Esta vez fueron las disidencias de las FARC, encabezadas por Iván Mordisco, quienes dieron un paso al frente para proponer la conformación de un super ejército para enfrentar a Donald Trump. Esta fuerza guerrillera convoca así al ELN y a la Segunda Marquetalia a una alianza estratégica unificada para enfrentar al Estado y al «imperialismo». El video colocado pocos días después de la defenestración de Nicolás Maduro deja ver claramente hasta donde la insurgencia colombiana se siente amenazada por las acciones que las Fuerzas Armadas estadounidenses pudieran eventualmente desplegar en contra de los movimientos narcoguerrilleros en Colombia o en suelo venezolano donde estos también operan.
De acuerdo al líder del Estado Mayor Central es preciso que quienes hasta el presente son grupos armados rivales con un enorme costo para el país y para las fuerzas de alzados en armas, hagan “causa común” frente a una agresión que les atañe de cerca. Luego de haber protagonizado por años desencuentros y agresiones sangrientas de enorme talla, ha llegado el momento crucial de comportarse como “herederos de una misma causa” según Mordisco.
El ELN, por su lado, aborda ahora las cosas diferentemente y, desde hace manos de una semana, se muestra interesado y ha propuesto un gran acuerdo nacional postelectoral para atender tres grandes temas: la pobreza, la protección ambiental y el narcotráfico.
La captura de Nicolás Maduro los ha dejado huérfanos de protección en el suelo vecino y lo que comienza a tener sentido es replegarse en su país de origen, tanto táctica como ideológicamente, con el fin de blindarse ante los cambios inesperados e impredecibles que están teniendo lugar más allá del Arauca.
La propuesta es audaz porque contempla cualquiera resultado que pueda surgir de la justa electoral colombiana: la improbable continuidad de las izquierdas o un gobierno liberal que se alinee más con la administración americana que se está organizando en Venezuela. El diálogo sobre asuntos de interés nacional sirve para los dos lados.
Con Washington a la cabeza del devenir venezolano, el futuro del ELN en Venezuela será, sin duda, menos promisor. Los cambios por venir en la conducción del país van a incidir en la continuidad de sus actuaciones narcoterroristas allí. Una propuesta de dialogo “kosher” en Colombia sirve también para el caso en que, en Miraflores, el escenario les sea desfavorable.
¿De dónde proviene, a fin de cuentas, la fortaleza de la insurgencia armada colombiana, lo que es el elemento clave a considerar por programa Lanza del Sur de los Estados Unidos? No es el número de efectivos guerrilleros, desde luego– se habla de más de 25.000 combatientes – ni su capacidad de fuego.
La dispersión geográfica en Colombia de su guerrilla, años de ejercicio y organización del crimen y de connivencia con el narcotráfico, la extorsión y el secuestro, multitud y diversidad de comandantes y de operaciones diferenciadas, control sobre cultivos, procesamiento y transporte y comercio internacional de drogas, cooperación del crimen organizado y de los carteles mexicanos, mejor posicionamiento y administración de los canales internacionales, y eficiente manejo de todo lo anterior, dificultan la tarea a los norteamericanos.
El conjunto de fuerzas insurgentes ejerce un control territorial determinante sobre una muy intrincada geografía, algo crucial para su capacidad de desestabilización. Para Estados Unidos lo relevante es la estrategia militar que es posible armar en su contra y las características del armamento y herramientas de combate no convencionales de los que ese país dispone.
Todo lo anterior lo saben los jerarcas guerrilleros, así que, mientras el conflicto venezolano se dilucida y Colombia define su rumbo político en elecciones, la táctica de la guerrilla tenderá a ser distractora: de allí la propuesta un ejército común imposible de estructurar o una nueva iniciativa de dialogo de paz que se sume a los fracasos ya ocurridos de la era Petro. Sin una bola de cristal para imaginar el rumbo de Colombia, ni el de Venezuela en el año que comienza, su posición debe ser la de no levantar demasiadas olas. Así pues, adelantan propuestas desconectadas de la realidad, porque todo nuevo plan, además, es bueno para generar apego dentro de sus filas.
Gustavo Petro, por su lado, como exguerrillero glorificado, pone su grano de arena dando aliento a la debacle colombiana de diciembre a esta parte. Continúa adelante con su propuesta de Constituyente, decreta una emergencia económica, invita a la dictadora de Venezuela, Delcy Rodríguez, a cooperar en la eliminación de las fuerzas insurgentes, concede el estatuto de “gestor de paz” a Salvatore Mancuso y otros 15 ex jefes las Autodefensas Unidas de Colombia, anuncia como ¨actos de justicia social “un incremento de 23% del salario mínimo para 2,5 M de trabajadores y rebaja los salarios a los parlamentarios antes de la elección. ¡Y pontifica diciendo que Maduro debe estar libre!
Beatriz De Majo












