La mayor de todas las fuerzas
julio 7, 2014 8:03 am

Quiero seguir creyendo que el amor es la gran fuerza que mueve al mundo

 

Mi mamá murió hace diez días. Estuvo casi nueve años enferma. El diagnóstico, demencia de Cuerpos de Lewy. La realidad, una mamá que se fue yendo por poquito día a día. Lo primero que perdió fue su memoria. Luego su discreción. También perdió su belleza, su elegancia y su porte. Perdió el habla y la movilidad. Lo que nunca perdió fue la dulzura de su mirada al vernos. Los últimos cuatro años los pasó en cama. Era como una bebé recién nacida. Había que hacerle todo.

 

Quienes han pasado por esto saben lo que digo. Es duro cuidar a alguien en ese estado y más duro es encontrar a un cuidador de confianza. Nosotros tuvimos la suerte los dos últimos años de contar con Inés De Armas, una enfermera profesional e insigne.

 

Pero el tema de este artículo no es la enfermedad de mi madre. El tema es mi hermano Ricardo. Ricardo vivió en Boston y Nueva York durante 32 años. Egresado como Ingeniero Electricista de MIT y con una maestría en Business de la Sloan School of Management de la misma universidad, trabajó para todas las grandes consultoras e hizo una carrera brillante y reconocida. Hace cuatro años, tomó la decisión de venirse permanentemente a Venezuela para ayudarme en el cuidado de nuestra mamá porque ya yo no podía sola. Cambiar estabilidad, casa, entorno, comodidades para volver a un país que se está cayendo a pedazos no es decisión fácil, pero Ricardo no dudó en tomarla.

 

Nunca he visto un hijo tan dedicado y tan bueno, tan paciente y tan generoso. Mi mamá nos llenó de amor y Ricardo se encargó de devolverle ese amor con creces. «Llegó tu favorito», le decía yo siempre que él entraba a su cuarto. Él respondía que mi mamá no tenía favoritos, pero sí lo tuvo, porque él se lo ganó a punta de amor. En momentos en que se vive tanto cinismo, cuando hay tanto egoísmo a flor de piel, cuando la rabia se ha apoderado de muchos, para mí resulta reconfortante el ejemplo de mi hermano, su desprendimiento, su lealtad, su bondad, su cariño.

 

Alguien que es buen hijo es buena pareja, buen padre, buen amigo, buen ciudadano, buen todo. Porque la bondad no es más que amor. Mi hermano, con su hermoso proceder, me ha llenado de razones para tener esperanzas. Quiero seguir creyendo que el amor es la gran fuerza que mueve al mundo.

 

Ricardo, te quiero mucho. Qué honor tenerte como hermano.

 

Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb