Morimos, aunque aparentemos que aún vivimos
marzo 24, 2017 4:22 am

Mañana es la disculpa falaz de las voluntades moribundas.

José Ingenieros

 

 

 

El representante profesoral ante el Consejo Universitario de la UCV es el profesor titular Rómulo Orta, y de él puede decirse que es una consciencia viva que reclama y a menudo, haciéndolo, irrita a distintos actores de esa comunidad con un discurso sostenido que se reclama del deber ser universitario y convencido de que de esa manera él sirve no solo a la universidad sino al país. A veces comparto su criterio, pero en ocasiones no es así, lo cual no es óbice para tenerlo como amigo y aceptar su apasionado desempeño.

 

 

El profesor Orta repite con vehemencia que la UCV vive un pandemónium como resultado del desvío de los procedimientos académicos y administrativos que inciden en la calidad de la prestación de la corporación, trayendo como consecuencia, a fin de cuentas, un desmejoramiento del producto que, sabemos, es el profesional universitario. Unos números recién presentados por el vicerrector Bianco, sin embargo, muestra una mejoría de acuerdo con las evaluaciones de los estudiantes en los últimos tiempos y, sin ánimo de discutirlo, cabe admitir que nuestra universidad, más longeva por cierto que la república, vive un periodo de indudable decadencia y ello irradia, prácticamente, a todas las áreas susceptibles de cotejo y examen.

 

 

 

Soy profesor desde hace décadas y en el escalafón no abundamos ni los titulares ni los asociados. La gran mayoría de los docentes se encuentran en los escalones básicos y ese hecho, por sí solo, muestra una grave falencia que afecta en lo estratégico a la UCV. Descuidar los programas de formación y mejoramiento perjudica y compromete la calidad del establecimiento. Por otra parte, lo emblemático y referente se marchita sin que reaccionemos adecuadamente. El Hospital Clínico Universitario ya no parece seguir siendo un centro universitario de investigación y ejercicio útil para la docencia y lo vemos hundido en las carencias, paralizado a menudo por los colectivos que se disputan su control y desprovisto de los naturales e indispensables proyectos de actualización.

 

 

 

La demagogia populista chavista, ignara y oclocrática, ha hecho de la UCV su blanco para experimentar un proceso de mediatización del conocimiento impartido en el nivel universitario, y lo hace siguiendo el mismo plan que advertimos se ensaya en la primaria y secundaria; ideologizando de un lado y asfixiando del otro. El espectro educativo nacional ha visto con angustia cómo se aparta a Venezuela de las líneas de progreso y competividad en la que andan intensos y disciplinados los países que se superan en el orbe. Asia en primer término, Norteamérica y Europa luego y algunos países del continente amagan que se interesan en eso. Chile, Costa Rica, Colombia por citar unos y retóricos Brasil, México, Argentina, lo que nos coloca atrás, muy atrás en la carrera por el avance tecnológico y científico. Para tener una idea de lo que escribo, basta sopesar que un país como Israel, que a diario se juega la vida, tiene un registro de patentes en el último año que bordea el 10 % del total universal, y América Latina alcanza escasamente el 1% de ese mismo registro. Venezuela en los años de gobierno del chavismo grita que aumentó la matrícula y bien sabemos que no puede afirmarse eso sin cifras y estudios serios para comprobarse. Como tampoco podemos creerles que descendió la pobreza cuando nos persigue la descomposición y la miseria de nuestros semejantes como nunca antes vimos. Para justificarse desaceleran o simplemente obvian la instrucción en asignaturas fundamentales como física, química, matemáticas e inglés.

 

 

 

Volviendo a la UCV y a las universidades nacionales, padecemos de un cerco económico suicida. Un profesor no percibe sino unas decenas de dólares al mes y cada día se desmejora su seguridad social, al extremo de que se marchan al exterior docenas de ellos y no se hacen concursos de oposición por no haber los recursos ni despertar en los nuevos cuadros interés alguno en hacer carrera universitaria. Ello sin olvidar que la antisociedad de todo género pulula, el hampa se exhibe impúdica y el cuerpo de vigilancia dirigido por chavistas lo único que ofrece es una paladina incapacidad para cumplir su papel.

 

 

 

Los estudiantes no disfrutan de un comedor regular, las becas son un insulto, no hay renovación de textos en las bibliotecas, ni de revistas al menos, no hay papel en la Secretaría de la UCV para imprimir un oficio y el TSJ, conocido ariete de la mediocridad y el ideologismo, impide que se hagan elecciones para renovar autoridades.

 

 

 

La UCV corajuda intenta sobrevivir, pero las sombras del totalitarismo la agreden inmisericordes. El país no entiende o no asume el drama y, entretanto, la resignación como la nada en el libro de Michael Ende, Una historia sin fin, avanza ineluctable. En conclusión, digamos que a veces morimos, aunque aparentemos que aun vivimos.

 

 

 Nelson Chitty La Roche

nchittylaroche@hotmail.com