Donald Trump está de cumpleaños este domingo. Ochenta años, que celebra mientras su país es la sede que acogerá más juegos del vigésimo tercer Mundial de Fútbol, también con varios frentes abiertos en el tablero global, uno de ellos Venezuela, donde todo rueda very good. El presidente estadounidense no ha escatimado los elogios a Delcy Rodríguez, siempre dispuesta a atender y complacer a sus enviados. Es la mujer de Washington en Caracas, quién lo iba a imaginar.
¿Qué podemos esperar los venezolanos de Trump? Nadie -incluso los hermanos Rodríguez, puertas adentro – deja de reconocer los beneficios de la operación del 3 de enero. Nicolás Maduro desapareció de la escena, el régimen demostró que solo sabe enfrentar y someter a la población desarmada, las cárceles comenzaron a abrirse, la gente volvió a las calles para protestar y para hacer actividad política, pero hasta allí. Mientras avanza la agenda económica a la velocidad que satisface a Washington, la política, de lo que tiene que ver con el desmontaje de la estructura represiva y la adopción de medidas para organizar un proceso electoral hay poco o muy poco.
Y el tiempo pasa, con la sensación de que quienes mandan se sienten cada vez más cómodos. Se reacomoda el elenco alrededor del poder central, fueron designados un nuevo fiscal y una nueva defensora del pueblo afines a Miraflores, se avanza en una reforma judicial que presagia un nuevo desencanto y se alarga el drama de los presos políticos. ¿De qué forma presiona Washington en esas áreas? Si es que presiona. Solo Marco Rubio habla de la política, de las elecciones que algún día llegarán, como por arte de magia.
El interés del gobierno estadounidense es uno y el de los venezolanos otro. En el discurso global de Donald Trump la palabra democracia apenas aparece, sí el dinero y los negocios. Parodiando al dirigente chino Deng Xiaoping, fallecido en 1997, “no importa el color del gato, con tal de que cace ratones”. Una expresión pragmática que justifica los resultados por encima, en nuestro caso, de si hay o no transición democrática. Delcy garantiza una aparente estabilidad y obediencia, aunque no se sabe hasta cuándo.
Lo que esperamos de Donald Trump y de su administración es que facilite el regreso de María Corina Machado a Venezuela. Esa sería una buena señal. Fantastic. La oposición democrática necesita a su líder al frente en un momento en el que es posible recuperar la vida democrática a la que aspiran los venezolanos e impulsar con una mayor energía y convicción la recuperación económica y social del país.
Estados Unidos celebrará en menos de un mes los 250 años de su independencia, de su presencia en el mundo como un faro de libertad y democracia. Ambos conceptos, libertad y democracia, son condiciones indispensables para crecer, progresar y crear riqueza, material y espiritual. Mantener viva esa llama es la forma en la Estados Unidos seguirá siendo grande.











