En el sur de Valencia hay muchas zonas comerciales, lo que convierte los apagones en una pérdida económica directa y acumulada para cientos de negocios pequeños
Los cortes eléctricos en el sur de Valencia dejaron de ser un racionamiento para convertirse en una rutina de caos que nadie puede predecir ni planificar. Vecinos de Ricardo Urriera, Trapichito, La Mariposa, Lomas de Funval y otros sectores cercanos reportaron apagones que suman entre 12 y 16 horas diarias, interrumpidos en dos turnos, mañana y tarde, o tarde y noche, sin cronograma fijo, sin aviso previo y sin respuesta oficial que explique cuándo terminará la situación.
Así lo describió Nikoll Arteaga, secretario político de Vente Carabobo, quien advirtió que la crisis eléctrica ya no es solo un problema del sur de Valencia sino una realidad que se extiende a todos los municipios del estado. En días en los que solo se registra un corte, se extiende a cinco o seis horas, lo que se traduce a 180 horas sin electricidad al mes.
Apagones agudizados
Los 45 días del Plan Especial de Ahorro Energético anunciado por Delcy Rodríguez vencieron sin que la situación mejorara. Al contrario: los cortes aumentaron en frecuencia y duración. Y la respuesta del gobernador Rafael Lacava fue, según Arteaga, que los cortes se intensificarían aún más.
A esto se suma que hace una semana un funcionario declaró, en una protesta frente a la subestación de Ricardo Urriera, que los racionamientos continuarían y que el país se estaba acercando a un apagón nacional, una advertencia que desató un estado de alarma entre la población y que las autoridades no desmintieron con hechos sino con silencio.
«La gente no siente que se esté trabajando en una solución, sino que al contrario se está improvisando y se está sosteniendo una situación sin darle una respuesta». También expresó que la ciudadanía está indignada e impotente frente a una crisis que, lejos de responder a un plan, ocurren de forma repetitiva e impredecible cualquier día de la semana, incluyendo fines de semana.
Sin cronograma y sin solución
La ausencia de un cronograma fijo es de lo que más indigna a los habitantes del sur de Valencia. Sin saber cuándo llegará el corte ni cuándo volverá la luz, es imposible organizar la jornada laboral, educativa o familiar.
Los planteles escolares mandan a los niños a casa cuando se va la electricidad. Los laboratorios clínicos no pueden tomar muestras, los negocios se paralizan, la señal de internet y de datos se pierde. «Esto altera completamente el funcionamiento, no solamente en el tema de las ventas sino también en el tema educativo», explicó Arteaga.
En el sur de Valencia hay muchas zonas comerciales, lo que convierte los apagones en una pérdida económica directa y acumulada para cientos de negocios pequeños que no tienen generador y que dependen de la electricidad para operar.
Cada hora sin luz es una hora sin ventas, sin producción y sin ingresos en una economía que ya de por sí ofrece márgenes muy estrechos. La subestación Ricardo Urriera, que redistribuye la energía en toda la parte sur de Valencia y el municipio Miguel Peña, se ha convertido en el epicentro de las protestas espontáneas de vecinos que no encuentran otra manera de hacerse escuchar.
La indignación se profundiza cuando se contrasta la respuesta oficial. «La respuesta oficial es que no hay recursos, pero lo contrastas con la realidad y con las prioridades de la gestión del gobierno encargado, y estas son un concierto por la paz», señaló Arteaga.
Sin luz, tampoco hay agua ni gasolina
La crisis eléctrica en Carabobo tiene un efecto dominó que va mucho más allá de la oscuridad. Arteaga describe cómo los apagones arrastran consigo otros servicios esenciales que dependen de la electricidad para funcionar. El primero es el agua: en zonas como Naguanagua, San Diego y el norte de Valencia, el suministro depende de bombas y pozos eléctricos que se detienen cuando se va la corriente. Sin luz, tampoco hay agua.
El segundo servicio afectado es la gasolina. Cuando los hay una interrupción eléctrica en estaciones de servicio, estas se ven obligadas a detener la distribución de combustible, generando colas que ya se empiezan a ver.
Falta confianza para invertir en energía
Arteaga no esquivó el diagnóstico de fondo. El problema eléctrico que vive Carabobo y Venezuela es el resultado de décadas de falta de inversión y mantenimiento en instalaciones y subestaciones, una deuda acumulada que no tiene solución rápida ni sencilla. «Todo el mundo entiende que en el corto plazo no es viable una solución a un problema tan grande que se ha generado desde hace muchísimos años», reconoció el dirigente político.
Para Arteaga, parte de la solución pasa inevitablemente por un cambio político estructural: «Pasa por la elección de un gobierno legítimo que se ocupe realmente de la situación, que genere confianza y legitimidad, y que pueda generar un estado de derecho en el que inversionistas y sectores privados puedan invertir en el tema energético con garantías.»
Aseguró que, mientras eso no ocurra, los vecinos del sur de Valencia seguirán protestando en las afueras de la subestación Ricardo Urriera, los niños seguirán siendo enviados a casa desde los colegios cuando lleguen los apagones, y los comerciantes seguirán contando las horas perdidas en una zona que no puede permitirse más improvisación ni más silencio oficial.







