Sin unidad no hay paraíso…
diciembre 12, 2017 10:44 am

 

Al escribir estas líneas voy de París a Estrasburgo donde acompañaré a la oposición venezolana a recibir el premio Sájarov.  Un reconocimiento en honor al científico y disidente soviético Andréi Sájarov, establecido por el Parlamento Europeo (1988), para homenajear personas u organizaciones que han dedicado sus vidas a la defensa de los DDHH y las libertades… Entrando la fría madrugada de la petit france, leo los resultados de las elecciones de alcaldes en Venezuela. 98% a favor de PSUV-y 70 % de abstención… Es insólito que teniendo el gobierno más tratante y que haya existido, aun la gente opte por quedarse en casa por decir si mi voto “no elige” que se queden. Un absorto de nihilismo inmolador.

 

 

En el pasado el Sájarov lo ganaron Nelson Mándela, las madres de la Plaza de Mayo, las Damas de Blanco, Reporteros sin Fronteras, activistas de la primavera árabe; Taslima Nasrin, Oswaldo Payá  y Malala Yousafzai, entre otros. En 2017 la oposición democrática venezolana representada por la AN y los presos políticos en Leopoldo López, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos, Yon Goicoechea, Lorent Saleh, Alfredo Ramos y Andrea González, se alzaron con el galardón… Virtudes  gallardas que nos hacen merecedores de importantes reconocimientos pero que opacamos con terquedades contestatarias que nos dejan atrapados en una doble tragedia: Un gobierno paria y una disidencia rota (en el peor momento).

 

 

Mientras algunos recorremos miles de kilómetros en búsqueda de la restauración republicana; justicia, democracia, paz, libertad, prosperidad, otros sórdidamente desde otras latitudes o sobre la misma tierra, elevan el abstencionismo a una categoría  de triunfo. Un camino oscuro, peligroso e incierto, como quien entra en un túnel sabiendo que al salir encontrará la nada, las barras, la anomia, las carlancas, la muerte. Eso es lo que ofrece el comunismo, y eso es lo que atornilla el abstencionismo necio y contumaz. Ausencia de tacto político que pagaremos con hambre, opresión y desarraigo de los hijos de la patria. Lo que más subleva del ese llamado tartufo, es que sus promotores reposan cómodamente entre cotufas, videos y cranberrys. Lean la historia del cubano Agapito Rivera. Fusil y resistencia, sin una sílaba de queja… Échenle pierna así. Pero sin Iphone ni micrófonos.

 

 

Pero no pasa nada. Nos invade otro reto: obrar por la unidad y contener el divisionismo insensato. La última encuesta de Venebarómetro enciende alarmas. Sumado a los resultados del domingo-donde lo que preocupa no es el ocupacionismo rojo sino la forma como coronaron (fraude abstencionista), no es poca cosa que ante unas presidenciales, la brecha entre oposición y gobierno sea sólo 8pts. Maduro aparece con una intención de voto superior a cada candidato de oposición (considerados individualmente), siendo la abstención el principal factor de distorsión y preferencia política. Mientras la pobreza crítica toca el 85% -profesionales incluidos que ganan menos de 4$ al mes o no ganan nada- la propaganda morrocoy y una perversa ansiedad por sobrevivir, potencian al gobierno. El 80% rechaza al Maduro y pide cambio. Pero el mismo porcentaje engrillado de miseria, “olvida” su rabia e indignación, por un paquete importado de harina y pasta. Nada nuevo en el guión. Desde tiempos bíblicos quien “reproducía panes y peces”, se convertía en el “hijo de Dios”. Mientras la oposición pierde un tiempo invaluable en disputas de botiquín, el gobierno avanza con sus chantajes de la patria (perdón carnets) y su minotauro (ANC) entre petros y cacerías de brujas en Pdvsa. Eso aplaude la abstención: un delicado boquete en la disidencia que habilita la estrategia cubana de darles a todos por el saco, lanzándolos a los zarzos a “echar machete”.

 

 

La oposición fracturada por causas fútiles no tolerables a estas alturas del partido -votar o no votar- debe reconciliarse. El gobierno -que no pensaba llamar presidenciales- podría anticiparlas y ganarlas. Para complicar más el escenario, un outsider podría tener opción de triunfo.  Así con una oposición dividida y desmantelada, se facultaría una victoria del gobierno. Frente a este despropósito, seguir con el dardo anti-electoral, abstencionista y callejero (sin organización, ni convocatoria) es suicida. Un liderazgo noble, hoy premiado en Estrasburgo por su valentía, consciencia libertaria y vocación de sacrificio, no puede negar el ABC de la política, del líder republicano: unidad, humildad y consenso. Debemos construir un pacto en el exilio. El pacto de Estrasburgo. Entre fronteras de guerras épicas, germanas, románicas y galas, debe anteponerse el derecho del pueblo a alimentarse y de los presos políticos a ser libres. Debe procurarse un diálogo entre demócratas y propiciarse un nuevo pacto de unidad. Ojalá los gestos de Mandela, Malala, o Payá , sirvan de ejemplo de desprendimiento.  Estamos cerca del gran evento que decretaría el fin de 18 años de desgracia. Además tutelado por una histórica intervención internacional humanitaria ya en marcha por EEUU. Sepámoslo apreciar (y aprovechar).

 

 

A eso vine a Estrasburgo. A construir  unidad y consensos. El Sájarov comporta ese mandato. Porque que quede claro: ¡sin unidad no hay paraíso!

 

Orlando Viera Blanco

@ovierablanco



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