Delcy Rodríguez dice en la cadena NBC que el diálogo político marcará los tiempos electorales. Lo dice con una naturalidad pasmosa, como si las elecciones fueran una simple rutina administrativa y no un derecho confiscado. Pero la pregunta es una sola: ¿cómo se convoca a votar con un árbitro que no arbitra y un aparato represivo que no descansa?
Eugenio Martínez lo ha diseccionado para Transparencia Venezuela: dos décadas de erosión han convertido al CNE en una oficina que administra el poder, no el voto. Un organismo sin datos abiertos, con un registro electoral a ciegas y rectores que responden a una parcialidad política evidente.
Y mientras hablan de urnas, Boris Muñoz nos recuerda el rostro humano de la tragedia. Hablan de amnistía, pero Kennedy Tejeda salió de Tocorón con 20 kilos menos y el alma golpeada por el hambre sistemática. J. D. hoy vive medicado, rehén de la tortura psicológica sufrida en El Helicoide.
Aquí es donde los tiempos se cruzan. La reforma del CNE y una amnistía real no son peticiones distintas; son la misma urgencia. Si nos conformamos con parches cosméticos, habremos perdido la última oportunidad en mucho tiempo. Las reconciliaciones falsas no traen paz, traen olvido; y el olvido en Venezuela siempre ha sido el prólogo de una nueva crisis.
¿Quién garantiza la limpieza del proceso? ¿Quién rinde cuentas por el dolor causado?
Originalmente publicado en la cuenta de X del autor: @cmrondo
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