CésarPérez Vivas: Las tentaciones en la vida política

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CésarPérez Vivas: Las tentaciones en la vida política

Las tentaciones constituyen impulsos que inducen a las personas a realizar acciones incorrectas, prohibidas o perjudiciales, tanto para los propios individuos como para el conjunto de la sociedad. Aunque pueden resultar atractivas a primera vista, sus efectos son profundamente negativos a mediano y largo plazo.

En el ámbito político, estas debilidades suelen ser mucho más destructivas y sus impactos, más gravosos. Más allá del daño personal, las tentaciones socavan a las sociedades, erosionan el bien común y generan desequilibrios profundos que impiden alcanzar la estabilidad y el bienestar social.

Hoy, bajo el contexto de la Venezuela autoritaria, el acontecer político cotidiano enfrenta dilemas formidables. Tras los hechos del pasado 3 de enero, cuando la cúpula que usurpa el poder se vio fracturada por la extracción de Nicolás Maduro y su posterior sometimiento a la justicia estadounidense, se abrió una ventana de esperanza para el cambio en nuestro país. Sin embargo, este nuevo escenario también ha provocado que diversos actores políticos reciban —y cedan ante— peligrosas tentaciones.

Por el lado del régimen, la tentación de perpetuarse en el poder y la ambición de seguir usufructuándolo los ha llevado a renunciar a cualquier principio o dignidad. En su afán por encontrar una salida fácil a su crítica situación, los integrantes de esta cúpula se han convertido en funcionarios obedientes al servicio del gobierno de los Estados Unidos, contradiciendo todo el discurso y los planteamientos que sostuvieron durante los años de la auto definida Revolución Bolivariana. Además de perpetuarse, el espíritu del saqueo y la aplicación de la violencia autoritaria, siguen siendo patrones de comportamiento presentes en todos los niveles y ramas del poder púbico.

Por otra parte, en los sectores de la sociedad democrática también se han desatado vicios complejos: la ambición, el oportunismo, el afán por el  protagonismo exacerbado y el deseo furtivo de ocupar posiciones de poder. Al caer en estas tentaciones, se desconocen liderazgos legítimos, se desatan guerras absurdas en municipios, estados y por supuesto en el plano nacional que ponen en riesgo la oportunidad histórica de recuperar la libertad y la institucionalidad del         país. El necesario debate no se centra en los contenidos de la política a desarrollar sino en la calumnia y la descalificación personal.

La obsesión por el protagonismo es uno de los males que más fractura a las fuerzas democráticas en esta hora crucial. A esto se suma la tentación de la antropofagia política, esa práctica destructiva mediante la cual se busca anular a quienes se consideran competidores directos o relevos en el liderazgo.

A lo largo de los 26 años que ya transcurren de este siglo XXI, hemos visto cómo esta pugna interna ha sido aprovechada con destreza por la dictadura. El régimen ha sabido estimular la división, comprar a los ambiciosos que solo buscan el lucro individual y alimentar los egos para fomentar el    fraccionalismo.

En este momento, cuando Venezuela busca desesperadamente una alternancia en el poder, reaparecen los proyectos personales y partidistas por encima del rescate de la nación. Coexisten en la vida pública quienes sueñan con el poder para el beneficio propio y no para el desarrollo de un proyecto de país que devuelva la dignidad a sus ciudadanos.

Estamos en una hora crucial. El éxito del esfuerzo ciudadano para conquistar la libertad dependerá, estrictamente, de nuestra capacidad colectiva para derrotar estas tentaciones y abrir un cauce honesto hacia la democracia.

César Pérez Vivas

 

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