Beatriz de Majo: Amenazas mutuas comprometen la cumbre

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Beatriz de Majo: Amenazas mutuas comprometen la cumbre

Faltan tres semanas para el encuentro en Washington de los Jefes de Estado de las dos primeras potencias mundiales. Esta vez le toca a Xi Jinping visitar a Donald Trump en la capital estadounidense.

Pero hay nubarrones que se ciernen sobre este encuentro. En el ambiente previo al viaje del mandatario chino gravitan las altisonantes amenazas de Estados Unidos por la falta de acompañamiento de Pekin al bloqueo económico que Washington está queriendo imponer a Irán y que constituye la nueva y última carta que está jugando Donald Trump para restituir el tránsito por el estrecho de Ormuz y la paz en el Medio Oriente,

Peor aún, desde Pekin han amenazado con retaliar en contra de la primera potencia planetaria, si Estados Unidos llegara a aplicar a China las sanciones secundarias que ha prometido a quienes no se sumen en este propósito de asfixiar a Teheran económicamente, manteniendo relaciones comerciales con el país de los ayatolás. La dependencia china del suministro petrolero iraní no deja demasiado espacio de actuación a la administración en Pekín: 90% de sus importaciones petroleras provienen de ese país.

El juego, pues, está trancado en este terreno y Washington no parece tener ninguna otra estrategia que jugar cuando se aproxima a otro hito de gran trascendencia para su mandato como son las elecciones de mitad de periodo que tendrán lugar a inicios en noviembre.

Esta posición enfrentada va a comprometer el éxito de la reunión cumbre de septiembre que tiene como meta la extensión de la tregua comercial pactada en Busan (Corea del Sur) en octubre pasado. Ella retrasó un año las restricciones chinas a la exportación de tierras raras, mientras Estados Unidos redujo de inmediato los aranceles a productos chinos del 20% al 10% y así se consiguió poner en pausa la guerra comercial entre los dos titanes. Ahora volverán a colocarse sobre el tapete los grandes desencuentros comerciales que marcaron las relaciones entre Pekin y Washington desde la llegada de Trump.

Del lado norteamericano sigue vivo el sentimiento de que China no juega con las mismas reglas que el resto del mundo en términos de comercio, mientras se afianza la percepción de que la potencia asiática está sosteniendo su economía con un modelo altamente subsidiado motorizado desde el Estado y apoyado por el Partido Comunista. Dentro de él, China ha estado apuntalando el desarrollo de tecnología e innovación, estimulando la sobrecapacidad y permitiendo que la sobreproducción se vuelque a los mercados externos. Concomitantemente se han estructurado subsidios y otros estímulos fiscales, al tiempo que la gestión centralizada del sistema financiero permite el movimiento de capitales entre sectores y la entrega de créditos para apuntalar a las empresas. Todo este esquema está encaminado a inundar a los mercados, y favorece a China, además, por el control esta ejerce sobre las cadenas de suministros a escala planetaria.

Dentro de este ambiente de desentendimiento los dos titanes se aproximan a la reunión cumbre de Washington cuyo resultado puede terminar en un dramático fracaso. Lo que está claro a esta hora es que la capitulación de Teheran no está a la vuelta de la esquina, China se niega a hacerse parte de una solución de paz en el Medio Oriente que pase por el bloqueo económico de Irán, Estados Unidos no tiene ningún otro as bajo la manga y el Pentágono se verá obligado a incrementar la ofensiva bélica sobre el régimen de los Ayatolás.

Donald Trump deberá enfrentar su proceso de votaciones de medio mandato sin éxitos que exhibir. Esta vez es Washington quien ocupa el lado flaco de la ecuación.

 

Beatriz de Majo

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