No puede haber libertad política cuando la existencia de presos políticos, exiliados políticos y perseguidos políticos se convierte en regla general. Una cosa es incompatible con la otra.
Es más, la dimensión de esta tragedia da cuenta del grado de despotismo y arbitrariedad que prevalece. Si las presiones internacionales logran la excarcelación de un número estimable de las víctimas, no se puede bajar la guardia en ese camino.
Pero tampoco se puede proclamar que el cambio democrático se hace realidad. No es así. La hegemonía imperante no permite el cambio democrático: lo aprisiona. Y hay que ser cuidadosos en apreciar los hechos en su justa realidad.
Un país sin presos políticos, es decir sin presos por razones de conciencia y oposición al poder establecido, sólo llegará cuando se restablezca la soberanía constitucional, el estado de derecho y el aseguramiento de los derechos humanos.
Sólo la libertad como fundamento del sistema institucional, permitirá que los presos políticos recuperen de manera plena sus derechos, que los exiliados políticos puedan regresar a su patria, y vivir en paz al igual que los otrora perseguidos políticos.
Serán los presos que la nueva libertad devuelve a sus familias, a su pueblo, al derecho esencial de la libertad política. Hay que luchar con mucha fuerza para que todo ello suceda.
Fernando Egaña









