares en unos aviones que no son de última generación y sin una amenaza inminente de invasión? La verdad, es difícil de entender que un negocio corrupto como el que se hizo con los aviones Grippen siga vivo y, la verdad, sorprende que un Gobierno que a cuatro vientos proclama una lucha frontal contra la corrupción lo mantenga.
Presidente De La Espriella, usted puso sobre sus hombros, enhorabuena, la seguridad de Colombia y tomó la decisión, casi que exclusivamente, de que esa sería su función primordial como gobernante. Sus acciones valientes les han devuelto la confianza a unas Fuerzas Militares desmoralizadas por lo que pasó durante los cuatro años anteriores. Sin embargo, el problema de seguridad es mucho más de fondo y necesita una verdadera revolución en el interior de la sociedad y de las Fuerzas Militares y de Policía para enfrentar este nuevo reto del siglo XXI.
Ucrania es el ejemplo. Todos los países del mundo hoy tienen delegaciones militares aprendiendo de lo que allí hicieron y están haciendo. Colombia no tiene delegación militar en ese país. Increíble. No es su responsabilidad, pues esa es herencia del funesto Gobierno anterior, pero es hora de cambiar las cosas. ¿Sabía usted, señor presidente, que el segundo comandante de la brigada de drones más exitosa en Ucrania es un colombiano? Un suboficial colombiano.
¿Qué hacer? Lo primero es traer a ese suboficial y a muchos otros que hoy están combatiendo en Ucrania para aprender de ellos y para que se conviertan en la semilla de transformación. Lo segundo es enviar una delegación militar y policial de primera categoría a Ucrania con gran capacidad de aprendizaje para que todo lo que allí pase se pueda implementar acá, obviamente, adaptado a nuestro entorno, que es bien complejo, empezando por la geografía. Lo tercero es crear los incentivos para construir toda una nueva industria militar, pública y privada, que tenga la capacidad de adaptarse a unos nuevos escenarios militares y de seguridad que van a cambiar radicalmente por la inteligencia artificial. Cuarto, y casi más importante, es transformar la educación superior para que este nuevo escenario de necesidades en inteligencia artificial, en diseño de nuevos instrumentos militares y policiales y en la adaptación de la tecnología a los cambios en materia de seguridad sean privilegiados en presupuesto y en investigación a fin de estar al día en una industria fundamental para enfrentar los retos de seguridad que Colombia y la región van a tener en las próximas décadas.
Presidente, si no lo hace, vamos a perder la guerra. No hay tiempo que perder.
Francisco Santos
Revista Semana









