Carolina Jaimes Branger: Therian y Furries: identidades, cultura y su influencia en la sociedad

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Carolina Jaimes Branger: Therian y Furries: identidades, cultura y su influencia en la sociedad

 

Las subculturas de los therians y los furries han emergido y se han fortalecido en los últimos años, especialmente con el auge de las redes sociales en Internet. Ambas identidades exploran la relación entre lo humano y lo animal, sin embargo, sus enfoques y significados son distintos. En este artículo me referiré a las características de cada grupo, así como su influencia en la cultura y la sociedad en general.

Empecemos por los therians. Los therians son individuos que sienten una conexión profunda con un animal no humano, ya sea a nivel espiritual, psicológico o emocional. Esta identificación puede manifestarse en experiencias que varían desde la creencia de tener un «alma animal» hasta la adopción de comportamientos asociados con “su” animal, el que sienten ser. Los therians suelen compartir sus experiencias en foros en línea y grupos de discusión, donde encuentran un espacio seguro para explorar y expresar su identidad. El sentido de pertenencia en estos casos es importantísimo.

La therianthropía, el término que describe esta experiencia de identificación animal, a menudo se asocia con un sentido de comunidad y una búsqueda de autocomprensión. Algunos therians enfatizan la importancia de la empatía hacia los animales y el respeto por el reino animal.

La comunidad furry, por otro lado, se centra en la creación y apreciación de animales antropomórficos, es decir, animales que exhiben características humanas. Esto incluye tanto el arte y la literatura como la creación de personajes (conocidos como «fursonas») y disfraces (“fursuits”). Los furries participan en convenciones, eventos y actividades en línea, lo que les permite conectar con otras personas que comparten intereses similares. Todos llegan disfrazados de su personaje favorito.

Mi hermano menor es artista plástico y dio clases en un instituto de arte en los Estados Unidos hasta hace como diez años. En su primera cohorte tuvo como alumna una “furry”. No hablaba. No hacía contacto social. Escribió en un papel que ella era una “furry” y ahí fue cuando mi hermano (y nosotros, de retruque) nos enteramos de que existía gente como ella. Lo único que dibujaba era el personaje de la comiquita del demonio de Tasmania. No importaba que el modelo fuera un ser humano, una naturaleza muerta, un paisaje, un vehículo, lo que fuera: ella todo, todo, lo representaba como el demonio de Tasmania. Mi hermano le pidió un certificado médico donde se asentara que ella era una furry. El certificado, como era de esperarse, jamás apareció.

La cultura furry -estigmatizada en ocasiones- se asocia erróneamente con comportamientos inapropiados, aunque la mayoría de los furries se involucran en la comunidad por razones creativas y sociales. En contraste con los therians, los furries no necesariamente sienten una conexión profunda o identidad con un animal específico, sino que disfrutan de representar personajes que a menudo son extensiones de su propia personalidad. En particular, muñecos de peluche.

Tanto los therians como los furries han desafiado las normas sociales sobre lo que significa ser humano y han promovido una mayor apertura hacia diversas formas de identidad. A través de su presencia en plataformas digitales, han contribuido a discusiones sobre la identidad, la autoexpresión y la aceptación de la diversidad. Esto ha llevado a una mayor visibilidad y, a veces, a la normalización de identificar la conexión entre lo humano y lo animal.

Ambas comunidades fomentan un espacio donde la diversidad es celebrada. Esto puede ayudar a combatir prejuicios y estigmas asociados con las identidades no convencionales. Los furries, en particular, ofrecen un medio a través del cual las personas pueden explorar su creatividad y desarrollar personajes que resuenan con ellos, lo que puede ser terapéutico y liberador. Tanto therians como furries crean comunidades donde se sienten comprendidos y aceptados, lo que puede ser vital para el bienestar emocional de sus miembros.

Sin embargo, el enfoque en estas subculturas también enfrenta críticas y desafíos. Muchas personas pueden no entender o aceptar estas identidades, lo que conduce a la discriminación y al acoso. La desinformación sobre los therians y los furries puede resultar en estigmatización, diluyendo su contribución positiva a la sociedad en general.

La existencia de therians y furries ilustra cómo la identidad y la autoexpresión pueden tomar formas diversas y complejas. Ambas comunidades, a pesar de sus diferencias, han tenido un impacto significativo en la forma en que se perciben las identidades en la cultura contemporánea. A medida que la sociedad avanza (hay muchos que piensan que retrocede) hacia una mayor inclusión y comprensión de la diversidad, es probable que las historias y experiencias de los therians y los furries continúen influyendo en las conversaciones sobre la identidad, la comunidad y el significado de ser humano.

Paciencia, piojo, que la noche es larga…

Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

 

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