Del concepto de “populismo” se ha escrito mucho. Asimismo, ha sucedido con los debates que han discutido tan manido término. Algunos estudiosos de la política, lo señalan como “categoría de análisis político”. Otros, lo señalan como “movimiento multiclasista”. Dicho de otro modo, “de conglomerado”.
Sin embargo, hay quienes alardean de concepciones adornadas de eufemismos, o de una inflamada retórica, que escasamente se quedan en confusos asomos. Aunque finalmente, caen en un “mar de leva” semántico donde las agitaciones teóricas, no logran concluir con algún concepto que pueda ser algo comprensible.
Un concepto extraviado
No hay duda pues que dar con un concepto que pueda superar la trivialidad o insipidez que ha venido caracterizando la estructuración de “populismo”, no es nada sencillo. Particularmente, por cuanto el referente de dicho término ha sido ambigüo en el contexto del análisis sociopolítico. Quizás, vale aludir de “borroso” dado el tono de imprecisión que encierra cualquier intento conceptual. Por eso se ha hablado de “concepto extraviado”.
Es posible que su concepción teórica esté plagada de la carencia de alguna especie de unidad referencial que bien pueda servir de medida operativa al momento de apreciar la lógica sociopolítica que podría consolidar la formación de alguna identidad colectiva. O de una identidad que especifique su propósito, finalidad o intención.
Desde la perspectiva social, la congregación de cuantas facciones políticas se articulen -inclusive, alrededor de objetivos indistintos- pero capaces de afianzar algún tipo de unidad social, con vocería propia, y con cierto carácter funcionalista y estructuralista, pudiera retratar la idea de “populismo”. Y sin embargo podría dudar de ello.
Dificultades de todo tenor
A fin de cuentas, este preámbulo podría inferir, sin pretensión alguna de perfilar el concepto de “populismo” aún con el auxilio metodológico de la teoría política, la dificultad metodológica de concebir la causa “populista”. Muy a pesar de que toda facción política populista busca hacer activismo político de manera ostensible. Incluso, a desdén de lineamientos normativos sociales, económicos o políticos por el temor a que sus intenciones se vean complicadas.
De manera que el empeño de resolver la ecuación cuya incógnita está representada por el “populismo”, seguramente tampoco podrá llegar a “puerto seguro”. Fundamentalmente, por cuanto cualquier intención de erigir un colectivo de formación sociopolítica -abanderado por tentaciones de corte populistas-, repudie la lógica operativa que exige la construcción de todo proyecto político o social con serias aspiraciones y canales formales. Es decir, “con todas sus letras”.
La obstinación como recurso de organización
El populismo, sin duda, busca hacer política con base en alguna modelación predeterminada. Inclusive, arbitraria, calcada o improvisada. Aunque se vea excusada de la lógica que, en la formalidad de la administración de gobierno, plantea la articulación de propósitos que exigen un ordenamiento administrativo y gerencial. Y que, a los fines de toda formalización administrativa que cualquier funcionamiento organizacional requiere, apela a procedimientos políticos y regulaciones jurídicas y legales, tanto como a ciertos recursos logísticos. Así es como se activan estructuras dignas de soportes sistemáticos en todos los sentidos. Al menor es lo que aconseja la Teoría de Organización.
Ello es lo que, en el ámbito de toda administración gubernamental, permite actuar con la suficiente independencia organizacional. Además, con realizada con la recurrencia necesaria para laborar de modo unificado a lo interno de la Administración Pública. Y así debería suceder toda vez que cualquier organización pública se dota de la holgura necesaria para accionar medidas de gobierno, solicitudes y ajustes administrativos que ha de procurar arreglos políticos eficientes que, muchas veces, no logran procesos canalizados por manejos apegados a jerarquías de poder político. Lamentablemente, así no funciona el populismo.
