Alexander CamberoLos apagones como mecanismo de control

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Alexander CamberoLos apagones como mecanismo de control

Los apagones como mecanismo de control Una Venezuela a oscuras es lo que han ideado como dispositivo para lograr el sometimiento psicológico del ciudadano. El problema eléctrico no es solamente la desinversión en el sector, así como la falta de mantenimiento de manera coordinada y efectiva. Acá existe algo de mayor perversidad que une a […]

Los apagones como mecanismo de control

Una Venezuela a oscuras es lo que han ideado como dispositivo para lograr el sometimiento psicológico del ciudadano. El problema eléctrico no es solamente la desinversión en el sector, así como la falta de mantenimiento de manera coordinada y efectiva. Acá existe algo de mayor perversidad que une a cada área de este importante elemento para el desarrollo nacional.

Lo que adelantan es un mecanismo de control social para sembrar la desesperanza en la población. Una aviesa forma de ir minando las fuerzas hasta hacernos caer en el desespero. Un pueblo martirizado solo pensará en la restitución de la electricidad hasta que esta vuelva a ausentarse de manera abrupta.

Su vida cotidiana es un péndulo en el que sus emociones son puestas a prueba por la situación. Las consecuencias configuran un cuadro de desajuste emocional que atenta directamente contra el núcleo familiar. Todo está sujeto a las horas que tenemos para hacer las cosas de manera atropellada.

La calidad de vida tropieza con una realidad que nos vuelve irascibles. Se comienzan a experimentar expresiones de angustia, pesadumbre y desasosiego, lo cual configura una realidad altamente peligrosa.

¿Quién gana con todo esto?

Por supuesto, el régimen, porque logra distraernos hasta inmovilizarnos de manera clara. Consigue que el foco no esté en ellos, sino en tocar el interruptor.

El meollo del problema esta en la incapacidad gubernamental, que busca transferir sus consecuencias a quienes la vulnerabilidad mental ha convertido en piezas dóciles de su muy buen plan planificado esquema

Observen cómo detalles que parecen nimios establecen un cuadro que puede transformarse en una peligrosísima bomba de tiempo. Cuando un niño no duerme bien, lógicamente no rendirá en sus estudios. Los pocos alimentos que sostienen la columna vertebral del consumo en los hogares más vulnerables corren el riesgo de descomponerse.

A esto se suma otro elemento vital para completar la desgracia: cuando falla la electricidad, también falla el suministro de agua. Sin estos dos componentes de la vida cotidiana, la existencia se convierte en un verdadero calvario. Al carecer de ellos, surge el gran desbarajuste.

El resultado es un proceso acelerado de desequilibrio emocional. El condicionamiento psicológico nos hace depender de una premisa que no está en nuestras manos. Lo que sí responde a los impulsos propios es la inestabilidad que genera la incertidumbre de no saber cuándo se irá la electricidad.

Otro punto que maneja este proceso fraudulento es lo concerniente a la violencia: el régimen anhela que las legítimas protestas cívicas caigan en el vandalismo.

¿Qué buscan con esto?

Lograr acusarnos de desestabilizadores ante las instancias norteamericanas. El propósito es manchar el regreso de María Corina Machado, incriminándola de promover el caos y buscando vender una narrativa que conecte los hechos de 2002 con las contundentes protestas de 2015 y 2017.

Hacen que la verdad de aquellos hechos sea ensombrecida por su relato bien concebido. La idea es promoverse como garantes de la paz y de los acuerdos con la administración de Donald Trump, mientras presentan a la oposición como símbolo de la desazón y del conflicto que, según esa narrativa, atentaría contra los intereses norteamericanos en Venezuela.

Es un plan bien estructurado, y más cuando su sumisión absoluta hace que su estrategia pueda tener músculo argumentativo, aunque sea falseando la verdad, como en este caso. Con ello armarán una estrategia para presentársela a Washington.

La llegada de la líder de la nación buscarán sabotearla con muchas más horas sin fluido eléctrico. No quieren que su entrada triunfal sea magnificada por millones de dispositivos tecnológicos que reproduzcan el mensaje.

Como el miedo es libre, tratarán de amaestrarlo con mayores dosis de sometimiento, deseando que pisemos el peine de caer en la anarquía.

Otro asunto que promueven es limitar el uso de las redes sociales. Con los teléfonos inteligentes fuera de circulación por la caída de internet, impiden que los ciudadanos tengan información al instante. Sabemos que la noticia pierde vigor con el transcurso de las horas. Al desarticular su importancia, neutralizan cualquier reacción inmediata de la población.

La intención es hacer que los reiterados y fastidiosos cortes eléctricos enciendan la luz de sus aberraciones.

 

Alexander Cambero 

X: @alecambero

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