El Gabo en Wuayuunaiki
abril 21, 2014 8:21 am

Estábamos hechos a la idea de que Gabriel García Márquez, más que inmortal era inmorible. Quizás influidos por la actualidad de su obra, siempre lo sentimos muy cercano. Ahora lo consideramos inmortal. Grande entre los grandes. Nadie discutió nunca su calidad de escritor. Como periodista, articulista, cronista, ensayista y novelista dejó testimonio de una sólida personalidad que lo refleja de cuerpo entero. “Cien años de soledad” fue su mayor éxito. Nadie lo duda, pero el premio Nobel obtenido en la primera mitad de los años 80, abarca integralmente todo su legado. Jamás se involucró en debates subalternos o intrigas políticas.

 

Sin llegar a ser amigo personal, tuve la fortuna de conocerlo y compartir importantes jornadas en varios países, incluidos por supuesto, Colombia, Venezuela y Cuba. A pesar de su íntima relación con Fidel Castro, también la tuvo con líderes democráticos del mundo entero. Recuerdo uno de nuestros encuentros en Valledupar, Departamento del Cesar, Colombia. Allí, de acuerdo a mi memoria de gobernador del Zulia, en un festival del vallenato, gracias a la gestión del expresidente López Miquelsen, conversaron el Gabo y Nemesio Montiel Fernández –presidente de la Comunidad Intercultural ALITASIA- sobre la posibilidad de hacer una traducción de “Cien años de Soledad” al guajiro.

 

Aceptada la idea se empezó a trabajar. Se concretó en Uribia, capital indígena de Colombia. Al maestro Félix Carrillo Hinojosa se le debe haber coordinado mediante una amplia comisión binacional, las tareas correspondientes. Será realidad para el 12 de octubre del presente año. Gabo, en medio de emoción desbordada, se comprometió a presentar la obra pidiendo que el acto se hiciera en “la raya”, Paraguachón, frontera zuliana con Colombia y que se le diera carácter unitario y nacional a la condición guajira. El hijo de Aracataca, nunca olvidó sus raíces. Será otro gran homenaje.

 

oalvarezpaz@gmail.com

Por Oswaldo Alvarez Paz