Beatriz de Majo: Una solución de salud para Colombia

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Beatriz de Majo: Una solución de salud para Colombia

La diferencia entre un político y un gerente es que el primero especula sobre cómo resolver un problema, el segundo se traza una ruta y se dispone a cumplirla, pero hay distinto tipo de políticos y distinto tipo de gerentes.

En lo que va de tiempo desde que De la Espriella asumió la presidencia de Colombia, su disposición a proponer proyectos y a resolver entuertos ha sido y es llamativa. Pareciera poder mantener muchas pelotas en el aire sin que ninguna se caiga, cual buen prestidigitador, pero el caso es que ya ha puesto a andar soluciones en más de un terreno y su equipo parece poder seguirle el paso. Gerencia aplicada a la política, en dos platos.

El tema del momento es el del sector salud, una rémora extremadamente difícil de resolver y un tema que alcanza a la colectividad como ningún otro. Sobre todo, porque el país colombiano podía sentirse orgulloso de haber puesto en marcha un esquema de salud pública ejemplarizante en el continente. Colombia construyó, desde la Ley 100 de 1993, un sistema de aseguramiento que llegó a ser uno de los de mayor cobertura y protección financiera de América Latina. No quiere eso decir que fuera el más eficiente, pero partía de la base de su inclusividad y era ampliamente utilizado por los colombianos, particularmente los de a pie.

Con Gustavo Petro buena parte de lo alcanzado se derrumbó estrepitosamente. Digo parte, porque el presidente cordobés no recibió un sistema perfecto, más sí recibió un sistema funcional que cubría a casi toda la población. Su gobierno intentó sustituir su arquitectura y terminó dejando una crisis de financiación y acceso que ahora a De la Espriella le toca intentar contener.

Más de un millón de personas en Colombia, entre enero y julio de 2026, presentaron reclamos ante la Superintendencia de Salud, 92% de los cuales estaba relacionado con barreras de acceso a servicios o tecnologías en el área.

De la Espriella no ha sucumbido ante la tentación de empezar todo desde cero, sustituyendo completamente el modelo de la Ley 100. Su planteamiento es rescatar aquello que funciona y corregir lo que se ha deteriorado. El nuevo gerente a cargo de la conducción del país no va a intentar refundar, sino reparar y recomponer o reordenar el sistema.

Partiendo de un esquema que ya dispone de una cobertura excelente —en 2024-25, la OCDE situaba la cobertura de servicios esenciales en torno a 99% de la población— el nuevo plan pretende corregir las falencias a nivel del usuario: conseguir atención media, citas, medicinas y cirugías. La intención de la nueva administración es la de rescatar los mecanismos funcionales del sistema existente, sanear las EPS viables, liquidar las inviables, controlar el dinero público y devolver al paciente al centro del sistema. Es decir, el principio es elemental: el ciudadano no solo debe tener derecho a la salud, sino que debe conseguir atención médica.

Es imposible en un artículo de opinión entrar en el detalle de cada uno de los elementos del plan de recuperación de la salud. Bástenos con saber que hay un cambio radical de enfoque que consiste en controlar el uso trimestral de los dineros de las Empresas Públicas de Salud (EPS), recuperar el flujo de recursos hacia las clínicas, hospitales y proveedores del sistema, garantizar tratamientos y medicamentos, fortalecer la atención primaria y utilizar nuevas tecnologías para modernizar la gestión.

Por supuesto, comenzar por destrabar el atasco financiero que se ha producido y que penaliza a cada ciudadano inscrito en el sistema de salud. En este preciso momento, el gobierno ha anunciado un plan extraordinario de compra de cartera al cero por ciento por parte del Estado, con un año de período de gracia.

El camino por andar es largo, lento y tortuoso y deberá ser transitado dentro de la estrechez de recursos presupuestarios. Lo diferenciador de la posición de la nueva administración del presidente costeño es la “disposición a hacer”. Ojalá De La Espriella y sus colaboradores no pierdan el foco y, sobre todo, no permitan la politización —de nuevo— de este importante elemento del bienestar ciudadano.
Beatriz de Majo

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