Antonio Ledezma: Gobernar sin sectarismo

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Antonio Ledezma: Gobernar sin sectarismo

Con motivo del natalicio del presidente Carlos Andrés Pérez, vale la pena rescatar una de las lecciones más fértiles de su obra de gobierno: los grandes proyectos nacionales avanzan cuando el Estado convoca al talento, lo respeta y le abre espacio para servir.

Carlos Andrés Pérez entendió que un país no puede encerrarse en los límites de un carnet partidista. Los partidos son pilares de la democracia, forman dirigentes, articulan intereses y ofrecen programas al electorado. Pero un gobierno tiene el deber superior de servir a toda la nación. Esa convicción explica la presencia, en sus equipos de trabajo, de profesionales independientes, técnicos, académicos, empresarios, gerentes y servidores públicos procedentes de diversos ámbitos de la sociedad venezolana.

La amplitud genera resultados. El sectarismo empobrece la administración pública, convierte los ministerios en parcelas del clientelismo, estrecha la visión de futuro y excluye a quienes tienen conocimientos que aportar. La inclusión, por el contrario, reúne experiencias, estimula la crítica constructiva y permite que las decisiones se examinen con rigor profesional y sentido del interés nacional. No se trata de prescindir de los partidos, sino de impedir que la lealtad partidista sustituya a la capacidad como criterio para ejercer responsabilidades públicas.

Al iniciar su segunda presidencia, Carlos Andrés Pérez recibió un país marcado por una compleja crisis fiscal, monetaria y social. En esas circunstancias, el llamado Gran Viraje procuró modernizar la economía, renegociar la deuda externa, abrir oportunidades para la inversión, fortalecer las instituciones y encaminar al país hacia una estructura productiva más dinámica. Aquella tarea requería coraje político y, sobre todo, equipos capaces de pensar con libertad.

Miguel Rodríguez condujo una parte decisiva de ese programa económico. Junto a él trabajaron jóvenes economistas y profesionales de sólida formación, entre ellos Ricardo Hausmann, quien asumió responsabilidades en la planificación nacional. Imelda Cisneros aportó su visión en materia de competitividad, productividad y transformación institucional. Su participación ilustra el valor que adquiere la gestión pública cuando se confía en venezolanos preparados, capaces de elevarse por encima de las querellas partidistas.

Ese espíritu se extendió a las áreas estratégicas del Estado. En el ámbito petrolero, Carlos Andrés Pérez supo reconocer la importancia de los conocimientos acumulados por los técnicos y gerentes de la industria. Durante su primer gobierno, la política petrolera fue confiada a un experto reconocido: el doctor Valentín Hernández. Rafael Alfonzo Ravard fue designado presidente de la naciente Petróleos de Venezuela (Pdvsa), mientras que el entonces joven Humberto Calderón Berti participó activamente en el proceso de transición hacia la nacionalización. En el segundo mandato sobresalieron Andrés Sosa Pietri y Alirio Parra. Desde distintas responsabilidades y en diferentes etapas, estos venezolanos contribuyeron a una visión compartida: utilizar responsablemente la riqueza energética para financiar el desarrollo, la educación, la infraestructura y las oportunidades de progreso.

La salud pública también demandaba conocimiento y sensibilidad social. El doctor Rafael Orihuela llevó al Ministerio de Sanidad y Asistencia Social la experiencia de un médico e investigador comprometido con el bienestar de la población. Su presencia recuerda que los servicios públicos requieren gerentes que conozcan el terreno, comprendan el dolor humano y asuman la responsabilidad de proteger la vida.

En la gerencia pública, figuras como Alberto Quiroz Corrales aportaron experiencia y formación a una administración que buscaba incorporar capacidades diversas. El país avanzaba cuando el mérito encontraba una puerta abierta y los servidores públicos eran escogidos por su preparación, su integridad y su disposición para el trabajo. En su gestión comprendida entre 1974-1979, Diego Arria fue designado como gobernador de la ciudad de Caracas, dejando una estela de buenos proyectos que aún perduran.

