Jóvenes de mi patria, jóvenes nuestros, esta de hoy es su lucha. De ella depende el futuro del país porque ustedes son el futuro.
¡Volvieron a salir los jóvenes!… Con energía, con serenidad, asertivos. Dueños de sí mismos, seguros, con valores sólidos y convicciones arraigadas. ¡Qué orgullo!
Jóvenes con la misma gallardía y valor que sus antecesores, los estudiantes y seminaristas que pelearon en La Victoria y vencieron al “invencible” Boves. Herederos de los muy jóvenes próceres de la Independencia y de aquéllos que enfrentaron la dictadura de Juan Vicente Gómez en 1928. Hermanos de los que surgieron cuando nuestra golpeada democracia se convirtió en un totalitarismo.
¡Qué bueno los muchachos asuman su protagonismo en la vida del país!
Que expresen sus opiniones, sus anhelos y rechacen lo que les resulte detestable. Que ejerzan el derecho a manifestarse que la Constitución les garantiza e invita con insistencia. El mismo derecho que, contradictoriamente, ha llevado a tantos -de forma tan injusta- a las cárceles.
Como venezolana, muchas veces me preocupó la aparente indiferencia de los muchachos, tan ajena a la realidad que vivimos. Los veía apáticos, alejados de todo, hasta irresponsables. Y me preocupaba pensar que esa era la generación de relevo. Me cuestioné en qué nos habíamos equivocado sus padres. Me pregunté qué los motivaba, qué los movía, qué los conmovía.
Pues bien, hoy hay nuevas respuestas para todas las preguntas y tranquilidad para todas las inquietudes: los jóvenes, una vez más, están allí dando la talla: llenos de ideales, de amor a la libertad, de convicción democrática. El escucharlos cantar el himno nacional en la Plaza del Rectorado de la UCV el pasado 12, Día de la Juventud, me emocionó hasta las lágrimas.
En los años sesenta, cuando el movimiento juvenil alcanzó una de sus cumbres históricas, la consigna entre los muchachos era “no confíes en nadie que sea mayor de treinta años”. La actitud de nuestros jóvenes hoy es similar. A cuanto adulto ha intentado tomar ventaja de su protesta, lo han mandado “a bajarse de la tarima”: “esta es nuestra protesta, nadie va a venirnos a decir qué hacer, ni cómo hacerlo”.
La verdad es que no lo necesitan: es maravilloso percibir su honestidad cuando dicen que sus armas son sus libros y sus palabras y saber que su protesta es pacífica, pero contundente.
Jóvenes de mi patria, jóvenes nuestros, esta de hoy es su lucha. De ella depende el futuro del país porque ustedes son el futuro.
Aquí estamos para apoyarlos. Como dijo el presidente Ronald Reagan, “los necesitamos: necesitamos su juventud, su fuerza y su idealismo… los necesitamos para que nos ayuden a hacer bien todo lo que estemos haciendo mal”.
Carolina Jaimes Branger
@cjaimesb
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