Alexander Cambero: Entre el petróleo y la libertad  

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Alexander Cambero: Entre el petróleo y la libertad  

Las aguas políticas estaban agitadas. Una llamada telefónica hizo que el secretario de Estado norteamericano de la época, John Foster Dulles, saliera urgente para una reunión clave con el presidente Dwight David Eisenhower. El avance del poder soviético era una amenaza para el mundo libre. La guerra de Corea significaba un escenario de medición de las dos fuerzas ideológicas. Con gran determinación salió de su casa para ir al encuentro con el Consejo de Guerra. Allí tomó la palabra y, golpeando la mesa de manera concluyente y con su mirada de hielo elevada a la enésima potencia de un iceberg, les espetó: «Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses». La reunión terminó abruptamente, ya que tenía que volar hasta la base de Pensacola en el estado de Florida para despedir a un grupo de militares que partían para Camps Humphreys en Asia Oriental.

Estados Unidos es extremadamente pragmático a la hora de definir sus intereses. Nunca antepondrá algo por encima de su conveniencia. Es la psicología del vencedor. Quien se impuso en la guerra asimétrica por el liderazgo universal pone las condiciones de juego en el tablero de la geopolítica mundial. Creer otra cosa es caer en la candidez romántica de la izquierda trasnochada y derrotada. La captura de Nicolás Maduro y su consorte haciendo añicos su sistema de seguridad fue una demostración del gran poderío militar que los caracteriza. En apenas minutos ridiculizó a todo el aparato de protección presidencial dejándolos despedazados. Se impuso la lógica para ubicar a cada quien en su lugar. La supremacía no tiene inconvenientes cuando la realidad supera a la ficción. La desigualdad de fuerzas operativas se puso de manifiesto en pocos instantes.

Dejándonos de avideces filosóficas en el terreno de la política real y sin cortapisas. Esta acción no respondió a devolverle la libertad al país y la defensa constitucional de los derechos de nuestros presos de conciencia. El mayor motivo es el océano negro que brota de nuestras entrañas. El negocio petrolero mueve al mundo y quien lo tiene goza de grandes probabilidades de hacer crecer su economía doméstica. Eso tenemos que comprenderlo para poder actuar con inteligencia. Estados Unidos, con la fortaleza de poseer un poderío militar indiscutible, tiene como acreencia fundamental, igualmente, ser el baluarte financiero que impone las normas internacionales. Bajo estos parámetros llega Venezuela hasta el dossier secreto de Washington.

Fuera del escenario, Nicolás Maduro apareció Delcy Rodríguez con la misión de exterminar su propia especie. Tragándose serpientes, sapos y escorpiones, han tenido que recibir las órdenes del imperio sin chistar. La narrativa ahora es tratar de complacer a Estados Unidos a través de una política de rendición absoluta. Su intención es cruzar el desierto quedándose en el poder. Que Donald Trump pueda sentirse satisfecho y conciba que, al estar ellos cumpliéndoles, no es tan prioritario el cambio político. Es fundamental hacerles entender que quienes están al frente del gobierno son parte de la misma corporación mafiosa que ha destruido a la nación. Esos que quieren pasar por los más demócratas y cooperantes posibles son en realidad la peor gangrena conocida por los venezolanos. Su responsabilidad en crímenes de lesa humanidad es ampliamente conocida y padecida por miles de sus víctimas, muchas de las cuales no pueden manifestarlo por miedo o porque yacen en tumbas identificadas o anónimas. Ellos tienen la responsabilidad histórica de haber destruido a la nación en todos sus órdenes. Como podemos inferir, no son personas honestas para sostener un compromiso de viabilidad democrática.

El deseo de los venezolanos es que podamos librarnos de este oprobioso régimen. No podemos olvidar que quienes están en el gobierno lo hacen desde la ilegitimidad que significó el robo descarado de unas elecciones que en muy buena lid ganó Edmundo González Urrutia. Esto quiere decir que Estados Unidos negocia con unos asaltantes de la voluntad popular. Es comprensible debido a que son los autores del secuestro y, por supuesto, tienen necesariamente que ponerse de acuerdo, solo que son piezas con el veneno del comunismo en sus venas y que jamás dejarán de ser trogloditas.

El liderazgo de María Corina Machado es la voz de todos aquellos que ambicionamos el cambio político. Vivimos períodos estelares que no dejan de tener el riesgo que se traduce en el tiempo que anhelan para buscar oxígeno. Hemos visto tantos capítulos que terminaron obsequiándoles el beneplácito de proseguir que alertar con firmeza es la mayor expresión de rebeldía venezolana. Que el interés petrolero no sea más importante que la libertad de un pueblo oprimido. Hacer prevalecer la vida humana por encima del negocio generador de riqueza es la mejor decisión en el camino de transición hacia la democracia

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Alexander Cambero

 @alecambero                                                         

 

 

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