La frase «Ay de los pueblos que no tienen historia» es utilizada para destacar la importancia de la historia y la memoria colectiva como elementos fundamentales para la identidad y continuidad de los pueblos.
Asumiendo como válido el dicho, voy a dar marcha atrás en la cronología histórica para recordar dos hechos acaecidos en el mes de noviembre y con dos años de distancia que, desde hace décadas, han pasado desapercibidos, o apenas mencionados en escuetas notas impresas, pese a que ambos marcaron hito en la historia de Venezuela.
En las primeras elecciones populares, directas y secretas efectuadas en el siglo XX, Rómulo Gallegos resultó electo como Presidente de Venezuela en el año 1947, y asumió el cargo el 15 de febrero de 1948, contando con amplio apoyo popular y de las fuerzas armadas, cuya cabeza visible era el teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, a quien el mandatario designó como ministro de la Defensa, no sólo por sus cualidades militares sino también por el cercano afecto entre ambos.
Tan pronto tomó posesión, Gallegos comenzó enfrentar conflictos político-sociales. Los altos mandos militares, como Marcos Pérez Jiménez, Luis Llovera Páez y el mismo Delgado Chalbaud, rechazaban la creciente influencia del partido Acción Democrática (AD) en el gobierno, especialmente el intento de “miliciarizar” sectores civiles, según se decía. Temían la formación de milicias populares y reclamaron la salida de Rómulo Betancourt -que presidía el partido Acción Democrática (AD) y había sido Presidente de la Junta de Gobierno en 1945- y la reorganización del gabinete sin militantes de AD.Por supuesto, detrás de estos comandantes estaban sus propias ambiciones personales y conflictos dentro de la propia cúpula militar, pues algunos de ellos veían una oportunidad de consolidar su poder, especialmente ante el clima internacional de “guerra fría”.
Las disputas entre partidos políticos, especialmente entre AD y la oposición (Copei, URD, PCV), al considerar excesiva la hegemonía partidista y el manejo de Gallegos.
Por otro lado, las empresas petroleras extranjeras y sectores económicos tradicionalmente influyentes estaban inquietos ante las políticas proteccionistas y reformas fiscales.
Dentro de ese escenario, Gallegos se negó a ceder ante las exigencias militares, optando por suspender garantías constitucionales, y el 24 de noviembre de 1948 un alzamiento militar dio al traste con el recién electo presidente de la República, Rómulo Gallegos.
Para conformar el poder, las Fuerzas Armadas instituyeron la Junta Militar de Gobierno, que presidió Delgado Chalbaud -el mismo que había sido ministro de Defensa de Gallegos- junto con Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez. Para intentar legitimarse, argumentaron que el golpe era una reacción necesaria frente a la incapacidad, el sectarismo partidista y el peligro marxista derivado del gobierno de Gallegos, por lo que la Junta representaría los intereses nacionales y la estabilidad institucional.
Como era de esperarse, la trilogía militar -llamada coloquialmente los “tres cochinitos”- despachó al exilio al derrocado Presidente y altos dirigentes del partido AD, como Rómulo Betancourt, ilegalizó al Partido Comunista de Venezuela y a AD y comenzó una etapa de represión y persecución de los disidentes, pese a que al mismo tiempo ofrecía que, en breve, se realizarían elecciones democráticas.
En medio de ese ambiente, en la mañana del 13 de noviembre de 1950 el coronel Carlos Delgado Chalbaud, para el momento Presidente de la Junta Militar, fue secuestrado por un grupo de facinerosos resultando herido de bala, lo que lo condujo a la muerte.
La vinculación de ambos eventos históricos con una “influencia astral” pertenece al campo de la interpretación esotérica, astrológica o simbólica, más que al análisis histórico-jurídico tradicional. Sin embargo, llama la atención la coincidencia de fechas cuando ambos personajes -Rómulo Gallegos y Carlos Delgado Chalbaud- de mantener una cercana relación personal pasaron a ser adversarios por un hecho que se ha considerado como una traición por parte del militar, y el 24 de noviembre de 1948 vino a interrumpir el hilo democrático que apenas empezaba mientras que el 13 de noviembre de 1950 abrió de par en par las puertas a una dictadura que terminaría 8 años después, el 23 de enero de 1958.
De allí la importancia de conocer la historia pues, así como permite recordar eventos como los señalados en el mes de noviembre, con fundamento en esos antecedentes, generalmente producido en aguas turbulentas, pudiera especularse que Escorpio marca el destino de Venezuela
Carlos J. Sarmiento Sos










