Editorial EL PAÍS: ‘Midterms’ con impacto global

Editorial EL PAÍS: ‘Midterms’ con impacto global

Una derrota republicana convertirá a Trump en un pato cojo, pero preservará su capacidad de acción en el exterior

Es difícil exagerar el impacto de las elecciones estadounidenses de este martes, para Estados Unidos y para el resto del mundo. Las legislativas de medio mandato, en las que se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, se presentan como la oportunidad de enjuiciar el desempeño del presidente Donald Trump. Casi dos años después de su regreso al poder y una década después de su primer triunfo por sorpresa, los estadounidenses votan sobre el final de una de las carreras políticas más extravagantes de la historia de la democracia moderna.

Por delante, le quedan dos años en la Casa Blanca. Si, como auguran las encuestas, los demócratas recuperan una o ambas cámaras, tendrán suficiente poder como para complicarle el final de su segundo mandato. Incluso podrían plantear un impeachment, un juicio político para destituirlo. Una incógnita es cómo reaccionará el movimiento MAGA, la base de adeptos que, pese a haber prestado a Trump un apoyo incondicional, empieza a ofrecer tímidos signos de hartazgo. Porque estos fieles cuentan con motivos parecidos para darle la espalda a los del resto de sus conciudadanos: una absurda aventura bélica en Irán que ha contribuido a encarecer la energía, una Administración y un clan presidencial que no disimula la corrupción, una cruel campaña contra los inmigrantes y una economía que, aunque crece, se ve lastrada por la inflación y el encarecimiento del coste de la vida.

Ante este contexto adverso, la respuesta del presidente de Estados Unidos ha consistido en llamar a votar como si él estuviera en la papeleta, otra demostración de la extraordinaria confianza de Trump en sí mismo, y que explica haya que creído que podía darle la vuelta a lo sondeos multiplicándose en casi 30 mítines por los estados más disputados. Inevitablemente estos discursos se han convertido en espectáculos llenos de insultos, chistes de mal gusto, mentiras y salidas de tono que a ratos han sido desconcertantes, aunque viniesen de alguien que ha hecho de estos gestos y esta retórica su exitosa marca de identidad.

Otra incógnita es si, en el caso de derrota, Trump y los suyos aceptarán los resultados. No hay que darlo por hecho, visto el precedente de la derrota ante Joe Biden en las presidenciales de 2020, que desembocó en el asalto trumpista al Capitolio. Y en el último año, su Administración ha ensayado todo tipo de maniobras, desde los ataques al voto por correo a la propagación del bulo de una supuesta plaga de votantes indocumentados o la amenaza con desplegar agentes federales en los colegios. Los esfuerzos por sembrar la desconfianza en el sistema electoral no son exclusivos de EE UU, pero lo que suceda allí estos días dará una señal al resto del mundo sobre la fortaleza de la democracia estadounidense.

Existe también otra posibilidad: que, si los demócratas ganan la mayoría en el Capitolio y el presidente acepta el resultado sin impugnarlo, la agenda nacional del trumpismo quede encallada y entonces la Casa Blanca se vuelque en la política exterior. De Irán a Cuba y de Ucrania a Latinoamérica, son muchos los asuntos abiertos para la vieja potencia. Y es considerable la capacidad de Trump, sin las manos atadas como las tendrá en casa, de seguir sembrando en el mundo el caos y la división. Una derrota de los republicanos sería un alivio para los aliados de EE UU, pero el mayor error de Europa y las democracias sería creer que con estas midterms volverá la normalidad.

 

Editorial El Pais

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