Fernando Rodríguez: La república inédita

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Fernando Rodríguez: La república inédita

Ningún politólogo imaginativo podría concebir un escenario como el que vive Venezuela estos días —o meses o años futuros—. Agarran preso al jefe del gobierno, que no presidente, mandaba en el país fraudulentamente como todos saben.

Lo agarra la bestia de Donald Trump en un operativo sin precedentes, ni en las películas de James Bond. De paso con 100 muertos, ningún gringo.

Es sórdido y no por el mandatario, sino por profanar la soberanía venezolana —más por soberanía que por venezolana, que todas se equivalen—. Hasta aquí hay por ahí unos cuantos equivalentes, pero lo que es deslumbrante es que se nombra a la vicepresidenta presidenta —perdonen la mala retórica, pero es por ser claro— y dejan el aparato institucional intacto.

Casi porque lo más extravagante politológicamente hablando es que dicho gobierno, que fantasioso e ignorante se llama de izquierda, debe cumplir las órdenes de la bestia citada, Donald por si no está claro. De manera que queda un gobierno de dos pisos, muy bien separados y sobre todo explícitamente diferenciados.

Donald dice «si no me obedeces te mato» y Delcy acata, pero no deja de rezongar alguna frase contra el sucio imperialismo de toda la vida.

Para terminar el engendro no hay que olvidar que por ahora la heroína nacional, la Premio Nobel, la adalid de la familia unida, la que ganó las elecciones (bueno, ya sé, González Urrutia), etcétera, la pusieron a jugar banco con una torpe e hiriente frase del espantoso orador que es Donald. No hay derecho, pero ella dice que lo sigue queriendo, no le queda otra… para mañana sí, pero mañana vendrá, vaya usted a saber con qué.

Todo esto hace que los ciudadanos se hayan enredado mucho. No pueden aplaudir al invasor por lo dicho, y porque además por racista ha tratado a los migrantes compatriotas a patadas y pareciera que quiere robarse el país, convertirlo en otra empresa suya.

Tampoco a la dama en el poder, porque su alma se deja ver, tan cínica como su hermano. La oposición, ni la buena ni la mala, no tuvieron vela en este entierro. María Corina es para mañana, si el destino la acompaña. Entonces callar, silencio. Es también la única caída de un tirano silenciosa.

Como verán estamos ante lo insólito, como un cuadro o un poema surrealista, por ejemplo un ready-made de Marcel Duchamp, que no sea el urinario que debe oler mal.

P.S.: Por cierto, me acaban de decir que están soltando a los presos. Alguna hay que ganar sin peros ni contradicciones. Ahora los exiliados, los de verdad, no los turistas perennes ni las almas bellas.

 

Fernando Rodríguez

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