Los eufemismos de la dictadura
agosto 19, 2017 11:40 am

Como si se tratara de una obra de George Orwell en la que el significado de las palabras expresa en la práctica el sentido totalmente opuesto, la dictadura venezolana, con cada vez matices de distopía totalitaria, asume el uso del lenguaje como arma de manipulación, construyendo una realidad paralela que lejos de ceñirse exclusivamente a lo propagandístico, escala al punto de lo fantástico e irracional.

 

 

 

 

Usted los ve hablando de paz con militares armados que los rodean, los escucha gritar libertad cuando oprimen al que disiente, los ve exigir independencia al tiempo que se arrodillan al régimen cubano, los ve pedir justicia cuando sus jueces se la roban al pueblo. Nada de lo que dicen va en el mismo sentido de sus acciones, al punto de que a veces uno se pregunta qué concepción tienen de nosotros, por quiénes nos toman, porque hasta para engañar a un estúpido se necesita talento y sus mentiras son siempre tan burdas que ni ellos mismos se las creen.

 

 

 

 

Lo de esta semana fue otro capítulo del libro de mil páginas del cinismo rojo, en su afán por arrasar con todo lo que queda en pie. La fraudulenta asamblea constituyente despojó de hecho, porque antes ya había pasado de facto, al Parlamento venezolano de sus funciones constitucionales. Mientras leían el acta de defunción de la única institución en Venezuela con legitimidad, electa por 14 millones de electores, se preocupaban en expresar: “No los estamos disolviendo, les estamos quitando las competencias”, es decir, no te maté, te quité la vida.

 

 

 

 

En la práctica se trata del calco de las famosas sentencias del Tribunal Supremo que fueron “corregidas” tras la denuncia de la fiscal general, Luisa Ortega, y que ahora desempolvan sin vergüenza y sin descaro en su operación de destrucción definitiva de la República. En la práctica usted se pregunta: ¿A mí cómo eso me afecta? Sencillo, el país en el que vivimos quedará cada vez más aislado, secuestrado por una pequeña mafia que no ha tomado ni tomará una sola decisión de las que prometió para “mejorar la economía”, y que lo que ha hecho es solo seguir persiguiendo y acabando con todo.

 

 

 

 

El costo de arrebatar es algo que, sin embargo, no se irán sin pagar y que en todo escenario debemos conducirlos a asumir. Dejarlos avanzar sin resistir supone para ellos la salida menos costosa, no queda otra que seguir mostrándole al mundo su carácter contrario a toda ley, toda regla, toda lógica.

 

 

 

 

 

 

Brian Fincheltub



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