El populismo en su oscuridad operativa
El populismo se rige por pasiones que -muchas veces- plantean propuestas incoherentes. Aunque sobrantes en contenidos. Pero que su activación compromete recursos cuyo acceso tiende a complicarse a medida que la complejidad administrativa se impone sobre buena parte de procesos gubernamentales. El populismo igualmente propende a enrarecerse por causa de la multiplicidad de variables que intervienen sobre cada objetivo a ser entendido y atendido como razón política. Exactamente, he ahí la razón del “populismo”.
Ahí es donde se sitúa la gruesa fuente de problemas no sólo políticos. Problemas que obedecen a la condescendencia que consiente todo sistema político que su administración gubernamental, haga alarde de procesos abiertos y “horizontales”. Particularmente, cuando el sentido pluralista que refiere el discurso gubernamental, caracteriza contextos situacionales de carácter ideológico, social, político o económico. Y al problematizar tales situaciones, sus llamados recaen sobre la configuración de “derechos” que comprometen libertades y garantías.
Justamente, en los predios de los respectivos procesos de administración de gobierno, las estructuras populistas, indistintamente de su origen, valiéndose de lo que arriba se señala cuando se habla de que el populismo busca “hacer política” con base en modelaciones arbitrarias, calcadas, improvisadas o predeterminadas -muchas veces- excusadas de un ordenamiento administrativo y gerencial que invoque procedimientos políticos y ciertas regulaciones jurídicas. Precisamente, ello marca una diferencia notable en comparación con las instancias gubernamentales.
Diferencia entre populismo y gobierno legítimo
La diferencia está en el objeto y en el fin. Entre el populismo y cualquier instancia que, en el ámbito gubernamental, pretenda construir política hay una distancia caracterizada por la manera cómo construir política.
En el populismo, la política se hace de manera desinhibida. El populista, es atrevido toda vez que no tiene mesura para desafiar los problemas que vive la sociedad o el mundo político, ante la realidad histórica. La brusquedad del populista, tiende a llevarlo a confusiones que lejos de otros propósitos, lo conduce a enrarecer cuanto escenario de análisis pueda estar refiriendo.
Es entonces cuando el populismo luce atraído por excesos peligrosos que inducen sus planteamientos a cuestionar los moldes claros de una comunidad que actúe con la racionalidad que cada problema demanda. Es ahí cuando el populismo, es arrastrado por vagas evocaciones políticas, propias de tiempos superados. Hace uso de una narrativa tan estrafalaria, que su discurso es ciertamente desenfrenado en la promesa de una vaga utopía política y en el crecimiento continuo y monstruoso de las realidades donde suscribe sus aventuras.
A modo de conclusión
No puede negarse que, en el alegato populista hay muchas verdades. Aun cuando de ellas, hay que rescatar el montón de exageraciones, falsificaciones y mitos que engrosan sus arengas. Por consiguiente, no sería extraño encontrar alguna realidad política en la que la incidencia del populismo provoque una ruptura político-institucional. O alguna transformación que honre el esfuerzo político realizado.
Se dice que el don de forjar utopía, es atributo de la inteligencia. No obstante, hay quienes afirman que también puede provenir del “populismo” mientras se empeña en “hacer política” (mientras argumenta utopías). Inclusive, otros hablan de populismo como la retórica que encanta, por aquello de la ilusión (efímera) que su discurso exalta. Aunque sus resultados son asociados a la destrucción que casi siempre, causa. Pareciera no haber dudas de que el precio del populismo es alto. Sobre todo, cuando sus propuestas por simples que sean, agravan problemas de toda índole y por todos lados.
La historia política ha dejado ver que el “populismo” es una mezcla azarosa de ideologías sin estructura. O deformadas por causa de las confusiones que sus líneas contemplan. Sin embargo, sus yerros han sido engendrados por meras suposiciones montadas sobre repetidas improvisaciones aupadas por politiqueros de oficio.
Las respuestas que en su devenir ha provocado, no se compaginan con conflictos que otros sistemas políticos han generado. Entonces, luego de este análisis de contexto, ¿podría decirse? populismo: ¿seducción popular?










