Los teléfonos celulares no se podrán usar en el aula ni en los recreos en escuelas de varios distritosRicardo Pristupluk
En septiembre último, la Legislatura bonaerense sancionó una ley que, en un marco de propuestas más amplias, prohíbe la presencia de celulares y pantallas en establecimientos de nivel primario, tanto en escuelas públicas como privadas, a menos que un docente lo habilite. El pedido surgió precisamente de los docentes, las autoridades y algunos padres, y la ley, en parte, llegó para regular lo que en muchos colegios ya se hacía. La medida se hizo efectiva en el inicio del año escolar y alcanza a 1,5 millones de estudiantes bonaerenses que deben mantener apagados y guardados sus celulares durante toda la jornada.
La Ciudad de Buenos Aires, Neuquén y Salta ya instrumentaron medidas similares con notables transformaciones en la dinámica escolar, muy buenos resultados -sobre todo en los recreos-, espacios recuperados para el movimiento, el encuentro y el juego cara a cara.
El objetivo ha sido claramente facilitar la concentración de los estudiantes para aprovechar al máximo cada hora de clase. El informe PISA 2024 daba cuenta de que un 54% de los alumnos secundarios bonaerenses reconocían que el celular los distraía. La alfabetización y la socialización básica, que son claves antes de los 12 años, aconsejaron limitar el uso de celulares en primaria. Una ampliación de la referida ley bonaerense que contemple el ámbito secundario espera tratamiento en Diputados. En este caso, con alumnos secundarios más orientados ya a la alfabetización digital y el pensamiento crítico, se debate si convendrá favorecer en cambio un uso responsable o también restringirlo.
Reemplazar el juego en línea por el presencial reduce el aislamiento socialque muchas veces exacerba sentimientos de alienación y violencia, además de problemas auditivos, visuales, de postura, ansiedad, sedentarismo y obesidad. La prohibición de uso libera también a los chicos de las interrupciones por notificaciones, aumentando la capacidad de concentración y escucha y aliviándoles la presión de las redes.
Los efectos nocivos del uso excesivo de dispositivos han quedado sobradamente demostrado, pudiendo derivar a problemas vinculados con la salud mental. Los chicos deben recibir orientación respecto del uso de tecnología , sus riesgos y conflictos, así como aprender a integrar los dispositivos con criterio pedagógico cuando sea posible, convirtiéndola en una valiosa herramienta. El rol de la escuela y la familia en esta tarea es indelegable. Los colegios celebran que los padres se involucren para avanzar juntos en la dirección deseada y medidas como la que comentamos contribuyen a la indispensable mejora de los aprendizajes.










