El doble terremoto que acaba de sacudir el norte del país no tomó por sorpresa a la comunidad científica, pero sí encontró a una nación completamente desarmada para monitorearla. En entrevista exclusiva para EL MUNDO, el doctor Raúl Estévez, geofísico, fundador del Laboratorio de Sismología de la Universidad de Los Andes (ULA) y una de las mentes más brillantes de la sismología nacional, revela una realidad alarmante: el país enfrenta las réplicas prácticamente a ciegas.
1. El occidente era una “bomba de tiempo”
En la cultura popular venezolana se sabe que el país tiembla por ciclos, pero los expertos ya sabían exactamente dónde ocurriría el próximo gran golpe.
«No es extraño lo que pasó», explica el profesor Estévez. «La liberación de energía se produce por sectores. En 1967, la falla de San Sebastián fracturó Caracas; en 1997, el sismo de Cariaco liberó la tensión en el oriente. Faltaba el occidente para equiparar la balanza. Desde finales del siglo pasado veníamos advirtiendo que el próximo gran terremoto sería allí. Ocurrió en lo que llamamos una ‘zona de silencio sísmico’ o brecha, un tramo de la falla que pasa demasiado tiempo acumulando presión sin moverse».
Sin embargo, el científico destaca una anomalía: el hecho de que se registraran dos terremotos masivos casi simultáneos y con epicentros a tan pocos kilómetros de diferencia es un fenómeno sumamente inusual en los registros históricos del país.
2. Monitoreo en ruinas: Depender de satélites extranjeros
La revelación más grave del especialista apunta directamente al desmantelamiento de la infraestructura científica local por problemas de gobernanza y presupuestos.
-
El colapso de la red: «Venezuela llegó a tener unas 300 estaciones sísmicas. Hoy apenas quedan funcionando tres o cuatro en todo el territorio nacional».
-
La fuga de cerebros: «En nuestro laboratorio de la ULA trabajábamos 14 profesores titulares y manteníamos 25 estaciones. Eso desapareció por completo. Las generaciones de relevo migraron por los salarios de miseria. Nos quedamos sin los profesionales necesarios».
-
Datos prestados: Estévez confiesa que los detalles actuales de la tragedia se conocen gracias a la tecnología exterior: «Los datos que usamos hoy provienen de las estaciones del Servicio Geológico de EE. UU. (USGS) y de Europa. Por ellos sabemos que los epicentros se ubicaron entre 20 y 30 kilómetros al suroeste de Morón, donde empalman las fallas de Boconó y San Sebastián».
3. El misterio del subsuelo de Caracas y el drama de La Guaira
Al ser consultado sobre por qué los daños son tan severos en Caracas y el litoral central si el epicentro fue en el occidente, el físico desglosa dos realidades distintas:
-
En La Guaira: El desastre responde a la altísima densidad de población, su topografía y la cercanía al mar. Es un terreno propenso a deslizamientos de tierra y flujos de lodo que corren por las quebradas e inundan todo a su paso.
-
En Caracas (El ‘efecto filtro’): El peligro no es solo cómo se construye, sino dónde. «Caracas está asentada sobre una capa de sedimentos muy profundos y frágiles (de 50 metros o más). Este suelo blando actúa como un filtro: frena las ondas sísmicas rápidas pero deja pasar las frecuencias bajas. Estas entran en resonancia con los edificios más altos, haciéndolos tambalear hasta colapsar. Por eso zonas como Altamira, Los Palos Grandes, Chacao y San Bernardino vuelven a ser las más golpeadas, tal como en 1967».
Por el contrario, el experto descartó la posibilidad de un tsunami. Explicó que las fallas locales se mueven de forma horizontal (bloques que chocan de lado) y no vertical, que es el movimiento brusco del fondo marino necesario para levantar una gran masa de agua.
Guía de supervivencia del experto ante las réplicas
Estévez advierte que la población de la región central debe mantenerse en alerta máxima, pues las réplicas de magnitud 5 o 6 pueden continuar ocurriendo incluso semanas después del evento principal. El científico dicta cuatro pautas obligatorias:
-
No vuelva a casa a ciegas: «No regrese a estructuras que tengan grietas visibles en vigas o columnas. La edificación debe ser evaluada primero por un ingeniero o bomberos entrenados».
-
Cierre los servicios: «Corte el gas por 24 o 48 horas. Las chispas o fugas invisibles provocan incendios post-terremoto. Además, asuma que el agua de tubería está contaminada por rupturas subterráneas».
-
Evite los ‘péndulos invertidos’: «Si evacúa a un espacio abierto, aléjese por completo de los postes con transformadores eléctricos. Con las réplicas, actúan como péndulos invertidos y colapsan con facilidad».
-
Cuidado en la montaña: «En las zonas altas, los derrumbes pueden tapar ríos y quebradas temporalmente, creando represas artificiales que al romperse generan aludes e inundaciones traicioneras colina abajo».