Esa misma filosofía se expresó en grandes iniciativas de distintos sectores. José González Lander condujo los primeros pasos del Metro de Caracas; Arnoldo José Gabaldón dejó una huella fundamental en la creación del Ministerio del Ambiente; Leopoldo Sucre Figarella imprimió empuje a la Corporación Venezolana de Guayana; Carlos Blanco impulsó el proceso de descentralización; Moisés Naím asumió responsabilidades en la reforma económica; y Gerver Torres junto a Fernando Martínez Mottola condujeron la transformación de las telecomunicaciones tras la privatización de la Cantv. En cada ámbito, la preparación y la capacidad de ejecución resultaban indispensables para convertir los propósitos en realizaciones.

En el campo cultural, José Antonio Abreu recibió el respaldo necesario para expandir el Sistema de Orquestas. Virginia Betancourt dirigió la Biblioteca Ayacucho. Sofía Imber y María Teresa Castillo de Otero enriquecieron la vida cultural de Caracas desde el Museo de Arte Contemporáneo y el Ateneo capitalino, respectivamente. Eran expresiones diversas de una misma convicción: la cultura debía formar parte del desarrollo nacional.

La política social también tuvo rostro, organización y resultados. Blanca Rodríguez de Pérez impulsó los Hogares de Cuidado Diario, que ofrecieron respaldo a madres trabajadoras y protección a miles de niños en las comunidades. Gustavo Roosen llevó adelante, desde el Ministerio de Educación, la Beca Alimentaria. Teresa Albánez, Marisela Padrón y otros servidores públicos contribuyeron al desarrollo de programas como el Vaso de Leche, el Morral Escolar y el PAMI, así como de diversas iniciativas destinadas a atender las necesidades de las familias. Aquella gerencia social procuraba tender una mano oportuna, favorecer la permanencia de los niños en las aulas y abrir oportunidades para quienes enfrentaban mayores dificultades.

La educación encontró una expresión especialmente poderosa en el programa de becas Gran Mariscal de Ayacucho. Aquella iniciativa abrió horizontes de formación universitaria y especialización para miles de jóvenes venezolanos, dentro y fuera del país, en áreas decisivas para el desarrollo nacional. Con la creación de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho en 1974, Leopoldo López Gil, un joven independiente convocado por su capacidad y visión, asumió su conducción, convirtiendo la institución en una apuesta por el talento, la movilidad social y la preparación de una generación llamada a servir a Venezuela. En paralelo, Homero Parra, dirigente probado de Acción Democrática, desarrollaba una exitosa programación para formar y capacitar a miles de jóvenes desde el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE). La contribución de ambos ilustraba que la militancia política y la independencia partidista podían coincidir en una misma vocación de servicio.

Aquella Venezuela tuvo errores, dificultades y conflictos, como toda democracia viva. También dejó obras, instituciones y programas que perduraron porque fueron concebidos con visión de Estado. Reconocer sus realizaciones no exige silenciar sus desaciertos, del mismo modo que examinar sus errores no justifica desconocer sus aportes. El tiempo ha permitido apreciar con mayor perspectiva la importancia de aquel esfuerzo.

Carlos Andrés Pérez sufrió los embates de una antipolítica que fue minando la confianza en la democracia y abrió camino a la tragedia posterior. Su legado ofrece una enseñanza vigente: la reconstrucción de Venezuela exigirá amplitud, reconciliación, instituciones y meritocracia. Exigirá convocar a los mejores, vengan de donde vengan, siempre que sirvan con honestidad a la República.

Gobernar sin sectarismo no significa renunciar a las convicciones, sino comprender que ninguna organización política reúne por sí sola todas las capacidades que necesita una nación. Significa abrir las puertas al talento, reconocer el mérito y hacer del servicio público una responsabilidad compartida. Allí comienza el verdadero gran viraje que Venezuela necesita.

Antonioledezma.net

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