Angela Duckworth: Las personas exitosas tienen un hábito en común

Angela Duckworth: Las personas exitosas tienen un hábito en común

 

Duckworth es la autora del libro de próxima publicación Situated: Find the People and Places That Bring Out Your Best.
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Una vez quedé varada con mi madre de 86 años en el océano Atlántico. Estábamos en una excursión de esnórquel cerca de la costa de Miami. Súbitamente, fuimos arrastradas detrás de nuestro bote y mi madre fue superada por la corriente. En su pánico, había inhalado agua en ambos pulmones y perdió el conocimiento. Yo intenté tirar de ella para ponerla a salvo, me sacudí y pataleé con todas mis fuerzas, pero el océano se tragó por completo mis esfuerzos. Los pulmones me ardían y sentía las piernas pesadas, así que cambié de táctica. Usé una mano para mantener su cabeza fuera del agua y agité la otra frenéticamente en el aire mientras pedía ayuda a gritos.

Al final, lo que salvó la vida de mi madre ese día, y la mía también, no fue luchar contra la corriente por mi cuenta. Fue pedir ayuda. Los rescatistas que acudieron en nuestro auxilio sabían más que yo sobre cómo manejar este tipo de emergencia. Juntos, subieron a mi mamá a la cubierta del bote, luego a tierra firme y, finalmente, a las manos de un personal médico experto que pudo atenderla adecuadamente.

La mayoría de las personas entiende la importancia de pedir ayuda en una crisis de vida o muerte. Sabemos que debemos hacerle señas al salvavidas durante una corriente de resaca o llamar al 911 si nuestra casa se incendia. Pero en nuestras vidas personales y profesionales, a los estadounidenses se les anima a buscar el individualismo duro por encima de la interdependencia. “La ayuda del exterior a menudo debilita en sus efectos. Pero la ayuda del interior invariablemente da vigor”, escribió el periodista Samuel Smiles en su libro de 1859 Autoayuda, que llegó a un público más amplio en Estados Unidos que en su Reino Unido natal y originó todo un género literario con el mismo nombre. Abundan las historias heroicas de estadounidenses que construyeron su propio éxito, como Thomas Edison, quien probó miles de filamentos en su afán por inventar la bombilla, o Steve Jobs, un hombre solitario que transformó la tecnología.

Podrías pensar que me encanta la imagen de la persona que se esfuerza en solitario y triunfa sobre cada desafío. Después de todo, soy una psicóloga que escribió un libro titulado Grit: el poder de la pasión y la perseverancia sobre la necesidad de esos sentimientos para alcanzar metas a largo plazo. La verdad es que la odio. Sin excepción, todas las personas de alto rendimiento que he estudiado atribuyen su éxito a una gran cantidad de personas que las apoyaron. Las investigaciones han descubierto que la disposición a pedir ayuda es crucial para los logros.

Analicemos el caso de Nicolai Tangen, el director ejecutivo del fondo soberano más grande del mundo. Lo entrevisté hace poco mientras él le daba los últimos toques a un libro que había estado escribiendo sobre liderazgo. Después de elogiar cualidades personales como la energía y la determinación, el libro de Tangen derrama más tinta de la que te puedes imaginar sobre su asistente, Grete Starheim. Confía en ella para que hable en su nombre y le cree cuando ella le dice que está equivocado. “¿Por qué personas tan importantes deberían terminar en las sombras?”, preguntó Tangen. “¿Es vergonzoso admitir que necesitas ayuda?”.

O pensemos en Conan O’Brien, quien le dijo a una generación de graduados de Harvard que siempre se recuerda a sí mismo que no ha hecho nada solo. “Si pudiera invitar a todas las personas, vivas o muertas, que han contribuido a que yo sea el orador de su graduación hoy, todo Cambridge y la mitad de Allston estarían apretujados hombro a hombro”, dijo.

Tangen y O’Brien no solo están siendo modestos. Los estudios muestran que saber cuándo pedir ayuda es una habilidad esencial para el aprendizaje y el rendimiento de los niños. Los estudiantes universitarios que buscan la ayuda de otros de manera proactiva por lo general superan a quienes evitan hacerlo. En la edad adulta, buscar apoyo es una estrategia efectiva para regular nuestras emociones, y tener una red de apoyo es un indicador confiable de la salud mental en general.

Las investigaciones también muestran que los emprendedores tienen más éxito cuando se unen para aprender unos de otros. Es por eso que una firma de capital de riesgo, Y Combinator, prefiere financiar a cofundadores en lugar de a fundadores en solitario. También conecta a los fundadores en lo que llama lotes, con horarios de oficina grupales, cenas grupales y una plataforma de mensajería interna para compartir conocimientos. “Incluso si pudieras hacer todo el trabajo tú solo, necesitas colegas con quienes intercambiar ideas, que te disuadan de tomar decisiones estúpidas y que te animen cuando las cosas salen mal”, escribióuna vez Paul Graham, uno de los fundadores de Y Combinator.

Desde una edad temprana, sufrimos de lo que los psicólogos cognitivos llaman la ilusión de autosuficiencia, que pasa por alto cuánto les debemos nuestras habilidades a otras personas. En un experimento, a dos grupos de niños se les dio una máquina que nunca habían visto. En el primero, ninguno logró descubrir por sí mismo cómo funcionaba. En el segundo, la gran mayoría tuvo éxito después de ver a alguien más usar la máquina y recibir pistas en el proceso. Aun así, después del experimento, el 70 por ciento del segundo grupo afirmó que habría aprendido a usar la máquina sin ayuda.

Ser una persona exitosa y con iniciativa no significa salir adelante sin la ayuda de nadie. Significa levantar la mano y pedirle a un maestro que explique, una vez más, un concepto que todavía no entiendes. Es llamar a un exjefe para pedirle un consejo. Es anunciarle a tu equipo que estás atascado en un problema importante y que necesitas su cerebro colectivo para resolverlo. No se trata solo de sacar estoicamente lo mejor de una mala situación, sino de hacer proactivamente que tu situación cuente con más apoyo. No asumas que eres una carga cuando te comunicas para pedir ayuda. Las investigaciones muestran que subestimamos constantemente cuán felices hace a los demás echar una mano.

“Hazlo tú mismo” no es una forma de vivir. Que te lo diga mi madre, quien, cinco años después de que un grito de auxilio le salvara la vida, celebró hace poco su cumpleaños número 91.

 

Por Angela Duckworth

 

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