Desde agosto de 2025, la mayoría de los venezolanos creía estar caminando, aunque a tropezones, hacia un final de película clásica: Estados Unidos ayudaba a sacar al chavismo, Edmundo asumía la presidencia y María Corina coronaba en la historia lo que ya había ganado en la calle y en las urnas.
La captura de Maduro confirmó el poder asimétrico de Estados Unidos, pero al mismo tiempo dinamitó ese libreto y dejó claro que Washington siempre tuvo un objetivo claro, jugó su propio juego, con sus tiempos, sus peones y sus prioridades; aunque a veces pudo haber parecido que estaba alineado con la estrategia de la oposición democrática, los hechos demuestran que no lo estaba.
El país celebró la caída del tirano, pero la reacción brutal de colectivos y cuerpos represivos recordó, en cuestión de horas, que el cartel de los soles sigue intacto, y que Delcy no es un “mal menor” sino la personificación del mismo sistema criminal, financiero y represivo que viene operando desde hace años.
La escena de “policía bueno” (Delcy negociadora) y “policía malo” (Cabello amenazante), con Padrino moviendo fichas, puede engañar a Trump y a Rubio en la superficie, pero ningún venezolano se traga esa novela: son la misma corporación criminal, administrando la oportunidad que les regaló una operación que les quitó a Maduro… pero les dejó el poder, y, oh sorpresa, los asoció con Washington.
El mensaje incómodo, pero necesario, es que hay que hacer borrón y cuenta nueva: el futuro ya no será la línea recta Edmundo-María Corina-Casa Blanca, sino un tablero nuevo donde Estados Unidos aspira a nuevas elecciones libres “algún día”, mientras experimenta si es capaz de manejar al escorpión sin terminar picado. Recordar «La fábula del escorpión y la rana», donde Estados Unidos es la rana y el chavismo (Delcy en este caso) el escorpión.
Ahí es donde el pueblo venezolano tendrá que combinar memoria, paciencia y lucidez para no caer en la trampa de una transición maquillada que deje al chavismo 3.0 (Chávez, 1.0; Maduro, 2.0, y Delcy, 3.0) instalado detrás de nuevas máscaras y nuevos acuerdos petroleros.
Como dice el cliché, “el futuro ya no es más lo que solía ser”.
Benjamín Tripié











