La instauración de un régimen tiránico en Venezuela se transformó en su peor pesadilla. Una nación con gran potencialidad reducida a naufragar entre el portentoso oleaje de la más espantosa de las miserias. Un grupo depredador con amplios deseos de venganza acabó con las instituciones democráticas para exhibirlas como cadáveres al aire libre. En su defecto, creó un amplio aparato policial que persigue a la disidencia hasta verla convertida en huéspedes de cárceles sin derechos humanos en donde la vida es una moneda al aire. Un sistema atroz, eficazmente criminal, que se alimenta del daño masivo a los ciudadanos. Asimismo, hizo de la corrupción administrativa uno de sus principales motivos para sostenerse en el poder. Son innumerables los tentáculos que sostienen al proceso amamantado por el mayor asalto a los dineros públicos que recuerde la historia venezolana. La manifiesta obscenidad que muestran sus principales dirigentes nadando en gigantescas fortunas mientras el pueblo rebusca en la basura es un hecho característico de esta funesta experiencia de gobierno. Hoy Venezuela es una nación quebrada. Herida hasta lo más profundo de su ser por la acción de un proceso empeñado en destruirnos.
Estamos en un atolladero histórico. Cercenados en nuestros derechos, secuestrados por la crueldad de unos carceleros con las llaves de la vendetta en la cintura. Detrás de los barrotes están los demócratas juzgados injustamente por creer en la libertad como el mayor de los beneplácitos que debe sostener a una sociedad con justicia social. Es el país al cual le apagaron las luces para que reine la oscuridad infinita. La bestialidad con la que actúan no tiene ningún tipo de límites. Para quien disiente no existe constitución que pueda amparar sus derechos. Sus extremidades legales fueron amputadas. El debido proceso no existe en este inframundo de abusos y castigos.
Venezuela tiene arrestos para salir de la pesadilla. Una sociedad que ha resistido los embates de la infamia no se rinde. Por el contrario, avanza con la firme intención de rescatar su democracia. Esa lucha se libra en cada rincón; diríamos que en cada corazón se aloja la libertad secuestrada.
Es hora de que regresemos al mundo libre donde siempre hemos pertenecido. Las democracias universales esperan nuestro retorno al seno emancipador de las sociedades firmemente arraigadas en los derechos internacionales. Aquellas que son el antídoto frente a las tiranías de la peor especie.
Alexander Cambero
@alecambero








