La noche del 29 de julio de 1967, un violento terremoto de magnitud estimada entre 6,5 y 6,7 en la escala de Richter sacudió la capital venezolana y las costas del litoral central, marcando un antes y un después en la historia urbana y sísmica del país.
El movimiento telúrico, cuyo epicentro se localizó en el mar Caribe frente a las costas de Macuto, se prolongó por aproximadamente 45 segundos. La violencia del sismo provocó el colapso total de varios edificios de gran altura en zonas de la capital como Altamira y Los Palos Grandes.
Impacto e hito en la investigación sísmica
La tragedia arrojó un saldo oficial de más de 230 personas fallecidas, miles de heridos y cuantiosas pérdidas materiales en la infraestructura de la zona metropolitana de Caracas y el estado Vargas (hoy La Guaira).
A raíz de este desastre, el Estado venezolano impulsó transformaciones fundamentales en materia de prevención y gestión de riesgos:
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Creación de Funvisis: Promovió la fundación de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas para el monitoreo y estudio del riesgo telúrico en el país.
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Normativa técnica: Marcó el inicio de la actualización e implementación de rigurosas normas de construcción sismorresistente para edificaciones públicas y privadas en todo el territorio nacional.








