Editorial de El Tiempo: Los cien de Mel Brooks

Editorial de El Tiempo: Los cien de Mel Brooks

Escribió, produjo, dirigió e interpretó algunas de las mejores parodias que se han hecho en la televisión, el cine y el teatro.

Actor y comediante estadounidense Mel Brooks. Foto: Andy Rain. Archivo EFE

Está cumpliendo cien años Mel Brooks. Y, para darle el regalo que se merece, el American Film Institute ha movido su película Locura en el Oeste (1974) del sexto puesto al primer lugar de la lista de las cien mejores comedias de la historia del cine. Sigue, en el número once, su ópera prima como cineasta: Los productores (1967). Y más adelante, en el trece, la más sofisticada de sus parodias: El joven Frankenstein (1974). Pero también podría hablarse de su Película muda (1976), en la que el único que habla es Marcel Marceau, o de su La loca historia del mundo (1981), en la que los quince mandamientos de la ley de Dios terminan siendo diez por culpa de las manos temblorosas de Moisés.

Mel Brooks, que nació el 28 de junio de 1926 en Nueva York y fue bautizado con el nombre de Melvin James Kaminsky, es uno de los comediantes más reconocidos de la historia del espectáculo. Comenzó su carrera en los años cincuenta como escritor del programa cómico Your Show of Shows. Se volvió una figura mítica cuando se inventó, junto con su gran amigo Carl Reiner, un personaje popularísimo llamado “el hombre de dos mil años”. Después, junto con el guionista Buck Henry, se le vino a la cabeza la popular e inolvidable serie satírica El superagente 86. Fue a finales de los sesenta, ya casado con la actriz Anne Bancroft, el amor de su vida, cuando dio el salto al mundo del cine.

Escribió, produjo, dirigió e interpretó algunas de las mejores parodias que se han hecho en la televisión, el cine y el teatro, pero su honda sensibilidad dejó también un par de conmovedoras versiones de dos reconocidas sátiras, Las doce sillas (1970) y Soy o no soy (1983), además de una serie de atípicas producciones de Hollywood dirigidas por talentos como David Lynch o David Cronenberg.
Mel Brooks sigue trabajando. A los cien, sigue haciendo reír porque “es la única manera de lidiar con el mundo” y porque “es un grito de protesta contra la muerte”.

 

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