Despúes de un infarto… ¿Cómo seguir?
febrero 22, 2014 3:52 pm

El riesgo de que una mujer sufra un evento cardiovascular ha aumentado notoriamente en los últimos tiempos. Quienes pasan por esa situación deben hacer cambios en el estilo de vida y seguir un tratamiento farmacológico. Aquí, las claves para prevenir un nuevo episodio.

 

Después de haber tenido un infarto de miocardio es sumamente importante tomar conciencia sobre los cambios en el estilo de vida y seguir un tratamiento farmacológico. Son los pilares para prevenir la aparición de un nuevo infarto.

 

Las mujeres de menos de 50 años presentan un riesgo menor que los hombres de padecer un evento cardiovascular. Sin embargo, con la inserción laboral y el estrés, acompañados del tabaquismo y el sedentarismo, se ha incrementado notoriamente este riesgo.

 

No deja de ser raro que la mujer padezca un infarto y no lo note o su manifestación clínica no sea la clásicamente mencionada de dolor de pecho que se trasmite al brazo izquierdo. A veces puede manifestarse como falta de aire, sudoración excesiva, fatiga sin una causa evidente que la justifique o sentir “cabalgar al corazón en su pecho”.

 

Muchas veces no se interpretan estas manifestaciones como de origen cardíaco. Puede ser que no tengan relación, pero de serlo se demora el diagnóstico y el tratamiento, lo que incrementa el riesgo de tener complicaciones graves o, incluso, sufrir la muerte del paciente.

 

Por lo general, posterior al infarto de miocardio, los pacientes pasan de no tomar medicamentos o incrementar el número habitual a tomar un número no despreciable, lo que genera en ellos preocupación inicial y, en ocasiones, el abandono de los mismos con el paso de los meses, dado que dicen: “ya me siento bien”.

 

Hay medicamentos que por su rol preventivo deben tomarse de por vida, como la aspirina y las estatinas, que previenen la formación de trombos en arterias y disminuyen el colesterol circulante (sobre todo el malo -LDL-) estabilizan la placa de colesterol y enlentecen la progresión de las mismas. Otros, como los betabloqueantes (bajan la frecuencia cardiaca) y los inhibidores de la enzima de conversión o antagonistas de los receptores que actúan sobre el remodelado ventricular, controlan la presión arterial, mejoran la contractilidad miocárdica, entre otras funciones.

 

El estilo de vida depende de las acciones y la voluntad del paciente para llevarlos a cabo. Se recomienda abandonar el tabaco, bajar de peso, seguir una dieta adecuada, reducir el estrés, hacer ejercicios indicados para cada paciente (con incrementos en la actividad aeróbica en forma progresiva a través de la rehabilitación cardiovascular guiada por personal especializado).

 

A modo de conclusión…

 

La enfermedad cardiovascular es una de las principales causa de muerte en el mundo, pero en la mayoría de los casos es prevenible. Tenemos herramientas para disminuir el número de eventos: depende de los médicos concientizar a los pacientes en prevención secundaria, y mejor aún, en prevención primaria.

 

Es importante tomarse los tiempos necesarios para el cuidado en salud y no postergarlos hasta el momento en que las enfermedades cardiovasculares empiezan a manifestarse. Hay que informar a la mujer sobre las posibles manifestaciones y corregir los factores de riesgo, ya que una vez padecido el infarto la evolución y el pronóstico pueden tornarse mas dañinos que los del hombre.

 

 

Fuente: EM