Esta disertación buscará referir lo que esconde el tiempo. Porque, ¿cuántas verdades u omisiones, incluso falsedades, insolencias, exageraciones o quimeras, se ocultan en el tiempo? Acaso el término “la Vieja Guardia” ¿no retrata una época del siglo XX? Acaso, ¿no encierra recuerdos que dibujan momentos que no se repetirán? Y de repetirse, no serán iguales.
Sin embargo, “la Vieja Guardia” no dejará de simbolizar un contexto histórico del siglo XX para muchos que leen estas líneas. Pues la vivieron a plenitud y en extenso.
Una definición
Tan acariciado término, suele referirse a vivencias de personas cuya amistad los conectó de manera singular en medio de parajes de la más célebre cotidianidad. De hecho, contemplar la “Vieja Guardia” desde los recuerdos, hace revivir momentos siniguales que, de no aludirlos tienden a quedarse viviendo en el pecho causando una aguda dolencia. Que ni siquiera, los avanzados medicamentos de estos nuevos tiempos, podrían calmar.
Evocar tan profundos recuerdos, es traer a colación situaciones vividas en instituciones educacionales o simples espacios que se permitieron el tiempo para debatir ideologías, hablar de tradiciones, valores o curules de poder. Lugares esos que sirvieron para contrariar, o sencillamente, para compartir afectos, coincidencias, motivaciones, razones, consideraciones. comidas o condiciones cuyos contrastes con las recurrencias del mundo actual marcan abruptas diferencias casi imposibles de conjugar.
Comparaciones de desbordado tenor
Los cambios, las despedidas o hasta las situaciones más comunes que caracterizan la vida actual, son profundamente desiguales con las que dieron forma y fondo a las que caracterizaron o definieron las vivencias de la “Vieja Guardia”.
La actualidad casi podría calificarse de “incomparable” con las lecciones que la “Vieja Guardia” dejó aprehendidas en lo más interno de sentimientos, valores y emociones. Nada tan único como una luz cautivadora emitida por algún recordado farol. Los detalles de entonces, adquieren dimensiones que hoy no caracterizan ningún paisaje. Muy a pesar de la tecnología que caracteriza todo cuanto hoy se tiene a la mano.
Una época excepcional
Y no era porque se dudara más de lo que podía parecer. Era porque sentía lo que hacía de cada momento vivido. O sea, un mundo completo. Solía fijar la atención a partes cuyos tamaños podía ser ínfimos. Pero que eran siempre coincidentes con el interés que cada particularidad exigía. Lo cual sucedía sin siquiera entender y atender. Pero, ¿por qué así ocurría?
Sería injusto desconocer que la “Vieja Guardia” fue una época de excepción. Desde luego, salvadas las diferencias lógicas del tiempo. No obstante, fue un espacio que rasgó hermosas formas sobre el mapa de vida o sobre la hoja de ruta de quienes vivieron dicha etapa. Casi siempre, rodeados de extraordinarias peculiaridades, porque fue un tiempo cuyo curso supo responder a una temporalidad de sublime normalidad. En definitiva, lo que concibe la diferencia que hace la “Vieja Guardia” diferente, es cómo y cuánto se disfrutó.
Un vocabulario particular y respetuoso
En lo particular, el lenguaje que marcó tan diferentes y especiales ocurrencias, determinó la permanencia que estas líneas buscan exaltar. Palabras y frases como: epa llave, camarada, dale vale, caribear, se hizo un tuyuyo, echarle pichón, ñapa, chalequeo, macundales, había un bululú, a pata de mingo, jue-pucha, coroto, echarse un camarón, entre otras, se hicieron tan venezolanas como la típica arepa.
Condiciones que edificaron familiaridades
Aunque el término “Vieja Guardia”, no es exclusivo de alguna realidad o espacio determinado, por igual ha sido utilizado en ámbitos políticos, sociales. O propios de colectivos sindicales, militares o empresariales, identificaron costumbres, gustos y tradiciones. Asimismo, paridades, equivalencias, cohesiones, correlaciones, parecidos, conformidades o concordancias profesionales o conductuales. Así se erigieron amistosas y sólidas familiaridades que con el paso del tiempo, se anclaron en los recuerdos de cálidas vivencias.
A manera de cierre
Finalmente, vale considerar el carácter especial que definió lo vivido bajo la ascendencia de razones que configuraron el comportamiento que muchos sostuvieron de cara a lo que la vida determinaba en función de las posibilidades que concede el tiempo. Es la razón que enarbola un período -cuyas tradiciones y momentos compartidos- han de recordarse como la rememorada “Vieja Guardia”
Sin embargo, muchos podrían preguntarse si acaso el destino haría que la actualidad sea definida por tiempos peores que los anteriores, más degradados o más tristes. O si como otros manifiestan o piensan, que el destino sólo ha llevado a vivir tiempos críticos. Ni mejores ni peores. Aunque sí, con la fuerza necesaria para provocar cambios en el rumbo de la humanidad.
Cabe entonces reconocer que los tiempos pasados -sin duda- se caracterizaron por ofrecer una vida más reposada que la actual, una delicia aún cuando entrecortada por esporádicas brechas y preocupaciones. Por consiguiente, cabría analizar las variaciones que ha padecido el mundo. Naturalmente, con la moderación que permite la existencia del ser humano de estos tiempos. Aún así, valdría preguntarse: Y después de la “Vieja Guardia” ¿qué?
Antonio José Monagas









