En el corazón de Madrid latió también el de Venezuela. Acto multitudinario, emotivo y contundente. María Corina Machado encarna un liderazgo con sólido apoyo popular y emana una energía contagiosa. Dentro y fuera de una Venezuela que vive y se hace sentir en muchos países. En ese liderazgo, en esa fuerza poderosa, anida la aspiración a ser una sociedad libre y democrática.
¿Cuántos líderes políticos del mundo pudieran hacer una convocatoria parecida a la del sábado en la madrileña Puerta del Sol? Ninguno en Venezuela, seguro. Salvo ella. Cuando vuelva, cuando pueda convocar a la gente, la gente la acompañará sin pestañear. Es una enorme y extravagante paradoja la que vivimos los venezolanos: tenemos un liderazgo admirado al que le queremos confiar las riendas de un gobierno legítimo, pero las fuerzas de la oscuridad -sin calle, ni entusiasmo- se oponen con toda clase de artimañas para que sigan al mando los que la amplia mayoría rechaza. La favorita de las argucias es que no hay condiciones para convocar a elecciones.
María Corina desmontó la falsa argumentación con poquitas pero certeras palabras: “Hasta hace poco había algunos actores que insistían en que había que acatar cada vez que el régimen inventaba una elección fraudulenta (…) todos decían que había que salir corriendo a hacerle la farsa al régimen, cuando denunciamos el fraude nos decían que éramos abstencionistas, el 28 de julio demostramos el fraude, y esos mismos que querían votar con fraude, ahora no quieren votar sin fraude..”
Entre tantas cosas que le gustan a los venezolanos, las elecciones están entre las primeras. No ahora, desde hace más de 60 años. En la década de los sesenta, con alzamientos guerrilleros cada dos por tres, más de 90% del padrón electoral concurría a las urnas (93% en 1958, 10 meses después de la huida de Pérez Jiménez; 96% una década más tarde cuando se produjo el primer traspaso de mando de un partido a otro en el siglo XX). Es un caso extraordinario de apego al voto, a la solución pacífica de las crisis políticas. No somos un pueblo violento lo que derrumba todo ese aparataje de leyes contra el odio y el terrorismo impuestas por quienes se levantaron en armas en 1992 y han ejercido el poder amenazando siempre con que tenían las balas y el fuego a su disposición.
La multitud que escuchó a María Corina la acompañó con el grito de “elecciones, elecciones”. Es un clamor nacional. Venezuela necesita un gobierno legitimado por la voluntad de la gente. Porque de ello deriva la certeza de que recuperaremos la democracia, la libertad, la vigencia de la ley, la restitución de los derechos constitucionales y las garantías del respeto la propiedad privada de sus ciudadanos y de quienes vengan a invertir en la recuperación del país.
La gira de María Corina por Europa, sus encuentros en Francia, Países Bajos e Italia, con su acto de calle en Madrid, refuerza la idea de seguir perseverando por la transición democrática y que la gente -los venezolanos- sean el centro, el motivo y el corazón vibrante de una lucha justa y corajuda.
PD: En la sociedad que aspiramos a ser no caben cánticos difamantes, como los que Carlos Baute acompañó desde el micrófono

Isabel Díaz Ayuso y María Corina Machado











